Ideología y corrupción

Los términos ideología y corrupción, predominantes en los discursos y debates políticos, habitualmente no se los asocia para explicar la degradación socio-económica del país, y entender la permanencia de las dirigencias responsables que por acción (participar/facilitar) u omisión (dejar hacer), provocaron las crisis extremas de 1989, 2001/02, y la actual.

La ideología política es un conjunto de ideas que representan a una sociedad, y definen su forma de gobierno y sistema económico, que deben plasmarse en un programa político con continuidad en el tiempo. La corrupción política por su parte, refiere a los actos deshonestos o delictivos cometidos por autoridades y funcionarios públicos que “arrebatan” (significado de corrupción), para su enriquecimiento personal recursos económicos estatales y calidad de servicios. Cuando la corrupción deja de ser circunstancial para transformarse en recurrente, el país ingresa en un estado de corrupción permanente que en cabeza de la corporación política, involucra a dirigencias empresarias, sindicales y eclesiásticas, cuyos mensajes no casualmente, se centran en la problemática de los pobres omitiendo a la corrupción, como si la pobreza no fuera una natural consecuencia. En este sentido, el silencio de las cúpulas religiosas es llamativo.

La actualidad política hace oportuna esta reflexión, porque transparenta como nunca antes, que la acción de gobernar queda condicionada por la tóxica relación entre gobierno, dirigencias y corrupción, por lo que no sorprende que gran parte de la gestión pública estuvo, está y estará concentrada en lo judicial, para desactivar las innumerables causas de corrupción estatal-privada a través de extemporáneos proyectos legislativos, y amenazas privadas y públicas a integrantes de los estamentos judiciales que conspiren contra este objetivo. En paralelo amplios sectores políticos priorizan estrategias electorales que les permita mantener o recuperar poder en la elección del 2023, pero sin que nada cambie. Esto último lo explicitó la ministra Batakis en su conferencia de prensa, al prometer congelar ingresos a la planta estatal y controlar los gastos a través de una caja única de flujo de fondos, acciones que se plantean en situación de crisis y nunca se cumplen. Pero hablar de “congelar” y “controlar” en lugar de racionalizar, modernizar y transformar estructuras y desactivar privilegios, hace suponer que se mantendrá el principio conservador de no modificar aquéllas distorsiones e injusticias que han permitido la continuidad y enriquecimiento de gobernadores, intendentes, legisladores, y sus familias. Este rancio conservadurismo intenta encubrirse bajo ropajes dialécticos e ideológicos, pese a que dichos aspectos también carecen de coherencia: hay peronistas clásicos, republicanos, menemistas, kirchneristas, radicales históricos y conversos, socialistas, neoliberales, populistas, izquierda, centro izquierda, derecha, centro derecha, y un sector creciente identificado como “escucho ofertas”. Paradójicamente no hay comunistas, pues los que se presentan como tales, son en realidad oportunistas que intentan tomar su cuota-parte de los recursos públicos. No sorprende entonces que tras agitar la coctelera ideológica, aparezcan los mismos personajes conservadores, muchos de ellos envidiosos de las autocracias que permiten líderes “eternos”.

Queda claro que para promover transformaciones de fondo, que no se avizoran, se debe desarmar la nefasta convergencia entre poder político, falsas ideologías y corrupción. Los actos de corrupción privados los controla y castiga el Estado, pero cuando éste en lugar de controlarse y castigarse a sí mismo actúa como facilitador y encubridor de actos corruptos, cunde la pobreza y el subdesarrollo. La presente experiencia indica la necesidad de legislar que quienes se postulen y ejerzan las funciones de presidente y vice, no pueden estar siquiera procesados, evitando que en tal condición designen a cargo de organismos claves de control a sus propios abogados y/o adherentes para que faciliten sus impunidades. En lo que respecta a los limitados y abstractos debates ideológicos que saturan inútilmente lo discursivo, deben ser reemplazados por la presentación ante los ciudadanos de programas de gobierno concretos, cualitativa y cuantitativamente explicitados, que excluyan ineficaces estructuras burocráticas, muchas de ellas jactanciosamente llamadas empresas, pero a pérdidas permanentes que solo generan pobreza.  

Se suele decir que toda crisis ofrece una oportunidad, pero para lograr cambios virtuosos de fondo y permanentes a futuro, será necesaria una fuerte participación y/o presión social de carácter pacífico, esclarecedor y propositivo. Dado que el Estado es el que marca la condición y calidad económico-social de un país,  con poder de planificar, ejecutar, legislar y ejercer justicia, la tarea transformadora debe comenzar por el Estado, a fin de optimizarlo, y no de “congelarlo”.

Buenos Aires, 13 de diciembre 2022

Operativo despegue, pero juntos

La actual crisis política presenta una estrategia aparentemente contradictoria pero repetida: “despegarse” de las responsabilidades por los fracasos, pero “juntarse” electoralmente para mantener poder y privilegios. Es lo que sucedió en las crisis de 1975, 1989 y 2001, que una vez superadas a costa de la ciudadanía, no solo se mantuvieron las dirigencias culpables, sino apelando a la ironía de Perón, se reprodujeron. Este fenómeno intenta replicarse a través de discursos banales, mentiras y peleas, que disimulen la carencia de un programa de gobierno explícito y coherente, y sostengan privilegios políticos, económicos y judiciales. La actual situación política recuerda a Maquiavelo cuando hace más de 500 años, señaló que “los males que nacen en el Estado, cuando se los descubre a tiempo, lo que solo es dado al hombre sagaz, se los cura pronto; pero ya no tienen remedio cuando por no haberlos advertido, se los deja crecer hasta el punto de que todo el mundo los ve”. Para paliar los presentes y futuros daños es necesario clarificar tres conceptos básicos.

1.- Tríada gobernante. Quienes conforman y conducen una coalición creada tras un peculiar acuerdo personal entre Kirchner, Fernández y Massa con el objetivo único de triunfar tras los errores económicos del gobierno anterior, comparten las responsabilidades de gestión pese a intentar la operación “despegue”. Pero también la comparten el Partido Justicialista, gobernadores y gremios, quienes aceptaron el acuerdo y su método sin objeciones. Por lo que el gobierno no puede ser identificado exclusivamente como “kirchnerista”. Del mismo modo que no puede identificarse como “macrista” a la coalición del gobierno anterior constituida por el PRO, la UCR y la Coalición Cívica. De este modo se complicará el operativo “despegue” de mediocres y oportunistas que ya sea tras Cristina, Macri o quién convenga, buscan mantenerse en las denominadas “castas políticas”, para usufructuar sus privilegios en forma permanente. También en el campo propagandístico y discursivo el gobierno brinda enseñanzas. Apenas asumido instaló el eslogan de “tierra arrasada”, pese a lo cual el transcurrir de los meses demostró que carecía (y carece) de un plan de gobierno para afrontar la supuesta catástrofe.

2.- Peronismo.- El 1° de julio se conmemoró el 49° aniversario de la muerte del general Perón, período que equivale a dos generaciones. En su homenaje se realizaron dos actos peronistas con asistentes y aplaudidores variados, encabezados por el presidente uno, y la vicepresidenta el otro. En ambos de Perón se habló poco y nada; por el contrario, se cruzaron mensajes de actualidad política de tono acusatorio, y se insistió con las virtudes mágicas de “la lapicera”. Por lo que ya es harto evidente que la memoria de Perón es utilizada solo para encubrir corrupciones, malas praxis y privilegios, y que en un mismo gobierno puedan coexistir Rodríguez Saa, los Kirchner, Fernández, Massa, Boudou, Moyano, Mussi, Zamora, Moreau, Bonafini, Quintela, Baradel, Scioli, Carlotto, Mendiguren, Kicillof y Grabois, entre otros.

3.- Corporaciones. Cabe recordar que en su estadía en la Italia de los años 1939-40, Perón observó el funcionamiento del corporativismo, que fuera oficializado en ese país por ley en 1934, con el fin de representar intereses sectoriales de empresarios y trabajadores de los sectores industrial, agrícola, comercial y servicios, organizar la economía y relaciones entre clases, y superar los conflictos en nombre de los “altos intereses de la Nación”, frase que suele pronunciarse recurrentemente en casos de crisis. Trasladado a nuestro país como uno de los pilares del peronismo, las actuales identidades no pueden enmascararse bajo términos anodinos como “círculo rojo” o “grupos de poder”.  Con las subdivisiones internas y especificidades del caso, se observan cuatro corporaciones predominantes: Política; Empresaria; Gremial y Eclesiástica. Esta clarificación permite observar que más allá de lo declamatorio y supuestos ideologismos, los nombres que las representan y conducen desde hace décadas, exhiben estructuras e intereses profundamente conservadores, en los que predomina los términos “mantener” y “subsidiar”, por sobre “desarrollar” y “crecer”. Ello explica la repetición de políticas, mensajes, simbologías y corrupción, y que el costo de las salidas de las crisis económicas del 1975, 1989 y 2001, hayan sido afrontadas casi exclusivamente por ciudadanos comunes exentos de privilegios.

Buenos Aires, 06 de julio 2022

Complicidad o incapacidad?

6 de junio.- Tras una escala de espera en Córdoba por neblina en Buenos Aires, aterrizó en Ezeiza un Boeing 747 con 5 tripulantes iraníes y 14 venezolanos. Los organismos AFI, ANAC, PSA, PFA y Migraciones no denunciaron irregularidades.

7 de junio.- Las petroleras, incluida YPF, rechazaron cargar combustible ante información proveniente de Estados Unidos, que calificó como operación sospechosa a la nave y su tripulación. 

8 de junio.- Se autorizó el despegue de la aeronave a Uruguay para cargar combustible, pero el gobierno de ese país le negó autorización de aterrizaje, por lo que retornó a Ezeiza. Recién entonces Migraciones retuvo pasaportes de los 19 pasajeros, y PSA y Aduana  revisaron al avión.

9 de junio.- Con el caso instalado en los medios de comunicación, el diputado Massa señaló que en mayo el Boeing transportó cigarrillos de contrabando de la tabacalera perteneciente al ex presidente de Paraguay Cartés, “amigo de Macri”.

11 de junio.- Como resultado de una denuncia de la DAIA, intervino el Juzgado de Lomas de Zamora, con el juez Villena y la fiscal Incardona. Se investiga entre otros aspectos, alertas no atendidas provenientes de los servicios de inteligencia de Estados Unidos, Israel y Paraguay.

15 de junio.- A falta de información oficial, comienzan las declaraciones. El ministro de Seguridad Aníbal Fernández expresó que el piloto estaba relacionado a las fuerzas iraníes Quds, y horas más tarde aclaró que se trataba un homónimo. Agustín Rossi, designado una semana antes a cargo del Sistema de Inteligencia Nacional en reemplazo de la fiscal Caamaño, señaló que su “presunción” era que los venezolanos estaban recibiendo instrucción para volar el Boeing, y lo fundamentó: 5 iraníes + 14 venezolanos = 19 personas, que divididas por 3 dan 3 tripulaciones de 6 personas, y un comodín.

Llegados a este punto y con una investigación en desarrollo, cabe detenerse en el funcionamiento de los servicios de inteligencia locales, tema ya tratado en la newsletter del pasado 03 de marzo bajo el título “La AFI no existe”. Su ineficacia se refleja en dos aspectos: 1) operativo, con la secuencia de impunidades en los atentados a la embajada de Israel y AMIA, muerte de Nisman, memorándum que el país suscribió con Irán, asistencia no detectada de un iraní con circular roja en la asunción presidencial del nicaragüense Daniel Ortega con la presencia del embajador argentino Capitanich, y crecimiento de los carteles internacionales de droga en nuestro territorio. 2) profesional, refiere a la rotación permanente en la conducción de la AFI de personajes políticos carentes de profesionalidad en la actividad específica, más interesados en manipular causas de corrupción que en investigar riesgos para el país. Cabe citar a Parrilli, Pocino, Mena, Tailhade, Arribas, Magdalani, Caamaño y ahora Rossi, más las decenas de cargos jerárquicos políticos rotativos que los acompañan, solo por ser de “confianza”. No es casual entonces que contrariando lo que supone una agencia de inteligencia en cuanto a secreto, la AFI esté involucrada en diez causas judiciales simultáneas tramitadas en siete juzgados federales distintos, para tratar burdos espionajes internos o afectar causas de corrupción. Incluso en el intercambio de documentación entre la AFI y la Justicia, se filtró a la luz pública un listado confidencial de agentes, algunos de los cuales estaba en el exterior y debieron ser repatriados. Tampoco es casual que mientras se expone a la AFI a escándalos judiciales, se anuncie recurrentemente el “saneamiento” del organismo en términos genéricos e incomprobables, mientras se mantienen las rotaciones políticas burocráticas en sus niveles de conducción y de personal. Ello explica que por los estrados judiciales desfilen “ex agentes” en lugar de los que se encuentran en actividad. Contexto que trasluce la ausencia de una relación virtuosa entre estructura, personal idóneo, eficacia y confidencialidad.

Una alternativa de transformación concreta, es la de trasladar y concentrar la tarea de inteligencia y contrainteligencia al ámbito de la Policía Federal Argentina, que cuenta con una capacitación profesionalizada, equipamiento y grupos idóneos  especializados contra el terrorismo. Además posee una organización jerárquica estable que evita que la inserción de burócratas de turno afecten a su capacidad operativa y cumplimiento de objetivos, permitiendo que la tarea de campo del espionaje se complemente con la más trascendental de la inteligencia para procesar la información de base. La anécdota del sospechoso avión iraní-venezolano detenido en Ezeiza, brinda una oportunidad para ello, sea por parte del oficialismo o propuesta de la oposición.

Buenos Aires, 29 de junio 2023

La crisis como espectáculo

En 1941, en plena Segunda Guerra mundial, el psicólogo inglés Frederic Bartlett expresaba textualmente: “Toda la propaganda política sigue el mismo camino. Se basa en el prestigio de la sugestión; para dar cuenta de que la relación superioridad-inferioridad representa correctamente sus propias relaciones con el pueblo: levanta la emoción y excitación de una manera directa, por medio de violentas exageraciones y de crisis fabricadas; descansa en el sentimiento y el símbolo, y en todas estas direcciones se esfuerza continuamente en estimular todas las tendencias hacia una aceptación irreflexiva y esclavizada que paralice el análisis crítico”.  Conceptos claves como sugestión, excitación, exageración, uso del símbolo y aceptación irreflexiva de los mensajes, se complementan con un elemento esencial para potenciar lo discursivo: el espectáculo, sea de tipo cuantitativo (manifestaciones multitudinarias con banderas), o con técnicas de simulación que disimulen la impotencia para brindar soluciones a la crisis económico-social, a través de peleas, acusaciones, escándalos y trascendidos. El debate se banaliza, y se entretiene a los ciudadanos con los “chupetes” de Alberto y Cristina que no se hablan; qué dirá la vicepresidenta en su próxima carta o discurso; si Macri será candidato, o si Milei crece o decrece electoralmente,

El problema de esta estrategia en los sistemas democráticos, a diferencia de regímenes dictatoriales con mensajes únicos, es que cuando discurso y realidad no se ensamblan adecuadamente se pierde credibilidad y eficacia. En nuestro gobierno expone que salvo en la búsqueda de impunidades judiciales, el poder ejecutivo y autoridades provinciales carecen de aptitud para diseñar un proyecto nacional coherente, factible y transformador. Impotencia que, para no caer en grietas oscurantistas, al momento se extiende a la coalición opositora con posibilidad de gobernar a partir de diciembre del 2023. Por lo que en lo inmediato los ciudadanos deberán continuar adiestrándose en la detección de falacias discursivas y operativas, como forma de promover transformaciones desde el llano, y evitar que se repitan las salidas implementadas en las crisis de 1975, 1989 y 2001, que con invocaciones patrióticas y de emergencia, dejaron a las corporaciones políticas, gremiales y de grandes empresas a salvo de perjuicios y esfuerzos compartidos con la sociedad.

A poco más de un año de las elecciones presidenciales, se debe tener presente que un gobierno ostensiblemente inepto, en la campaña electoral del 2019 dejó explícitos sus tres pilares constitutivos, por lo que no se puede aducir engaños al respecto: 1) un presidente sin antecedentes ejecutivos elegido unilateralmente por la vicepresidenta, y sin objeciones de otros actores del espacio político; 2) una coalición conformada por Cristina Kirchner, Fernández y Massa, con antecedentes de duros conflictos y críticas entre ellos, cuyo único y declarado objetivo era “ganar”; 3) un candidato que declaró descreer de los planes de gobierno y del mérito (lo llamó meritocracia), y que como presidente actúa en consecuencia. La principal oposición, abocada al concurso “Yo quiero ser presidente 2023”, debiera prestar atención a esta circunstancia, porque contiene vicios muy tentadores para campañas de demagogos y permanentes abonados al poder.

Para reflexionar haciendo entendibles para un amplio espectro social los perjuicios generados por repetir por más de cinco décadas políticas y políticos, se apeló a la utilidad didáctica de las metáforas, fábulas e incluso cuentos infantiles relacionados con la magia (ejemplo, la lapicera). La próxima reflexión incursionará en el campo literario en el que prima el misterio, el suspenso, el engaño y la traición: el espionaje y los servicios de inteligencia. A diferencia de los internacionalmente reconocidos, sean o no democráticos, en nuestro país abunda el espionaje local casi familiar, sin inteligencia ni profesionalidad. No sorprende entonces una paradoja de consecuencias graves para la seguridad nacional, por mérito de las rotaciones en los niveles de conducción de burócratas sin formación específica, muchos de ellos defensores o aliados de la impunidad: en la Agencia Federal de Inteligencia (AFI), involucrada en diez causas judiciales simultáneas, nada es secreto.

Buenos Aires, miércoles 22 de junio 2023

La lapicera mágica

El nexo de la política con la sociedad se produce a través de dos elementos: el discursivo y la realidad. Esta última, aún ante crisis extremas, tiene diversas consecuencias según los contextos en los que se mueve cada individuo; en cambio lo discursivo busca impactar masivamente en todos los sectores sociales por igual, sin segmentaciones culturales. El eslogan “la gente”, por ejemplo, es integrador. Su simplicidad conceptual, que abunda en obviedades, frivolidades y promesas, no varía si el discurso o mensaje se emite ante una multitud en una plaza, o ante un selecto grupo de empresarios en un auditórium; solo cambia el léxico. La grieta en este caso, se genera entre quienes poseen fuentes alternativas y fidedignas de información, y los que sometidos a las urgencias de su subsistencia están resignados a la manipulación. Es para este sector vulnerable que quienes pretendan encarnar un verdadero cambio político-institucional deberán diseñar una política comunicacional que utilice el principio del eslogan político en cuanto a simpleza y propagación masiva, pero transmita conceptos entendibles, formativos y veraces que expliquen falacias y planteen un proyecto de gobierno factible, que tenga medidas explícitas de corto, mediano y largo plazo, pues dada .la escasa credibilidad de las dirigencias políticas, las promesas no generarán confianza.  

Oportunamente se mencionó el uso didáctico que proveen las metáforas y las fábulas, que contienen ejemplos o enseñanzas perdurables para nuestra vida de adultos. Sin embargo la presente mediocridad política utiliza un recurso discursivo que se suponía acotado al mundo infantil: la cautivante fantasía de la magia, donde lo ordinario se convierte en asombroso. La vicepresidenta, integrantes de gabinete, gremialistas y analistas políticos, incorporaron a los objetos emblemáticos para lograr sortilegios, tales como alfombras y lámparas, un nuevo ícono: la lapicera. Sea en actos públicos o intercambios epistolares, se le pide al presidente que use la lapicera, supuestamente por sus propiedades para sacarnos de la grave situación socio-económica, a falta de plan de gobierno. Pero como la magia confronta con maleficios, cada vez que Fernández intenta usarla, desaparecen integrantes de su equipo de confianza.

Esta descripción que supone irónica, refleja en realidad una incapacidad madurativa para conducir al país, y explica la mediocridad discursiva y comunicacional que inevitablemente se traslada a los actos de gobierno y contagia a opositores. Un ejemplo cercano a lo delirante, se dio en el festejo de los 100 años de YPF realizado en Tecnópolis. La vicepresidenta, en su rol de hada, luego de reclamarle nuevamente el uso de la lapicera mágica a su designado presidente, hizo mención a la obra del gasoducto que parte de Vaca Muerta, citandoa la empresa proveedora de caños Techint, y formulando consideraciones técnicas adicionales. Tras cartón se manifestó el ministro Kulfas (un debate apasionante fue el de establecer si lo hizo “en off” o “en on”), y cerraron el circuito legisladores opositores presentando una denuncia por presunta corrupción, que cayó en manos del juez Rafecas. Lo absurdo del caso es que todas las opiniones de los altos funcionarios y legisladores involucrados, con decenas de asesores a su disposición, interpretaron incorrectamente los datos técnicos. El presidente en tanto, tras tachar con su lapicera a Kulfas, se fue a Estados Unidos. La confusión alcanzó tal envergadura, que a ningún oficialista se le ocurrió mencionar a Macri como culpable. Esta omisión no cayó bien en Juntos por el Cambio, que celosos por la amplia cobertura mediática de la trama gasoducto en la etapa de construcción de caños (imaginemos cuando se licite la obra civil), montó un atrapante debate con carta abierta incluida entre Macri y Gerardo Morales, para definir si Hipólito Yrigoyen, fallecido hace 89 años, fue o no populista.

A los políticos se los puede acusar de mediocres, oportunistas, deshonestos, pero jamás de ingenuos, pues en tal condición nunca podrían mantenerse por décadas. Cabe preguntarse entonces si la acumulación de espectáculos absurdos, enfrentamientos y mala praxis es una estrategia de distracción popular en medio de una crisis sin soluciones a la vista. Para intentar formular próximamente una respuesta, se apelará nuevamente a técnicas de la propaganda política, direccionada en este caso a crear confusión para ocultar graves realidades..  

Buenos Aires, 15 de junio 2022

Guantes blancos y bolsos negros

Para detectar contradicciones, falacias u omisiones en el discurso político como paso previo a definir posicionamientos, y evitar que los debates se agoten en gritos y descargas emocionales que mantengan a la “grieta” como instrumento para que nada cambie, es recomendable basarse en transcripciones textuales o registros audiovisuales fidedignos. Dos hechos recientes permiten realizar este ejercicio ciudadano: el interesante debate entre Javier Milei y Juan Grabois, bajo el auspicio y moderación de Jorge Fontevecchia, de Editorial Perfil, y días más tarde en un acto en Cañuelas por el inicio de la obra de ampliación de la ruta nacional 3, el presidente Fernández expresando enfervorizado que “está esperando que la Justicia llame a esos ladrones de guante blanco para rendir cuentas», refiriéndose a la adjudicación de obras públicas durante el gobierno de Macri. Ambos casos en apariencia no relacionados, presentan aspectos comunes, ya no desde lo discursivo que supone mensajes encontrados, sino en tangibles referencias al rol del Estado en cuanto a políticas, administración de recursos públicos y corrupción.

El extenso y complejo diálogo entre Milei y Grabois, que se basó en la problemática de la desigualdad y pobreza, resultó enriquecedor desde lo teórico, con referencias al pensamiento de Marx, Keynes, David Ricardo, Mussolini, Perón, Friedman, Carl Menger y Von Wieser, entre otros, y merece ser analizado por quienes ejercen diversas representaciones políticas. Pero fue en el campo de lo concreto (el hoy y aquí), donde surgió una inesperada coincidencia: la defensa de los manteros, a quienes Milei, en nombre de la libertad de trabajar honestamente, expresó que no los desalojaría por la fuerza; destacando la posibilidad de los comerciantes de competir con los manteros en igualdad de condiciones, si sacaran su mercancías a la vereda o no pagaran impuestos, Grabois, sumó esta postura al “laburo de los movimientos populares”, y complacido llamó a esta convergencia entre ambos “alianza táctica”. Cuando en realidad ejemplificaron al discurso político falaz, que sea para agradar o polemizar, oculta los verdaderos trasfondos que lejos de brindar libertad o protección, lucran con el sometimiento. Los manteros, sean inmigrantes ingresados en condiciones de cuasi esclavitud (se mencionó a los senegaleses), o ciudadanos locales urgidos por la pobreza, son explotados por mafias que incluyen a comerciantes con locales propios, los que lucran con falsificaciones a gran escala, y en nombre de la libertad como sueña Milei, los aprovechan en la calle sin costos fijos ni salariales.  Grabois por su parte, integra la proliferación de organizaciones que intermedian recursos del Estado en nombre de “dar laburo”, negociando tras la coacción del piquete con los poderes ejecutivos, ministeriales e intendencias, que institucional y presupuestariamente son quienes deberían cumplir con las obligaciones sociales públicas. Inclusive muchos de esos dirigentes se integran directa o indirectamente al sistema burocrático que critican, usufructuando cargos políticos privilegiados. Conclusión: si algo brilla por su ausencia en la “alianza táctica” entre Milei y Grabois, es la libertad.

En cuanto al enfervorizado y altisonante pedido presidencial para que la Justicia llame a rendir cuentas a los ladrones de “guantes blancos”, se presentan dos falacias: 1) Es contradictorio (o cínico), que el reclamo lo formule quien encabeza un gobierno que destina gran parte de su gestión a lograr la impunidad judicial de los políticos ladrones de “bolsos negros”, con amenazas públicas a jueces incluidas; 2) Asimismo, existen centenares de causas con funcionarios y sus asociados sospechados de corrupción citados a “rendir cuentas”. Pero son los propios acusados que con apoyo político y en muchos casos judicial, utilizan todos los subterfugios posibles para demorar o anular los juicios orales y públicos, que es el ámbito donde se definen inocencias y culpabilidades. Con la novedad de que jueces integrantes de tribunales destinados a llevar adelante un juicio oral, resuelven no llevarlo a cabo, decretando la falta de mérito de los acusados.

Ambos casos ejemplifican falacias discursivas, muchas de las cuales se transforman en hipocresías explícitas. Para no caer en la trampa de las discusiones entre bandas, como sucede en los ámbitos mafiosos para acordar complicidad y definir áreas de competencia, la sociedad más allá de sus ideologías, debe exigir que se juzgue y sancione por igual a los ladrones de “guantes blancos” y de “bolsos negros”.

Buenos Aires, miércoles 08 de junio 2022

Moyano ejemplar

Se suele enmascarar el origen de los vicios de nuestro sistema político,  intentando mimetizar los términos “política” (forma de gobernar y organizar a una sociedad), con “políticos” (personas responsables de ejercer y legalizar los actos de gobierno), quienes diseñan el andamiaje institucional y apañan sus falencias tras verborragias discursivas. Esta problemática se debe explicar con mensajes entendibles por todos los niveles sociales, replicando la estrategia de las clásicas fábulas destinadas a un público infantil, pero cuyas moralejas brindan valiosas enseñanzas para toda la vida. O usando metáforas, que permitan utilizar similitudes entre sucesos pasados popularmente conocidos y el presente, para explicar procesos políticos (ejemplo: asociar las causas del hundimiento del Titanic con las que provocan nuestra crisis económico-social). Existe sin embargo una actividad que no apela a la fábula o a la metáfora, pero ayuda a la comprensión, pues comparte dirigencias, intereses, manejos económicos ruinosos, intermediaciones, delincuencia y corrupción: es el negocio del fútbol. Cabe mencionar como caso testigo la grave crisis económica e institucional del prestigioso club Independiente de Avellaneda, cuya conducción encabeza desde hace más de ocho años el sindicalista Hugo Moyano, catalogado por el presidente Fernández como dirigente ejemplar:

Tras malas administraciones por más de una década, en el 2014 Moyano creyó llegado el momento de tomar la conducción del club, y contó para ello con la colaboración del conocido barra brava “Bebote”, que mediante amenazas al entonces presidente Cantero, forzó su renuncia en abril del 2008. En julio del mismo año Moyano ganó las elecciones anticipadas con el 69% de los votos, acompañándolo entre otros, Noray Nakis como vice 1°, Montaña, Ritondo, y su hijo Pablo en un modesto cargo de vocal. Similitud política 1: desestabilización institucional inicial y diversidad acuerdista en el armado de listas. Durante su gestión se avanzó en obras del estadio con la empresa constructora familiar, surgió como sponsor la empresa OCA, con causas penales por lavado de dinero, y se armó un equipo competitivo que logró la Copa Sudamericana en el 2017, tras un mediocre desempeño en el campeonato local. A fines de ese año estallaron diversos escándalos judiciales, siendo el principal la asociación ilícita entre barras y dirigentes en perjuicio económico del club, causa actualmente elevada a juicio. En diciembre se realizó la elección para renovar la Comisión Directiva, y con el 89% de los votos nuevamente triunfó Hugo Moyano, acompañado por la cúpula del gremio de Camioneros: su hijo Pablo como vice y Maldonado como secretario. Entre los vocales se destaca el gremialista bancario Palazzo. En febrero de 2018 el club juega la Recopa en Brasil con Gremio (campeón de la Libertadores), sin la asistencia del presidente y el vice, quienes en ese día encabezaban un acto público para decidir un paro nacional contra el gobierno. Similitud política 2: tanto el amor por un club como por el “pueblo”, quedan subordinados a las prioridades del poder y del negocio.  

A partir deentonces el club ingresó en una debacle indetenible, con ruinosas compraventas de jugadores, acuerdos contractuales impagables que derivaron en juicios, inhibiciones varias, incremento acelerado de pasivos, ausencia de conducción, y como lógica consecuencia, nulos resultados deportivos. Pese a lo cual Moyano se presentó para la renovación de autoridades el 19 de diciembre del 2021, mientras la Junta Electoral en manos del oficialismo impedía la participación de la lista opositora encabezada por el periodista Fabián Doman, aduciendo errores administrativos. Similitud política 3: sea en política, gremios o instituciones deportivas que proveen contactos y beneficios,  los puestos de poder no se abandonan. La lista de Doman presentó un amparo que suspendió la elección, y transcurridos seis meses, aún no hubo decisión por parte del juez en lo Civil y Comercial Pablo Krawieck. Similitud política 4: donde actúan personajes del poder, la laxitud de los jueces se incrementa.

Facilita la corrupción en el negocio del fútbol la paradoja de considerar a las entidades sociedades sin fines de lucro, pese a que mueven un negocio multimillonario con intermediaciones, barras, negociados y lavado de dinero, sin un serio control estatal. Similitud política 5: se replica lo que sucede en el Estado con la proliferación de cooperativas y fundaciones utilizadas solo para derivar dinero público en pos del enriquecimiento de funcionarios y privados asociados. Durante este proceso de degradación el club solo se “enriqueció” en la cantidad de “barras”; que además de la del retornado “Bebote” Alvarez enfrentada con los Moyano, sumó a las llamadas Somos Nosotros, Los Diablos Rojos y Los de Barracas, que apoyan al oficialismo. Similitud política 6: en el fútbol, como en el país, los clubes se empobrecen pero el negocio de dirigentes y sus asociados, incluidos delincuentes, se mantiene.

Una vez más, el fútbol brinda una excelente plataforma para una clase de política básica. No hay excusas para no entenderla.

Buenos Aires, 01 de junio 2022

20 caras bonitas 2023

En la década del 60, al pie de página de los avisos clasificados de un popular diario aparecía la publicidad de un cabaret del bajo Retiro, con el eslogan “20 caras bonitas 20”. La virtud del mensaje residía en su brevedad, que detallaba identidad (cabaret), tipo de servicio (cara bonita), y cantidad de empleadas (20). Los diálogos intercambiados con los clientes suelen ser superficiales, cargados de obviedades e inútiles grandilocuencias.  

Trasladado metafóricamente este recuerdo a la actualidad política, se observa la ausencia de identidad (partidos y coaliciones cambiantes), caras que acumulan años y fracasos (dirigencias), y excesiva cantidad de empleados (cargos políticos). El cabaret de los 60 no soportó la decadencia y cerró, mientras que su símil administrativo estatal actual, se mantiene en pie sostenido con impuestos de clientes forzosos (ciudadanos). Pero la semejanza más sorprendente entre las “caras bonitas” de entonces y los políticos actuales es la insustancialidad discursiva carente de acciones virtuosas, en muchos casos acompañada con actos político-teatrales en los que predomina el grotesco altisonante. En un contexto social de atraso extremo y pobreza, en estos espectáculos compiten dos compañías: la Gobernante y la Opositora, ambas con personajes de largo recorrido en las penumbras políticas.   

La Gobernante presenta una obra subsidiada por el Estado hasta diciembre del 2023, cuyos principales intérpretes son los afamados Cristina, Alberto y Sergio. La trama se centra en los permanentes conflictos entre quienes conducen al país y sus respectivos colaboradores, pero acotados al campo verbal, dado que todos los personajes se mantienen impertérritos en sus roles públicos, con eventuales rotaciones en sus papeles. El actor más desopilante, que ejerce el rol de presidente, solo atina a jurar que su único enemigo es Macri, actor de la compañía teatral opositora. La experimentada primera actriz aporta sutileza, al filosofar sobre la necesidad de modificar el diseño institucional establecido desde la Revolución Francesa (léase deshacerse de los jueces que actúan contra la corrupción). El tercer integrante, Sergio, permanece encorsetado en el recurrente papel de no ser confiable. Como personajes secundarios se destacan Sergio, un ineficaz ministro de seguridad provincial amante de moverse en moto y helicóptero, que acusa de fracasado al presidente. Y un desaforado apodado Cuervo, que vistiendo una remera que dice Cámpora irrumpe en escena clamando “el gobierno es nuestro”. Quizás el final de la obra sorprenda con todos los intérpretes festejando alborozados haberla mantenido en cartel pese a su mediocridad, y que las deudas acumuladas por sobrecostos innecesarios, incluida la asumida con el malévolo FMI, sean afrontadas por la compañía que inicie la temporada teatral 2023-2027.

Con la intención de ser la elegida, y que todos sus integrantes se salven de una renovada “tierra arrasada”, la compañía llamada Oposición está abocada a un “casting” para elegir a los principales intérpretes de la obra “Juntos por el Cambio”, que por los ensayos preliminares pareciera mantenerse en el campo del grotesco, dado que aún se discute si los intérpretes actuarán juntos y si harán cambios. Como suele ser habitual, entre los postulantes predominan autocomplacencias, sobreactuaciones y celos. La primera víctima fue nuevamente Macri, quien encabezara la cartelera teatral 2015/19. El veterano Morales, cuyas características actorales son similares a las de Sergio, dijo que no lo votaría; la reconocida actriz de carácter Lilita, amante de interpretar roles intelectuales o místicos, expresó su vergüenza por una foto en la que aparecía Macri en el extranjero con un ex presidente. Horacio, principal candidato a encabezar el elenco, temeroso de repetir los papelones de Alberto en la obra en cartel, planteó contar con un apoyo artístico-político del 70%. Postura económicamente inviable, si se considera que cada apoyo implica un cargo, cada uno de los cuales agrega seis puestos políticos más, a ser ocupados por familiares y amigos. Por lo que los costos de puesta en escena no podrían ser absorbidos por los clientes/espectadores/ciudadanos, e impedirían resolver los acuciantes problemas del “querido pueblo argentino”.

Al menos por el presente año, solo cabe esperar que las “caras bonitas” de ambas compañías continuarán practicando la banalidad y el egocentrismo, haciendo recordar lo que Borges escribió en “Utopía de un hombre que está cansado”: “No hablemos de hechos. Ya a nadie importan los hechos. Son meros puntos de partida para la imaginación y el razonamiento”.

Buenos Aires, 25 de mayo 2022

Casta, grieta y discurso

En la primera mitad del siglo XX el leninismo, fascismo y nazismo desarrollaron los principios básicos de la propaganda política, destinada a la manipulación de las masas para sostener gobiernos dictatoriales. Sus reglas sofisticadas con componentes psicológicos tienen plena vigencia en la actualidad. Los avances tecnológicos expandieron y globalizaron la comunicación, pero no modificaron lo conceptual. Conocer dichas reglas, claramente descriptas en el libro “La propaganda política”, que en 1950 escribiera el francés Jean-Marie Domenach, facilitará entender el comportamiento de nuestros políticos, porque con matices vernáculos, las cumplen rigurosamente.   

Un análisis preliminar de nuestra actualidad política podría sustentarse en el trípode de tres términos/conceptos relevantes: casta, grieta y discurso.  “CASTA”, que puede asimilarse a élite y caudillaje, indica una extendida permanencia de clases sociales con fuertes rasgos de nepotismo, que en nuestro caso las representan sectores políticos y sindicales, básicamente a través de permanentes modificaciones de las legislaciones electorales para adaptarlas a sus intereses, tal como sucediera recientemente con la reinterpretación que hizo la legislatura de la provincia de Buenos Aires de la ley que impedía las reelecciones indefinidas de intendentes. “GRIETA” es una metáfora usada para indicar divisiones tajantes en una sociedad, que erróneamente se la plantea atravesando a todos los sectores por igual. En el escenario local, son racionalmente fomentadas desde cúpulas de poder, e inoculadas a las masas para que reaccionen desde lo emocional. En estos ámbitos grietas y castas actuando en simultáneo serían contradictorias, pues no existen grietas sino “pujas de poder e intereses”, que pueden o no ser irreconciliables. Esta realidad se manifestará una vez más en el armado de acuerdos y candidaturas para las próximas elecciones. Otro ejemplo lo ofrecen las manifestaciones piqueteras, que pese a coincidir en sus reclamos, se presentan tras diversas organizaciones identificadas con banderas y remeras. La unidad en los reclamos, no impide pujas (no grietas), entre dirigencias.

Cabe ahora reflexionar sobre el pilar de la propaganda política en su nexo con la sociedad: el “DISCURSO”, que incluye el campo audio-visual. Es en este punto donde surgen diferencias ya no en cuanto a la aplicación de reglas, sino en sus resultados. Nacidas en dictaduras, las reglas que definen los lineamientos conceptuales y operativos a seguir, basa lo discursivo en una opinión única, que para lograrla implica persecuciones a disidentes, cierre de medios, censura, etc. Pero en democracia existen debates, réplicas e investigaciones sobre el poder. En este ámbito de competencia cuando desde el poder democrático no se emiten mensajes unívocos, creíbles y con objetivos coincidentes, no solo se desnudan falacias, contradicciones y necedades,  sino se resta fuerza a la regla del “enemigo único”, que debe instalarse a través de lo discursivo. Así la describe Domenach: “La individualización del adversario ofrece muchas ventajas. Los hombres prefieren enfrentar a personas visibles más bien que a fuerzas oscuras. Cuando se los convence de que su verdadero enemigo no es tal partido o tal nación, sino el jefe de ese partido o de esa nación, se matan dos pájaros de un tiro”. No es casual que muchos autócratas en democracia añoren sistemas de gobierno como los de Rusia y China, con tradiciones políticas milenarias, o los de Cuba, Venezuela y Nicaragua, con locuaces tiranuelos, y ataquen discursivamente a los medios de comunicación.

El presidente Fernández, caracterizado por sus cambios de opiniones en términos de años, meses u horas, pero que en realidad representa a gran parte de las volubles dirigencias políticas argentinas, aplicó consciente o inconscientemente la regla del “enemigo único”. En su reciente gira europea, ante una pregunta en un reportaje,  respondió que con Cristina Kirchner solo tiene algunas diferencias, pero que “su enemigo es Macri”.  Más allá de su inhabilidad para desenvolverse en países extranjeros, no es casual que haya dicho “Macri” y no Juntos por el Cambio. Como tampoco lo es que la oposición hable de Cristina o kirchnerismo, y no del Frente de Todos. La regla del “enemigo único” en nuestro fluctuante desenvolvimiento político, a falta de coherencia discursiva, se utiliza solo para eludir culpas de quienes participan de uno u otro gobierno o coalición, para centrarlas en solo una persona y sus allegados inmediatos. Lo que posibilita que en las próximas elecciones una vez más, los mismos políticos se redistribuyan entre distintos espacios y listas, siempre con cargos bajo el brazo, enarbolando el cínico mensaje de acuerdos patrióticos. La consecuencia, que no es un hallazgo de Milei, es la permanencia de castas políticas, que se presentan solo con estructura e imagen. Por eso cuando el discurso plantea que el próximo gobierno necesitará un consenso del 70%, se debe aclarar si es entre 1.000 conocidos políticos nacionales fracasados, o entre 30 millones de votantes.

Buenos Aires, 18 de mayo 2022

Morales radicales

Una hipótesis para explicar la perdurabilidad de nuestras dirigencias políticas y corporativas responsables de la degradación económica, social e institucional desde hace décadas, es la utilización del peronismo y el radicalismo, inmersos en coaliciones electorales polifacéticas y coyunturales de denominación cambiante, solo como escudos simbológicos.

Abundan análisis sobre el peronismo, que tras la muerte de Juan Perón hace 47 años, de sus principios fundacionales solo mantuvo objetivos de poder, lo que le permite albergar derechas e izquierdas simultáneamente. Esta realidad la sintetizó un peronista histórico como Julio Bárbaro, cuando señaló que “desde la muerte de Perón, el peronismo se convirtió en un recuerdo que da votos”. Pero no se analiza con similar rigurosidad la problemática radical, cuyo emblema principista lo pronunció Leandro Alem en su testamento: “Sí, que se rompa pero que no se doble”. El transcurso del tiempo demostró que muchos de sus dirigentes se rompen, se doblan y se tuercen. El presente reverdecer radical, y el activo accionar de su presidente y precandidato Gerardo Morales cuyo apellido casualmente remite a la moral, virtud enarbolada por los radicales, aconseja algunas reflexiones.  

Vale tomar como inicio de las crisis de los dos partidos históricos la elección presidencial de 1999, en la que la Alianza entre radicales y sectores peronistas derrotó al PJ, sometido a pujas internas entre Menem y el candidato Duhalde. A diez meses de asumido el triunfante De la Rúa, renunció su vicepresidente peronista Carlos Alvarez, dando inicio a una crisis que estalló en diciembre del 2001 con la renuncia del presidente, empujado por sectores duhaldistas y radicales de la provincia de Buenos Aires. En la atomizada elección presidencial del 2003, el PJ concurrió dividido en tres fórmulas, triunfando Carlos Menem con el 24,45% de los votos, pero al negarse a una segunda vuelta, asumió Néstor Kirchner con el 22,24%. El candidato radical Leopoldo Moreau, por su parte, obtuvo el 2,34%. La vulneración de los mandatos populares tuvo un hito en el 2005, cuando triunfó como gobernador de Santiago del Estero el radical Gerardo Zamora, encabezando un Frente Cívico que venía a sustituir al eterno caudillo peronista Juárez. Diecisiete años más tarde la familia Zamora continúa gobernando, pero como adherentes kirchneristas. Ya con las coaliciones transversales como común denominador, en las presidenciales del 2007 con el eslogan “Cristina, Cobos y vos” (nacen los radicales K), triunfó Cristina Kirchner con el 45,29% de los votos. La alianza Lavagna (PJ)-Gerardo Morales (UCR), se ubicó tercera con el 16,91% de los votos, por detrás de Elisa Carrió, apartada del radicalismo. En la elección presidencial del 2011, en la que arrasó la fórmula Cristina Kirchner-Boudou con el 54,11% de los votos, la fórmula Ricardo Alfonsín-González Fraga bajo la sigla UDESO obtuvo el 11,14%. Sin “límites” como candidato, Alfonsín llevó para el cargo de gobernador de la provincia de Buenos Aires a Francisco De Narváez. De esta reseña, se observa que vulnerando el principio de Alem, los candidatos presidenciales radicales Leopoldo Moreau y Ricardo Alfonsín, con cargos bajo el brazo, son hoy firmes kirchneristas. Incluso Alfonsín los representa como embajador en España, pese a que se apropiaron de la condición de símbolo de derechos humanos que era su padre, por haberse destacado como abogado de detenidos durante la dictadura, y como presidente, por los juicios a las juntas militares y a guerrilleros.    

Resumidos los dos partidos históricos mayoritarios, cabe un comentario respecto a las coyunturales terceras fuerzas electorales. El Partido Intransigente creado por Oscar Alende en 1972, y la Unión de Centro Democrático fundado por Alvaro Alsogaray en 1982, (al que pertenecía Sergio Massa), se diluyeron al ser sus principales dirigentes absorbidos por el justicialismo. Situación que actualmente repiten el Frente Renovador y Alianzas Federales, que la experiencia muestra se crean para que sus dirigentes, con caudales de votos insuficientes para triunfar, los conviertan en útiles para negociar cargos y puestos legislativos. Este proceso lo afrontará Milei, cuando deba plasmar su novedad en estructuras nacionales, que seguramente presentarán añejos apellidos políticos. Solo mantuvo una estructura coherente en el tiempo Compromiso para el Cambio fundado en el 2003, pero que igualmente necesita de coaliciones sólidas para ser alternativa de gobierno. Es evidente entonces que en la presente crisis las coaliciones no pueden continuar enmascarándose tras confusos simbolismos o acumulación de apellidos fracasados, sino conformarse con quienes cumplan los requisitos de honestidad, idoneidad para el rol a desempeñar, y un plan de gobierno explícito, cumplible y con apoyos mayoritarios. Comenzando desde ahora.

Buenos Aires, 11 de mayo de 2022