20 caras bonitas 2023

En la década del 60, al pie de página de los avisos clasificados de un popular diario aparecía la publicidad de un cabaret del bajo Retiro, con el eslogan “20 caras bonitas 20”. La virtud del mensaje residía en su brevedad, que detallaba identidad (cabaret), tipo de servicio (cara bonita), y cantidad de empleadas (20). Los diálogos intercambiados con los clientes suelen ser superficiales, cargados de obviedades e inútiles grandilocuencias.  

Trasladado metafóricamente este recuerdo a la actualidad política, se observa la ausencia de identidad (partidos y coaliciones cambiantes), caras que acumulan años y fracasos (dirigencias), y excesiva cantidad de empleados (cargos políticos). El cabaret de los 60 no soportó la decadencia y cerró, mientras que su símil administrativo estatal actual, se mantiene en pie sostenido con impuestos de clientes forzosos (ciudadanos). Pero la semejanza más sorprendente entre las “caras bonitas” de entonces y los políticos actuales es la insustancialidad discursiva carente de acciones virtuosas, en muchos casos acompañada con actos político-teatrales en los que predomina el grotesco altisonante. En un contexto social de atraso extremo y pobreza, en estos espectáculos compiten dos compañías: la Gobernante y la Opositora, ambas con personajes de largo recorrido en las penumbras políticas.   

La Gobernante presenta una obra subsidiada por el Estado hasta diciembre del 2023, cuyos principales intérpretes son los afamados Cristina, Alberto y Sergio. La trama se centra en los permanentes conflictos entre quienes conducen al país y sus respectivos colaboradores, pero acotados al campo verbal, dado que todos los personajes se mantienen impertérritos en sus roles públicos, con eventuales rotaciones en sus papeles. El actor más desopilante, que ejerce el rol de presidente, solo atina a jurar que su único enemigo es Macri, actor de la compañía teatral opositora. La experimentada primera actriz aporta sutileza, al filosofar sobre la necesidad de modificar el diseño institucional establecido desde la Revolución Francesa (léase deshacerse de los jueces que actúan contra la corrupción). El tercer integrante, Sergio, permanece encorsetado en el recurrente papel de no ser confiable. Como personajes secundarios se destacan Sergio, un ineficaz ministro de seguridad provincial amante de moverse en moto y helicóptero, que acusa de fracasado al presidente. Y un desaforado apodado Cuervo, que vistiendo una remera que dice Cámpora irrumpe en escena clamando “el gobierno es nuestro”. Quizás el final de la obra sorprenda con todos los intérpretes festejando alborozados haberla mantenido en cartel pese a su mediocridad, y que las deudas acumuladas por sobrecostos innecesarios, incluida la asumida con el malévolo FMI, sean afrontadas por la compañía que inicie la temporada teatral 2023-2027.

Con la intención de ser la elegida, y que todos sus integrantes se salven de una renovada “tierra arrasada”, la compañía llamada Oposición está abocada a un “casting” para elegir a los principales intérpretes de la obra “Juntos por el Cambio”, que por los ensayos preliminares pareciera mantenerse en el campo del grotesco, dado que aún se discute si los intérpretes actuarán juntos y si harán cambios. Como suele ser habitual, entre los postulantes predominan autocomplacencias, sobreactuaciones y celos. La primera víctima fue nuevamente Macri, quien encabezara la cartelera teatral 2015/19. El veterano Morales, cuyas características actorales son similares a las de Sergio, dijo que no lo votaría; la reconocida actriz de carácter Lilita, amante de interpretar roles intelectuales o místicos, expresó su vergüenza por una foto en la que aparecía Macri en el extranjero con un ex presidente. Horacio, principal candidato a encabezar el elenco, temeroso de repetir los papelones de Alberto en la obra en cartel, planteó contar con un apoyo artístico-político del 70%. Postura económicamente inviable, si se considera que cada apoyo implica un cargo, cada uno de los cuales agrega seis puestos políticos más, a ser ocupados por familiares y amigos. Por lo que los costos de puesta en escena no podrían ser absorbidos por los clientes/espectadores/ciudadanos, e impedirían resolver los acuciantes problemas del “querido pueblo argentino”.

Al menos por el presente año, solo cabe esperar que las “caras bonitas” de ambas compañías continuarán practicando la banalidad y el egocentrismo, haciendo recordar lo que Borges escribió en “Utopía de un hombre que está cansado”: “No hablemos de hechos. Ya a nadie importan los hechos. Son meros puntos de partida para la imaginación y el razonamiento”.

Buenos Aires, 25 de mayo 2022

Casta, grieta y discurso

En la primera mitad del siglo XX el leninismo, fascismo y nazismo desarrollaron los principios básicos de la propaganda política, destinada a la manipulación de las masas para sostener gobiernos dictatoriales. Sus reglas sofisticadas con componentes psicológicos tienen plena vigencia en la actualidad. Los avances tecnológicos expandieron y globalizaron la comunicación, pero no modificaron lo conceptual. Conocer dichas reglas, claramente descriptas en el libro “La propaganda política”, que en 1950 escribiera el francés Jean-Marie Domenach, facilitará entender el comportamiento de nuestros políticos, porque con matices vernáculos, las cumplen rigurosamente.   

Un análisis preliminar de nuestra actualidad política podría sustentarse en el trípode de tres términos/conceptos relevantes: casta, grieta y discurso.  “CASTA”, que puede asimilarse a élite y caudillaje, indica una extendida permanencia de clases sociales con fuertes rasgos de nepotismo, que en nuestro caso las representan sectores políticos y sindicales, básicamente a través de permanentes modificaciones de las legislaciones electorales para adaptarlas a sus intereses, tal como sucediera recientemente con la reinterpretación que hizo la legislatura de la provincia de Buenos Aires de la ley que impedía las reelecciones indefinidas de intendentes. “GRIETA” es una metáfora usada para indicar divisiones tajantes en una sociedad, que erróneamente se la plantea atravesando a todos los sectores por igual. En el escenario local, son racionalmente fomentadas desde cúpulas de poder, e inoculadas a las masas para que reaccionen desde lo emocional. En estos ámbitos grietas y castas actuando en simultáneo serían contradictorias, pues no existen grietas sino “pujas de poder e intereses”, que pueden o no ser irreconciliables. Esta realidad se manifestará una vez más en el armado de acuerdos y candidaturas para las próximas elecciones. Otro ejemplo lo ofrecen las manifestaciones piqueteras, que pese a coincidir en sus reclamos, se presentan tras diversas organizaciones identificadas con banderas y remeras. La unidad en los reclamos, no impide pujas (no grietas), entre dirigencias.

Cabe ahora reflexionar sobre el pilar de la propaganda política en su nexo con la sociedad: el “DISCURSO”, que incluye el campo audio-visual. Es en este punto donde surgen diferencias ya no en cuanto a la aplicación de reglas, sino en sus resultados. Nacidas en dictaduras, las reglas que definen los lineamientos conceptuales y operativos a seguir, basa lo discursivo en una opinión única, que para lograrla implica persecuciones a disidentes, cierre de medios, censura, etc. Pero en democracia existen debates, réplicas e investigaciones sobre el poder. En este ámbito de competencia cuando desde el poder democrático no se emiten mensajes unívocos, creíbles y con objetivos coincidentes, no solo se desnudan falacias, contradicciones y necedades,  sino se resta fuerza a la regla del “enemigo único”, que debe instalarse a través de lo discursivo. Así la describe Domenach: “La individualización del adversario ofrece muchas ventajas. Los hombres prefieren enfrentar a personas visibles más bien que a fuerzas oscuras. Cuando se los convence de que su verdadero enemigo no es tal partido o tal nación, sino el jefe de ese partido o de esa nación, se matan dos pájaros de un tiro”. No es casual que muchos autócratas en democracia añoren sistemas de gobierno como los de Rusia y China, con tradiciones políticas milenarias, o los de Cuba, Venezuela y Nicaragua, con locuaces tiranuelos, y ataquen discursivamente a los medios de comunicación.

El presidente Fernández, caracterizado por sus cambios de opiniones en términos de años, meses u horas, pero que en realidad representa a gran parte de las volubles dirigencias políticas argentinas, aplicó consciente o inconscientemente la regla del “enemigo único”. En su reciente gira europea, ante una pregunta en un reportaje,  respondió que con Cristina Kirchner solo tiene algunas diferencias, pero que “su enemigo es Macri”.  Más allá de su inhabilidad para desenvolverse en países extranjeros, no es casual que haya dicho “Macri” y no Juntos por el Cambio. Como tampoco lo es que la oposición hable de Cristina o kirchnerismo, y no del Frente de Todos. La regla del “enemigo único” en nuestro fluctuante desenvolvimiento político, a falta de coherencia discursiva, se utiliza solo para eludir culpas de quienes participan de uno u otro gobierno o coalición, para centrarlas en solo una persona y sus allegados inmediatos. Lo que posibilita que en las próximas elecciones una vez más, los mismos políticos se redistribuyan entre distintos espacios y listas, siempre con cargos bajo el brazo, enarbolando el cínico mensaje de acuerdos patrióticos. La consecuencia, que no es un hallazgo de Milei, es la permanencia de castas políticas, que se presentan solo con estructura e imagen. Por eso cuando el discurso plantea que el próximo gobierno necesitará un consenso del 70%, se debe aclarar si es entre 1.000 conocidos políticos nacionales fracasados, o entre 30 millones de votantes.

Buenos Aires, 18 de mayo 2022

Morales radicales

Una hipótesis para explicar la perdurabilidad de nuestras dirigencias políticas y corporativas responsables de la degradación económica, social e institucional desde hace décadas, es la utilización del peronismo y el radicalismo, inmersos en coaliciones electorales polifacéticas y coyunturales de denominación cambiante, solo como escudos simbológicos.

Abundan análisis sobre el peronismo, que tras la muerte de Juan Perón hace 47 años, de sus principios fundacionales solo mantuvo objetivos de poder, lo que le permite albergar derechas e izquierdas simultáneamente. Esta realidad la sintetizó un peronista histórico como Julio Bárbaro, cuando señaló que “desde la muerte de Perón, el peronismo se convirtió en un recuerdo que da votos”. Pero no se analiza con similar rigurosidad la problemática radical, cuyo emblema principista lo pronunció Leandro Alem en su testamento: “Sí, que se rompa pero que no se doble”. El transcurso del tiempo demostró que muchos de sus dirigentes se rompen, se doblan y se tuercen. El presente reverdecer radical, y el activo accionar de su presidente y precandidato Gerardo Morales cuyo apellido casualmente remite a la moral, virtud enarbolada por los radicales, aconseja algunas reflexiones.  

Vale tomar como inicio de las crisis de los dos partidos históricos la elección presidencial de 1999, en la que la Alianza entre radicales y sectores peronistas derrotó al PJ, sometido a pujas internas entre Menem y el candidato Duhalde. A diez meses de asumido el triunfante De la Rúa, renunció su vicepresidente peronista Carlos Alvarez, dando inicio a una crisis que estalló en diciembre del 2001 con la renuncia del presidente, empujado por sectores duhaldistas y radicales de la provincia de Buenos Aires. En la atomizada elección presidencial del 2003, el PJ concurrió dividido en tres fórmulas, triunfando Carlos Menem con el 24,45% de los votos, pero al negarse a una segunda vuelta, asumió Néstor Kirchner con el 22,24%. El candidato radical Leopoldo Moreau, por su parte, obtuvo el 2,34%. La vulneración de los mandatos populares tuvo un hito en el 2005, cuando triunfó como gobernador de Santiago del Estero el radical Gerardo Zamora, encabezando un Frente Cívico que venía a sustituir al eterno caudillo peronista Juárez. Diecisiete años más tarde la familia Zamora continúa gobernando, pero como adherentes kirchneristas. Ya con las coaliciones transversales como común denominador, en las presidenciales del 2007 con el eslogan “Cristina, Cobos y vos” (nacen los radicales K), triunfó Cristina Kirchner con el 45,29% de los votos. La alianza Lavagna (PJ)-Gerardo Morales (UCR), se ubicó tercera con el 16,91% de los votos, por detrás de Elisa Carrió, apartada del radicalismo. En la elección presidencial del 2011, en la que arrasó la fórmula Cristina Kirchner-Boudou con el 54,11% de los votos, la fórmula Ricardo Alfonsín-González Fraga bajo la sigla UDESO obtuvo el 11,14%. Sin “límites” como candidato, Alfonsín llevó para el cargo de gobernador de la provincia de Buenos Aires a Francisco De Narváez. De esta reseña, se observa que vulnerando el principio de Alem, los candidatos presidenciales radicales Leopoldo Moreau y Ricardo Alfonsín, con cargos bajo el brazo, son hoy firmes kirchneristas. Incluso Alfonsín los representa como embajador en España, pese a que se apropiaron de la condición de símbolo de derechos humanos que era su padre, por haberse destacado como abogado de detenidos durante la dictadura, y como presidente, por los juicios a las juntas militares y a guerrilleros.    

Resumidos los dos partidos históricos mayoritarios, cabe un comentario respecto a las coyunturales terceras fuerzas electorales. El Partido Intransigente creado por Oscar Alende en 1972, y la Unión de Centro Democrático fundado por Alvaro Alsogaray en 1982, (al que pertenecía Sergio Massa), se diluyeron al ser sus principales dirigentes absorbidos por el justicialismo. Situación que actualmente repiten el Frente Renovador y Alianzas Federales, que la experiencia muestra se crean para que sus dirigentes, con caudales de votos insuficientes para triunfar, los conviertan en útiles para negociar cargos y puestos legislativos. Este proceso lo afrontará Milei, cuando deba plasmar su novedad en estructuras nacionales, que seguramente presentarán añejos apellidos políticos. Solo mantuvo una estructura coherente en el tiempo Compromiso para el Cambio fundado en el 2003, pero que igualmente necesita de coaliciones sólidas para ser alternativa de gobierno. Es evidente entonces que en la presente crisis las coaliciones no pueden continuar enmascarándose tras confusos simbolismos o acumulación de apellidos fracasados, sino conformarse con quienes cumplan los requisitos de honestidad, idoneidad para el rol a desempeñar, y un plan de gobierno explícito, cumplible y con apoyos mayoritarios. Comenzando desde ahora.

Buenos Aires, 11 de mayo de 2022

Los virus Milei y Morales

Gerardo Morales y Javier Milei protagonizaron recientemente hechos políticos en principio disociados, que terminaron imbricados. Para interpretarlos vale una nueva metáfora, en este caso epidemiológica, en la cual Milei oficia de virus aún no definido, con efectos electorales en el 2021. Morales por su parte, representa al virus gripal conocido desde hace décadas, que algunos llaman “casta”. Dado que los síntomas iniciales de ambos son similares (verborragia discursiva), los diagnósticos deberán confirmarse con testeos.

La crisis se produjo tras sendos artículos de dos analistas políticos de distintos medios de comunicación, que planteaban un acuerdo entre Morales y Sergio Massa para las designaciones de una diputada y un senador para integrar el Consejo de la Magistratura, y acordar un proyecto para modificar su conformación. Ante la versión, que Morales catalogó de una infamia, e inició la tarea de sospechar de posibles operadores, Juntos por el Cambio llamó a una urgente reunión, y tras el debate, emitió un comunicado apoyando a Morales. Pero de modo insólito, en su encabezado se aseguró que los miembros de Juntos no serían contagiados por la nueva cepa Milei, considerándola un límite. Por involucrar esta anécdota a políticos de espacios supuestamente distintos, como son Massa (oficialismo), Morales (oposición) y Milei (emergente), antes que darla por cerrada podría servir como interesante plataforma para establecer un lineamiento analítico ciudadano, que permita desentrañar el accionar que las dirigencias desarrollen hasta llegar a las elecciones del 2023. Basado en que en lugar de encapsular un análisis en hechos puntuales y dispersos, cada una de ellos deben tomarse como mojones correlativos para ir clarificando coherencias y oportunismos coyunturales, para al momento de votar tener verificadas consistencias o engaños. El curioso entremezclamiento de Massa, Morales y Milei es un buen comienzo, porque ofrece múltiples interrogantes y facetas analíticas, de las que se destacan las siguientes:  

1.- Como desencadenantes, los medios de comunicación son fuentes ineludibles para informar, polemizar, aleccionar e instalar temas en la opinión pública, por lo que la preocupación inicial no debería centrarse en definir si mienten o no, sino en que exista una diversidad que permita la competencia y libertad de expresión entre medios de diversas ideologías. Cumplido lo cual, será responsabilidad de los ciudadanos evaluar calidad de la información periodística, veracidades, dudas y engaños. Teniendo presente que en política la información surge de los propios ámbitos políticos y administrativos. Lo importante es que la relación periodismo emisor – ciudadano receptor sea sin intermediaciones interesadas  de autoritarios, caudillos o censores estatales.

2.- En cuanto al virus Milei, el microscopio lo muestra como un personaje maduro de reciente incorporación a la política, histriónico, muy buena formación intelectual, y curioso peinado que le otorga una identidad visual que la propaganda explotará. Las consecuencias sanitarias que preocupan a los clásicos políticos no reside en sus dispersos postulados económicos no integrados en una propuesta clara, sino su sorpresivo contagio electoral en diversas capas sociales, apoyado en un eslogan breve y comprensible que represente el sentir y hartazgo de muchos ciudadanos: basta de castas políticas fracasadas. Minimizarlo como antipolítico es erróneo, porque no solo se insertó en la política, sino además pretende ser presidente. En esta condición, las preocupaciones deberían apuntar a su inserción territorial, plan de gobierno y equipo para ejecutarlo.

3.- El virus Morales es ampliamente conocido dadas sus cuatro décadas de actuación política. En cuanto a la gripe interna provocada por la versión periodística del acuerdo Morales-Massa, cabe no dudar de su desmentida en cuanto a veracidad, pero realizando un escrutinio de sus próximas gestiones legislativas y votaciones que en ese ámbito y en el Consejo de la Magistratura realicen los diputados de su provincia primero, y de su partido después. Lo preocupante del comunicado de “Juntos” es señalar a determinada figura como límite únicamente por su pensamiento, cuando viejas castas (perdón, políticos) legislan para que procesados, condenados y coimeros puedan ser funcionarios. El absurdo se incrementa porque más allá de lo discursivo, ni Milei, la oposición, y más grave aún el oficialismo, tienen presentado un plan nacional de gobierno en general, y económico en particular.  

4.- Finalmente, parecería más adecuado que en las descripciones de pujas políticas, en general alejadas de las urgencias de la población, se reemplace la híbrida metáfora de halcones y palomas para caracterizar a los personajes, por la más específica y humana de confiables y no confiables, para recién entonces aplicar la cualidad de buenos o malos, dado que sobran “buenos” no confiables. Como ejercicio cabe preguntarse: Massa, Morales y Milei, son halcones, palomas, confiables o no confiables?

Buenos Aires, 04 de mayo 2022

Ciudadanos en los botes

Los grandes naufragios presentan los componentes que identifican una crisis política: el país entendido como una nave, incapacidad para conducirla, incumplimiento de las normas, impericia para encarar emergencias, y finalmente, la cantidad de víctimas inocentes resultantes de las malas praxis. También coexisten factores humanos (organización, conducción), y externos (témpano, rocas sumergidas, asimilables en política a herencia, pandemia, guerra). De igual modo, los causantes de las catástrofes intentan adjudicar sus ineptitudes únicamente a factores externos. El desenlace inevitable presenta a los ciudadanos/náufragos a la deriva sin oficiales que los guíen y rogando ser rescatados. Esta secuencia aconseja que desde nuestros botes analicemos los comportamientos presentes y futuros de las conducciones políticas responsables siempre a salvo, para evitar que engañosas promociones del nuevo crucero Argentina a botarse en diciembre del 2023, sigan acumulando víctimas.

Para el análisis, a la detección de contradicciones y falacias discursivas, se deben incorporar las hipótesis, consistentes en formular diagnósticos y argumentaciones basadas en datos e indicios ciertos y visibles, cuya validez deberá verificarse a futuro según se desarrollen los acontecimientos políticos. Continuando con la metáfora de los naufragios, la presente hipótesis recuerda a la orquesta tocando en la cubierta del Titanic en medio del caos, con el fin de entretener a los pasajeros durante la evacuación. Rol que en nuestra crisis lo cumpliría la abundancia de cruces políticos internos y externos casi familiares, con el solo fin de enmascarar la ausencia de políticas integrales transformadoras que atiendan la urgencia social en lo inmediato, y fijen un rumbo de país en lo mediato. Planteada la hipótesis, cabe explicitar los datos e indicios considerados.

1.- La sorpresiva coalición electoral decidida unilateralmente por Cristina Kirchner en el 2019, al sumar a su espacio político a Sergio Massa, y ungir a Alberto Fernández candidato a presidente, tuvo tres objetivos que se ratificaron tras casi 29 meses de gobierno: triunfar electoralmente; operar en la justicia para desactivar causas de corrupción, y renegociar la deuda con el FMI y bonistas. De igual modo tres son los aspectos que impiden invocar hoy traiciones o desengaños: a) las personalidades y antecedentes de los acuerdistas excluía la confianza entre ellos. b) la coalición no presentó un programa de gobierno compartido, lo que indicaba que se mantendría la tradicional política kirchnerista; c) la inusual designación y comunicación de la fórmula presidencial no mereció ninguna objeción pública por parte del justicialismo, gobernadores, intendentes y sindicalistas, lo que los hace partícipes de las consecuencias. En este contexto, plantear rebeliones internas, nacimiento del albertismo o rompimiento del Frente de Todos es inviable, al menos hasta el armado electoral en el 2023.

2.- Avalaría esta hipótesis que vista la escasa pericia de los funcionarios y el traspié electoral del 2021, los objetivos iniciales de la coalición están siendo razonablemente cumplidos. Tras el triunfo en el 2019, la agenda de impunidad judicial priorizada aún dentro de una crisis social extrema, fue y es persistente. Se amenazó a la Corte y a jueces que avanzaron en causas de corrupción, se designó en los organismos de control a defensores explícitos de funcionarios procesados, se retiraron como querellantes la AFIP y la UIF en causas de lavado y evasión, y se anularon juicios orales con tribunales designados, entre otras acciones. Es cierto que para un procesado lo actuado puede parecer insuficiente, pero se avanzó y se continuará avanzando. Respecto al acuerdo con el FMI, el mismo otorga oxígeno al gobierno, que no ofreció alternativas viables a la opción de no acordar. No se exigen desembolsos durante esta gestión, y el FMI aportó fondos para cancelar vencimientos y aumentar las reservas del Banco Central. En cuanto a las metas globales teóricamente necesarias, no se cumplirán. Estas facilidades suponen el consenso de Cristina Kirchner, quien no se expidió explícitamente en contra del acuerdo, y no son creíbles sublevaciones contra sus decisiones aún. Por ello el diagnóstico plantea que, con toda la oficialidad burocrática aferrada a sus puestos, en este año se continuará entreteniendo al pueblo con opiniones políticas irrelevantes, trascendidos, rumores, tuits y cartas de Cristina, supuestos motines internos, y el milagroso nacimiento del “albertismo”. En tanto en el astillero opositor, se discute con entusiasmo quién será el capitán del crucero 2023.  

Como es habitual, el problema lo afrontan quienes ajenos al espectáculo en tierra, se encuentran en los botes sin que nadie los guíe.

Buenos Aires, 27 de abril 2022

Mensaje, ética y estética

Dada la abundancia de políticos que pese a las urgencias emergentes de la actual crisis económico-social, opinan y actúan como postulantes para hacerse cargo de la “tierra arrasada” argentina a partir de diciembre 2023, la ciudadanía en su autodefensa debería ejercer una presión social democrática mayoritaria dejando en suspenso manipuladoras grietas ideológicas, para exigir que lo discursivo se plasme cuanto antes en acciones y leyes concretas imprescindibles para superar la decadencia de décadas, y modifiquen aspectos esenciales que proveen poder y facilitan privilegios políticos, que las castas sin distingos partidarios se niegan a reformular. Comenzando por una ineficaz y sobredimensionada estructura administrativa burocrática estatal; el impedimento del acceso democrático a los organismos estatales, y los permanentes subterfugios electorales para limitar el derecho ciudadano a elegir a sus representantes.

Los análisis críticos-reflexivos debieran partir de los propios mensajes emitidos por políticos, sindicalistas, miembros de la justicia y representantes corporativos con independencia de sus tendencias o ideologías, para constatar veracidades, contradicciones o falsedades, utilizando conceptos simples y breves para que sean comprendidos y aplicados por todos los sectores sociales por igual. Inicialmente cabe distinguir sintéticamente entre opinión, información, discurso, ética y estética. La opinión en sentido popular, es una elaboración mental individual referida a otras personas o sucesos, formada por percepciones, razonamientos o emociones, La información implica procesar datos reales y verídicos, pues en caso de ser falsos, se incursiona en la desinformación. El mensaje, esencial en la comunicación política, lo integran enunciados o ideas que el político emisor envía en forma oral (discurso), escrita o audiovisual, a miles de personas receptoras. La ética estudia el comportamiento humano, pero quien incumpla sus normas no puede ser legalmente penalizado. La estética se relaciona con la percepción humana (ejemplo, bello o feo), y tiene gran relevancia visual en la propaganda política. Estos cinco conceptos según se combinen pueden transmitir verdades, encubrir falacias o desnudar contradicciones, las que en muchos casos los propios políticos no detectaron. Se citan dos ejemplos recientes.

1.- Mucho se habló del discurso de la vicepresidenta Cristina Kirchner en la apertura de sesiones de la Asamblea Parlamentaria Euro-latinoamericana. Pero lo más revelador en cuanto a nuestro sistema político fue la siguiente frase textual: “Las desigualdades no son un producto de la naturaleza, son producto de decisiones políticas o de falta de decisiones políticas”. Excelente mensaje, que pareciera cumplir con los requisitos de la ética y la estética. Pero corriendo el velo de lo discursivo, surge que la vicepresidenta tiene una jubilación acumulativa de privilegio de $ 3.240.000, cuando la jubilación mínima es de $ 32.630,40. Y no menos importante, para que esta inequidad sea posible contó con el aval de legisladores, interpretaciones judiciales y funcionarios de la Anses; vale decir, del sistema político. En su estética, la falacia discursiva se completa con que el régimen previsional argentino es presentado como un sistema de reparto solidario.  

2.- En el segundo caso predomina el componente informativo, y secundariamente el estético visual. El intermediador de recursos públicos Juan Grabois, con una imagen jerárquica que lo mostraba ubicado en el centro de una mesa, sus lugartenientes a ambos lados, miembros secundarios de pie en segunda línea, brindó una conferencia de prensa para comunicar que “mis tres diputados votarán en contra del acuerdo” para aprobar el convenio gobierno-FMI, lo que efectivamente sucedió. El uso del adjetivo posesivo “mis diputados” ratificó que en las listas sábana los elegidos no representan a los anónimos votantes, sino a quienes negocian con otras cúpulas de poder sus ubicaciones en las listas. Con cargo asegurado, eventualmente los favorecidos podrían mutar de adhesiones para negociar mayores privilegios. Maquiavelo los llamaba mercenarios, de quienes decía “son ambiciosos, desleales; no tienen temor de Dios ni buena fe con los hombres”. Estos personajes irán surgiendo a medida que se reconfiguren las coaliciones electorales.

Buenos Aires, 20 de abril 2022

Naufragio político 2022

Las metáforas son útiles y didácticas cuando facilitan la comprensión de hechos actuales al asemejarlos con sucesos pasados diferentes pero de similar significación. Asociar política con naufragio por ejemplo, indica una situación económico-social extremadamente crítica. En su momento, el hundimiento del Titanic en el 1912 exhibió tres aspectos que sirvieron para ilustrar la crisis de los años 2001-2002: 1) la soberbia propagandística, al plantear al trasatlántico como inhundible, por lo que contaba con escasos botes salvavidas; 2) la impericia conductiva, que ignoró diversas señales previas de peligro; 3) una mayor cantidad de víctimas entre los pasajeros vulnerables de tercera clase ubicados bajo cubierta. En la crisis 2001-2002, la soberbia propagandística se tradujo en una alianza conformada por un presidente radical y un vice peronista, este último en el rol “témpano” criollo, al renunciar a diez meses de asumido. La impericia conductiva se plasmó en una reformulación de deuda externa ineficaz conocida como blindaje; una reforma laboral sospechada de coimas, y un partido radical que no sostuvo al presidente. En cuanto a las víctimas, en su mayoría fueron trabajadores comunes a los que se les confiscaron ahorros y se los sumergió en la pobreza. La principal diferencia es que el Titanic se hundió con el capitán y varios oficiales, mientras que la oficialidad criolla se salvó en casi su totalidad, al punto que el ícono del naufragio Carlos “Chacho” Alvarez, fue protegido por la naviera política ubicándolo en cargos diplomáticos en el exterior.

La crisis actual se asemeja a un naufragio más cercano en el tiempo, protagonizado por el crucero Costa Concordia en enero del 2012, hundido parcialmente tras chocar contra una roca frente a una isla de la Toscana (Italia). El siniestro se debió a graves errores humanos de su capitán Francesco Schettino y el primer oficial Ambrosio, al navegar más cerca de la costa que lo permitido, no emitir señales de auxilio, y demorar la operación de evacuación, lo que impidió utilizar la mayor parte de los botes salvavidas debido a la rápida inclinación del barco. Lo insólito fue que cuando desde la central naviera se comunicaron con el capitán Schettino en plena emergencia, este se encontraba en un bote salvavidas y se negó a volver al barco. Arrestados y juzgados el capitán y el primer oficial, fueron condenados a 16 años de cárcel. El saldo fue de 32 muertos y 4229 personas evacuadas con distintos daños.

De esta última catástrofe surgen tres similitudes metafóricas con la crisis actual: el crucero (llamado Argentina), se encuentra escorado a plena luz del día, debido a la impericia conductiva del capitán y sus primeros oficiales (Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa), carentes de rumbo y carta náutica (programa de gobierno), y sin hacerse cargo del salvataje de los angustiados pasajeros (ciudadanos). En lugar de ello, cual capitán Schettino, pujan por deslindar responsabilidades abandonando la cabina de mando e intentado huir en los escasos botes salvavidas utilizables, mientras el personal del crucero Argentina sin distingo de jerarquías, intercambian acusaciones, ironías, cartas y mensajes públicos. Por ejemplo, la encargada de relaciones públicas de la naviera llamó mequetrefe al capitán. Todo ello ante el estupor de los pasajeros (ciudadanos), librados a su suerte.

La novedad respecto a los naufragios de 1912 y 2012, es la aparición de fuertes nepotismos en las conducciones. Es así como un sofisticado pensador  y directivo de la naviera familiar Frente de Todos llamado Máximo, a voz en cuello explica cómo ante una emergencia habían actuado en el pasado el capitán Néstor (su papá) y la capitana Cristina (su mamá). Resaltando además que el astillero La Cámpora no era responsable de los desatinos del capitán y sus oficiales.

En paralelo y dando por sentado el desguace del crucero Argentina (sucedió con el Costa Concordia), gran número de viejos y renovados capitanes aspirantes a conducir la nueva versión en construcción del crucero Argentina II, a ser botado en diciembre del 2023, están gestionado que el nuevo diseño tenga capacidad para mayor número de oficiales, aunque sea a costa de disminuir las dimensiones de los camarotes de pasajeros, quienes eventualmente viajarían subsidiados por los que nunca pisaron un crucero. Otros conocidos capitanes utilizan viejos catamaranes para captar pasajeros desencantados, promocionando circuitos fluviales bajo la etiqueta “ancha avenida del medio”, y de este modo poder subsistir en el negocio marítimo político. Durante estos procesos, quienes aún permanecen en el crucero escorado Argentina, tratarán de sobrevivir como puedan.

Buenos Aires, 13 de abril 2022

Consensos dañinos

Gran parte de las dirigencias públicas y corporativas responsables de la decadencia argentina, para ser categorizadas como “castas”, caudillismos u oligarquías políticas, cumplen con tres de sus requisitos: perdurabilidad en cargos políticos privilegiados, abuso de nepotismo y prácticas de gobierno conservadoras carentes de creatividad. En pos de subsistir, es lógico que jamás intenten mejorar las políticas que las sostienen, sean electorales, económicas y penales, salvo que sean forzadas por sucesos incontrolables. Por ello el primer paso analítico será detectar y neutralizar las dialécticas falaces repetidas desde hace décadas que intentarán mantener hasta la elección presidencial del 2023, pese a la crisis socio-económica extrema.

Se puede comenzar por dos mensajes icónicos y aparentemente virtuosos a los que se apela en épocas de crisis o de rearmados preelectorales: “consenso”, y “debemos juntarnos para definir qué país queremos”. Son pronunciadas con expresión sagaz, por quienes desde diversos espacios políticos integran los elencos estables que participan en distintas tribunas mediáticas de opinión. Pero las frases son engañosas, o bien poseen una superficialidad no acorde con las urgencias económico-sociales del país. “Consenso” por sí mismo no implica una virtud, si no se acompaña de objetivos concretos y explícitos tendientes al desarrollo y bien común, y no como hasta el momento, acordar privilegios e impunidades judiciales. En cuanto a la frase “debemos juntarnos para definir qué país queremos”, su insustancialidad se revela con solo preguntarnos a qué se dedicaron en las últimas décadas quienes ocuparon diversos cargos ejecutivos y legislativos, con la responsabilidad de elaborar y ejecutar planes nacionales coherentes que definan un rumbo de país. Por ello sorprende la repercusión mediática que tienen estas frases insustanciales, y quienes las pronuncian.

Cabe sospechar entonces que la priorización de discursos que apelan a recuerdos selectivos, simbologías y grandilocuencias, en donde los planes de gobierno se reemplazan con promesas electorales incumplidas, como salariazos, derrota de la inflación o jubilaciones justas y dignas, sumados a actos de gobierno asentados en acciones coyunturales y espasmódicas en reemplazo de programas nacionales coherentes, es una estrategia característica de las “castas” para que nada cambie. En paralelo, existen innumerables “consensos” de tipo electoral asiduamente practicados desde la crisis 2001-2002, consistentes en acuerdos de cúpulas que posibilitan que políticos estables roten entre distintas agrupaciones y/o coaliciones cual jugadores de fútbol entre distintos clubes, para mantener sus privilegios y financiar sus carreras políticas. Recientemente Rodríguez Larreta lo enmarcó numéricamente al plantear que el próximo gobierno necesitará una base de consenso del 75%. Cabe suponer que no se refiere a un porcentaje ciudadano emergente de un resultado electoral, imposible de lograr, sino a un acuerdo entre cúpulas políticas, en la que los acuerdistas facturando privilegios aporten un supuesto caudal electoral “propio”. Esta estrategia de juntar rancios apellidos políticos solo para ganar, carentes de programas de gobierno explícitos avalados por corporaciones empresarias y sindicales muchas de las cuales conforman también castas, explican el creciente subdesarrollo y pobreza. El engaño más reciente y nunca antes tan visible, es el “consenso” de cúpulas encabezado por Cristina Kirchner, Alberto Fernández y Sergio Massa. Estas asociaciones de oportunidad se replican de igual modo en las provincias, con enemigos íntimos que acuerdan, o acuerdistas que se transforman en enemigos íntimos gobernando.

Pero estos “consensos” entre circunstanciales oficialistas y opositores tienen una consecuencia grave y creciente, que impide formular planes de desarrollo razonables de mediano plazo: una estructura burocrática elitista, desmesurada, gravosa e ineficaz, diseñada solo para actuar como moneda de cambio en los consensos entre viejas y rejuvenecidas castas, cuya ecuación es un consenso igual a un cargo político (en algunos casos con familiares incluidos). Por lo que la crisis económico-social se mantendrá si no se comienza por resolver los dos aspectos troncales que definen la calidad de un sistema de gobierno: el humano (calidad de funcionarios y representantes políticos), y el estructural (administración pública). Para soslayar esta transformación, se instaló una nueva falacia tras el acuerdo con el FMI: “no habrá ajuste en el Estado”. Como el Estado es una abstracción, lo que las castas nos están diciendo es que no se modificará la base de consensos: una ineficaz e insostenible administración pública, en todas sus variantes.  

Buenos Aires, 06 de abril 2022