Política sin inteligencia artificial

En un mundo donde la inteligencia artificial se expande a gran velocidad, como muestra la tecnología militar en el actual conflicto bélico en Medio Oriente, y que en su versión más básica permite procesar y actualizar millones de datos en forma permanente, la política local y empresarial en cuanto a comunicación pública, usa solo la inteligencia natural, en donde lo discursivo intenta validarse con datos dispersos, de veracidad incomprobable y eventualmente mal intencionados. En el campo estatal el gobierno debe implementar una base con datos concretos de la organización institucional de los tres poderes del Estado, indicando organigramas internos de la administración central, entes descentralizados y empresas estatales, cantidad de personal en cada uno de ellos, subdivididos en cargos políticos sin estabilidad, personal de planta y contratado, con sus remuneraciones brutas, presupuestos anuales y erogaciones mensuales. De igual modo, el sector privado a través de las Cámaras pertinentes, deben indicar empresas afiliadas y/o relevadas con sus altas y bajas de personal, balances anuales certificados, y eventuales convocatorias. Esta información elemental, veraz y unívoca de acceso público obtenible con un simple click vía Internet, debe replicarse con los presupuestos provinciales y municipales en todo el país. El sistema permite que datos sospechados de falaces o equivocados, sean objetados y clarificados, y los ciudadanos comunes dejarán de tener que elegir entre distintas datos contradictorios y parcializados, donde la verdad compite con la desinformación. Cuando un dirigente, consultor o periodista diga “cerraron tantas pymes”, ello debe verificarse en la base de datos de la Cámara empresarial correspondiente, detallando zonificaciones nacionales, provinciales y municipales, para identificar áreas críticas, y desentrañar posibles causas de crisis.

Hasta que ello no suceda, de la relación datos-discurso cabe centrarse en el discurso, pues a diferencia de la matemática, en la que el orden de los factores no altera el producto ((3×4 o 4×3 da 12), cuando se opina o argumenta en base a datos, deben preceder a lo discursivo. Pero si los datos no son veraces, los números se transforman en meras palabras, fenómeno muy usual en la propaganda. Ello lo observó Lenin, quien inició las bases de la propaganda política moderna, cuando decía que la lucha económica por sí sola no crea conciencia política, sino que debe complementarse con cosas simples y visibles. Por ejemplo, si la cantidad de peluquerías disminuía, no era porque eran demasiado numerosas, sino porque las personas no tienen más que el dinero necesario para sus necesidades vitales (Jean-Marie Domenach – París, 1950). Aplicado a nuestra realidad, el interrogante puede ser si la falta de competitividad de determinadas grandes empresas es producto de importaciones tipo “dumping”, o bien porque ganan más y más fácil, siendo protegidas y subsidiadas.

Para comenzar con la evaluación de mensajes políticos, cabe considerar dos aspectos: 1) en cuanto a los emisores, la tarea se facilita porque prácticamente no rige el principio de Maquiavelo, que reza: “en general, los hombres juzgan más con los ojos que con las manos, porque todos ven lo que pareces ser, más pocos saben lo que eres”.La gran mayoría de nuestros dirigentes, vigentes desde hace décadas, son vastamente conocidos. 2) para detectar omisiones, contradicciones y falacias, cabe tener presente el factor hipocresía, que el diccionario define como “fingimiento de cualidades o sentimientos contrarios a los que verdaderamente se tienen o experimentan”. Este aspecto es clave, porque en temas de corrupción los objetivos no suelen ser morales, sino los de ocultar, amenazar, demorar, igualar o coaccionar. Para potenciarlos, participan en su propagación personajes aptos para todo servicio, como el abogado Dalbón o la diputada y periodista Pagano.

El primer mensaje a considerar es recurrente: “La gente no llega a fin de mes”. Al decir “la gente”, se apela a la regla propagandística llamada de Unanimidad, basada en que la presión de mayorías, psicológicamente condiciona la opinión individual. Contra esta estrategia, cabe preguntarse si el presidente, vice, gobernadores, legisladores, intendentes, concejales, cargos políticos, jueces y diplomáticos de todo el país, “no llegan a fin de mes”. Porque de ellos depende el funcionamiento integral del Estado, y cobran por los impuestos que aportan los ciudadanos, incluidos los que no llegan a fin de mes.

Buenos Aires, 18 de marzo 2026

P.D.: para los que juegan a ser detectives en el campo judicial, tener presente que en el caso “AFA – Mansión en Pilar”, a más de noventa días de iniciada la causa, los “dueños” Pantano y su madre jubilada aún no fueron citados a declarar.