354 políticos y Lousteau

En una sociedad hiperconectada bajo la dinámica de Internet y redes sociales, es necesario rescatar de la hojarasca informativa soportes analíticos simples y fehacientes, que permitan formular argumentaciones entendibles por todos los estratos socio-culturales como si se tratara de un eslogan, pero apelando a lo racional y no a lo emocional. El primer paso es identificar a los máximos responsables para concretar un pacto integral con leyes transformadoras y sustentables, que encaminen favorablemente los destinos del país. Solo 355 políticos tienen el poder de decisión institucional para ello, quienes deberán ser evaluados según conduzcan los poderes ejecutivos y como voten legislativamente, no por sus declaraciones. En torno a ellos, inevitablemente, merodearán presiones, lobbistas, opiniones bien o mal intencionadas, supuestos, rumores, noticias falsas, amenazas y trolls navegando en redes sociales, pero lo socialmente relevante son las políticas que se adopten.

En busca de una simplicidad analítica inicial vale apelar a un recurso lúdico, consistente en que cada uno de los 355 políticos sean fichas que se mueven en un tablero de gestión política con diversas vías para la toma de decisiones institucionales. Cada ficha tiene en el tablero una opción estática para cuando se analiza un discurso individual, y otra dinámica cuando se deba reagrupar a varias fichas según se vote legislativamente, sea para promover cambios o para impedirlos. El juego, para no distorsionar los análisis con polémicas faranduleras que intentan entretener para ocultar las verdades de fondo, no podrá adjudicar a ninguno de los 355 políticos adjetivos peyorativos tales como traidor, panqueque, corrupto o similar, pues el único objetivo es detectar las incongruencias resultantes de la interacción entre discurso, acciones y votaciones, que promuevan interrogantes que deberán clarificar los propios políticos o analistas. Este juego deberá contar, como sucediera hasta ahora con algunos medios escritos de comunicación con los tratamientos de la Ley Ómnibus en diputados y el DNU en el Senado, con la publicación visualmente clara del detalle de cómo votó cada legislador, indicando provincia que representa y espacio político o bloque al que pertenece, poniendo “Otros” en el caso de legisladores fluctuantes. Se describen ejemplos de la opción estática (discurso), y de la dinámica (reagrupamientos políticos según se vote).

En lo discursivo se analizan tres declaraciones del ya avezado Martín Lousteau, presidente de la UCR. 1) Tras no alcanzar el balotaje Juntos por el Cambio, para la segunda vuelta Bullrich y Macri se acercaron a Milei, lo que  generó la inmediata reacción de los radicales Morales y Lousteau, quienes manifestaron en conferencia de prensa su enojo ante esa decisión inconsulta, y declararon la neutralidad electoral de JxC. Pero avanzada la campaña, Morales se acopló al discurso de gobernadores de Unión por la Patria al decir que si ganaba Milei las provincias no podrían pagar los sueldos, y Lousteau señaló que no votaría a Milei, en manifiesta contradicción con la neutralidad que proclamaran. 2) Cuando ya presidente Milei envió al Congreso la llamada Ley Ómnibus, Lousteau declaró que “estaba de acuerdo con el fondo, pero no con la forma”. Sin embargo al momento de votar artículo por artículo e inciso por inciso, quedó en claro que el conflicto de muchos radicales (y otros), estaba en el fondo y no en la forma. 3) En el tratamiento del DNU en el Senado, pese a que casi la totalidad de los radicales votaron a favor de su vigencia, el presidente de la UCR Lousteau, tras  abundar en críticas, votó en contra. Intentó justificarse diciendo que “en privado muchos legisladores que votaron a favor del DNU lo criticaron”. Más allá de la incomprobable veracidad de su afirmación, Lousteau debe aprender que lo importante no es lo que se declara públicamente o en “off”, sino como se vota y se decide.   

Para el ejemplo de fichas dinámicas se considera el rechazo del DNU en el Senado, en el que cabe recordar, cada provincia tiene tres senadores, lo que presupone similar preponderancia entre distritos para definir políticas nacionales consensuadas. Los cinco ex gobernadores que son hoy senadores, de los cuales Uñac y Alicia Kirchner perdieron la elección en sus provincias en el 2024, votaron en rechazo del DNU. De igual modo lo rechazaron los senadores Parrilli, Silvia Sapag y la fluctuante Lucía Crexell, representantes de Neuquén, en la que el gobernador triunfante desalojó del poder tras 40 años al sapagismo. Ante estos reagrupamientos cabe preguntarse, ¿los mencionados actuaron en consenso con los gobernadores electos y priorizando los intereses provinciales?

Como se observará, este juego didáctico no consiste en afirmar o prejuzgar sin datos ciertos, sino en detectar contradicciones o formular interrogantes que deberán ser paulatinamente esclarecidos en el marco de los 355 políticos.

Buenos Aires, 20 de marzo 2024

Unitarios, federales, cielo e infierno

Siempre con el objetivo de que las reflexiones sean comprensibles por todas las franjas socio-culturales, como sucede cuando se aprende a leer y escribir y la palabra PATO debía coincidir con la imagen de un pato, en esta reflexión cabe apelar al popular crucigrama, entretenimiento que obliga a pensar como entrecruzar letras para formar palabras coherentes, situación difícil de encontrar en el discurso político. Desde lo moral se había mencionado al monje Savonarola, crítico de la corrupción en la Florencia de fines del siglo XV, como símil de Milei en cuanto a los adjetivos que se le adjudicaran: disruptivo, virulento, fanático, soberbio. Para lo político vale citar a Maquiavelo, que en la Florencia de entonces actuó como diplomático ante quienes gobernaban en la dividida Italia en permanentes conflictos, lo que le permitió adquirir un conocimiento del manejo del poder que lo llevó a transformar a la política en ciencia, y formular principios con plena vigencia en la actualidad. En este caso las palabras que aportan los gobernadores para armar el crucigrama son las de unitarios, federales, porteños, interior. El hecho de que para encontrar antecedentes de la personalidad de nuestro presidente hubo que remontarse a la Florencia renacentista, y para hallar similitudes con la terminología utilizada por los gobernadores en el presente debate Nación-provincias hay que retroceder hasta los sangrientos conflictos nacionales que atravesaron el siglo XIX, cabe preguntarse si estamos ante renovadas pujas entre príncipes, caudillos o castas, según se prefiera.

Sin embargo es de  desear que un Pacto nacional histórico, virtuoso y transformador sea posible, dado que la responsabilidad recae solo en las máximas autoridades institucionales elegidas para gobernar: el presidente, 23 gobernadores y Jefe de la Ciudad, sin desconocer que sin duda afrontarán la presión de intereses sectoriales y lobistas varios para mantener u obtener privilegios. Para evitar debates estériles respecto a sus antecedentes, y por ejemplo discutir si el gobernador formoseño Insfrán es unitario o federal, es recomendable que invocando a las “fuerzas del cielo”, se perdonen a los 25 funcionarios mencionados todos sus pecados políticos pasados. Perdón que no debiera extenderse, al menos hasta el momento, a los espacios políticos que representan, que sintéticamente llamaremos Unidad (Massa); Libertad (Milei) y Cambio (Bullrich, Rodríguez Larreta). En el caso Unidad, otrora oficialismo, el objetivo era mantener poder sin que nada cambie. Libertad por su parte, presentó a un candidato sin estructura partidaria que propugnaba cambios económicos de compleja implementación, pero que encarnó el hartazgo social. La evaluación de Juntos es más singular, no porque el candidato natural para acceder al gobierno ni siquiera alcanzara el balotaje, sino porque en su rol de oposición no explicitan cuáles son los cambios que proponían y que ahora avalarían, confusión a la que aportan dirigentes del PRO, UCR, Peronismo Federal y Coalición Cívica en sus declaraciones, muchas de las cuales parecieran reacias a todo cambio. Es oportuno entonces recordar indicios que permitan armar el crucigrama, en especial para aquéllos que cuando pierden plantean que el electorado fue engañado.

En La Nación del 16 de abril del 2023, página 2 de la sección Economía, se destacaron las declaraciones de dos precandidatos a la presidencia de la Nación, con foto incluida. Dijo Rodríguez Larreta: “Tenemos que volver al federalismo y dejar atrás al país unitario. Debemos saber cuáles son los recursos que van a Nación, provincias y municipios”. Dijo el precandidato Milei: ”Hay que pasar la motosierra por dónde roba la política; hay que reventar la obra pública y las transferencias discrecionales a las provincias” Resultado: ganó la presidencia Milei, nuestro redivivo Savonarola. Pero Rodríguez Larreta ayuda a comprender la confusión presente que ofrece su coalición para aportar cambios virtuosos. Su frase “debemos saber cuáles son los recursos que van a …” que puede adjudicarse a cualquier político tradicional al momento de formular declaraciones; cuando expresa “debemos saber…debemos conversar…debemos acordar…”, lo que genera una duda: ¿no cuentan con toda la información necesaria cuando se formulan opiniones tras muchos años de gestión? Las sociedad necesita hechos y datos, no pareceres.

Para no repetir errores vale recordar dos antecedentes conocidos. En la reforma constitucional de 1994, a fin de no afectar el objetivo de reelección de Menem, se prorrogó el mandato de elaborar un nuevo régimen de coparticipación hasta antes de la finalización del año 1996. No se cumplió. En noviembre de 2017 el ex presidente Macri suscribió con los gobernadores un convenio fiscal de 11 puntos, muchos de los cuales intentan reeditarse ahora, que en menos de un año fue incumplido. ¿Primará esta vez la racionalidad y veracidad en este nuevo capítulo de una añeja y aburrida historia?

Buenos Aires, 13 de marzo 2024

Milei, Savonarola e indulgencias

Las metáforas facilitan que los análisis subjetivos y opinables se apoyen en hechos preexistentes históricos, y que sean masivamente comprensibles desde lo racional. A fin de reflexionar sobre nuestra coyuntura política, se recuerda a la Florencia de fines del siglo XV y comienzos del XVI para confrontar similitudes y diferencias, que además dispone de un apoyo visual aceptable en la serie “Los Médici” disponible en Flow, que respeta hechos y sitios históricos,

La Italia de entonces se dividía políticamente en ciudades-estado rivales entre sí, como Florencia, Milán, Venecia, Génova, Siena, Nápoles y Roma, asimilables a nuestras provincias, y gobernadas como principados con prácticas de nepotismo, semejantes a nuestra Formosa y hasta hace poco San Luis y Santa Cruz. En la Iglesia Católica asentada en Roma, los Papas pertenecían a familias poderosas como los Médicis y los Borgia, que por tener el monopolio religioso, en esta metáfora podría cumplir el rol del Gobierno Nacional. Quienes conducían las ciudades-estado adquirían el poder por herencia (Rodríguez Saa, los Kirchner), o por las armas, que en nuestra actualidad son electorales, como ley de lemas o listas sábanas, entre otras. En la necesidad de incrementar poder y recursos ajenos (en nuestro caso recursos públicos), los déspotas vivían en permanentes intrigas, enfrentamientos políticos, traiciones y reconciliaciones, por lo que su poder militar era esencial (en nuestro caso clientelismo), y según los conflictos debían reforzarse con fuerzas mercenarias nada confiables, que en nuestra realidad más civilizada son asimilables a políticos y legisladores que permanentemente fluctúan entre distintas coaliciones. En Florencia se destacó el despotismo ilustrado de la familia Médicis, que amasara su fortuna como comerciantes y banqueros, y en carácter de mecenas produjeran un reverdecer arquitectónico, cultural y artístico histórico, que alcanzó su clímax con Lorenzo el Magnífico, generando artistas de la envergadura de Da Vinci, Miguel Ángel y Botticelli entre otros. En este punto la comparación nos es muy desventajosa, dado que el mayor logro de nuestros mecenas fue el lenguaje inclusivo, en el que por ejemplo, a las palabras “todos y todas” había que agregarle “todes”. 

En esa época abundaba la corrupción política y los excesos mundanos en los entornos del poder. La Iglesia, para incrementar sus recursos instaló las llamadas indulgencias, que no perdonaban el pecado en sí mismo, sino que mediante aportes dinerarios eximía a los fieles culpables de las penas que de otro modo deberían purgar, sea en vida o luego de muerto. Indulgencias que en nuestro caso aún se practican en ciertos ámbitos judiciales para mantener impunidades, o  transformarlas en “retornos” que privados enriquecidos por actos de gobierno que los favorecían, aportaban a los funcionarios que otorgaron la gracia. En este contexto irrumpió el carismático y vehemente fraile dominico Savonarola, un Milei de época, que en sermones y actos públicos se sublevó contra la autoridad política y religiosa, predicando violentamente contra el lujo, depravación y vanidades de las élites gobernantes. Su prédica alcanzó una enorme repercusión en el pueblo, al punto que asumió de hecho el poder (no había elecciones populares), cuando en 1494 una revuelta provocó la expulsión de los Médicis. Pero, aun cuando su prédica modificó costumbres y excesos, ante las recurrentes crisis económicas el pueblo comenzó a cansarse de Savonarola, la Iglesia aprovechó para excomulgarlo, y en 1498 terminó quemado en la hoguera. En ese mismo año Maquiavelo ocupa sus primeros cargos diplomáticos en Florencia, adquiriendo una vasta experiencia en complejas negociaciones internas y con Francia, que le permitieron transformar a la política en una ciencia, sin los resabios teológicos de la Edad Media.

Este especial período histórico nos sirve como metáfora y referencia, pues transita del oscurantismo de la Edad Media a la modernidad; del fanatismo y la Inquisición al Renacimiento cultural, y los excesos de la Iglesia derivaron en la Reforma de Lutero y la Contrarreforma católica. ¿Logrará nuestro moderno predicador Milei en contra de lo viejo y corrupto actuar como catalizador de un cambio? Pese a que la hoguera no parece viable, ¿logrará eludir los más civilizados “golpes blandos” que ejecutan sin apoyo militar civiles en defensa de sus privilegios, con el helicóptero como simbología? La palabra la tienen hoy 25 políticos: el propio Milei, 23 gobernadores y el Jefe de la Ciudad.

Nadie más adecuado que Maquiavelo para relacionar el ayer florentino con el hoy en nuestro país, y acudiendo a su promocionado perfil de león aconsejarle a Milei: “conviene que el príncipe se transforme en zorro y en león, porque el león no sabe protegerse de las trampas ni el zorro protegerse de los lobos”.

Buenos Aires, 06 de marzo 2024

Como desvalijar al Estado

Estado es un concepto universal que refiere a una forma de organización política, social y económica conformada por un conjunto de instituciones. En nuestro país se traduce en Gobierno republicano, con un armado burocrático que integran los poderes ejecutivo, legislativo y judicial. En la presente coyuntura, la responsabilidad institucional de plasmar los cambios que la situación económico-social demanda, recae en los 355 políticos que desempeñan los cargos de presidente, vice, gobernadores y legisladores, responsabilidad hasta el momento eludida mediante intercambios faranduleros de agravios, amenazas y grandilocuencias discursivas, que se licúan al momento del armado de listas electorales sábanas, con los habituales reacomodamientos y acuerdos entre otrora acérrimos enemigos. Mientras esta catarsis se desarrolla, vale establecer una hipótesis de la crisis: la sociedad está ante un Estado desvalijado, no por privados amenazando o coimeando a funcionarios públicos como en las mafias de los años 30, sino con funcionarios de alto nivel asociados a empresarios, intermediarios y testaferros, pues nada es más fácil que sustraer dinero público que es de todos para recaudar impuestos, pero pasa a ser de nadie una vez ingresados a las arcas públicas. De este modo se configura lo que Max Weber denominara Estados patrimonialistas, “que dan vía libre al enriquecimiento de sus funcionarios, cortesanos, favoritos, gobernadores, mandarines, recaudadores de contribuciones, procuradores y vendedores de gracias de toda clase”.    

Estos saqueos se facilitan con la creación de un sinnúmero de organismos públicos bajo distintas figuras jurídicas con altisonantes objetivos por fuera de las normas establecidas en la Administración Pública Nacional, a la que los supuestos defensores del Estado acusan de pesada, burocrática e ineficaz. Así surgen organismos descentralizados, unidades ejecutoras, corporaciones estatales u otras variantes, con supuestas autarquías financieras sin controles de gestión, y carentes de interrelaciones horizontales entre áreas de gobierno. Una estructura estatal eficiente es suplida, como en los acuerdos entre los viejos mafiosos, por kioscos autónomos: el juego, las universidades, la cultura, los proveedores monopólicos, mientras se empobrece la calidad de los servicios públicos básicos de educación, salud y seguridad, obligando a que muchos ciudadanos se desangren por tener que recurrir a los del sector privado. Crecen los cargos políticos con altos salarios, se incrementan el número de empleados de planta para financiar estructuras partidarias y disimular tasas de desempleo (en el año 2000 había 2.193.000 empleados públicos, y en el 2023 se llegó a 3.378.000), llegando a un caos organizativo que naturalmente incumple con el principio de que las leyes asegurarán al trabajador “igual remuneración por igual tarea”, establecido en el Artículo 14 bis de la Constitución. Por ejemplo un chofer del organismo público A, puede  ganar mucho más que el del organismo B. Ante estas desigualdades, teorizar hoy sobre los alcances de lo Público y Privado es irrelevante, dado que la obviedad de que la calidad de vida de un país la define un Estado-Gobierno fuerte y virtuoso, sucumbe ante una organización estatal laxa permeable a todo tipo de corrupciones y privilegios, de cuya existencia se acusan los propios políticos, pero más para entretener a la opinión pública que para desactivarlas. No sorprende entonces que en el tratamiento de la Ley Ómnibus, el sofisticado tema de los “Fideicomisos”, como se denominan los fondos públicos con destinos específicos entregados a sectores por fuera de la administración nacional, sin desembolsos planificados y carentes de controles efectivos, tuviera rechazos mayoritarios de todo el espectro político, incluida la izquierda. ¿Se va comprendiendo la causa de que haya 45% de pobres y en crecimiento?

Los hechos de corrupción cuyo conocimiento público se incrementa con los cambios de gobiernos de distinto signo político, exigen planificadas tramas con la intervención de varios actores que no pierden tiempo en superfluos debates ideológicos, y son conocidas en los ámbitos políticos, judiciales, sindicales y empresarios. Tramas que se viabilizan con las continuidades políticas, las impunidades judiciales y la resistencia a sancionar leyes que permitan un rápido decomiso de los bienes sustraídos, acción que ante la actual emergencia importa más que el deseo de que “los culpables vayan presos”. Para desactivar este esquema patrimonialista legalizado por quienes lo usufructúan, vale intentar identificar posibles huevos de la serpiente, a través de dos tipos de semillas: una política, sembrada en los años 90 con la privatización y posterior reprivatización de empresas y servicios públicos, y la otra de manipulación moral, a través de la captación de organismos de derechos humanos y organizaciones sociales con dinero.

Buenos Aires, 28 de febrero 2024

Preguntas políticas estúpidas

Continuando con la metáfora de aprender a interpretar la propaganda y discursos políticos  con ingenuidad infantil, cabe retomar el cuadro publicado en La Nación el 08 de febrero pasado que bajo el título “El giro de los diputados”, indicaba de modo didáctico como votaron 55 diputados que aprobaron la Ley Ómnibus en general, pero luego cambiaron respecto a determinados artículos. La clara presentación visual de la información, se diseñó con el nombre e imagen de cada diputado, partido o bloque al que pertenece (se obvió los distritos que representan, pero el dato se obtiene por Internet),  y cómo votaron individualmente los 13 puntos tratados hasta que el proyecto fuera retirado del recinto. La información cuando es veraz, clara y carente de adjetivos degradantes no es un “escrache”,  pues la explicitación de las votaciones es una obligación de cara a la ciudadanía, pues permite relacionar la votación individual con las representaciones partidarias y provinciales que ostentan, y de este modo formular interrogantes. Distinto es lo sucedido en la legislatura de la provincia de Buenos Aires, que para ocultar responsabilidades en el aumento de impuestos, todos los bloques acordaron votar a mano alzada. Los escándalos pueden entretener pero no esclarecer.

Para persistir en intentar explicaciones simples de comprensión masiva, vale continuar con la metáfora de los aprendizajes infantiles para que la palabra “O-S-O” coincida con la imagen de un oso. Para ello se agregará la acción de preguntar, que en el caso de los niños tiene la virtud de la curiosidad, el deseo de saber; pero como en los adultos muchas preguntas  suponen escasa inteligencia y se las caracteriza de estúpidas, como llamaremos a las que surgen del mencionado cuadro publicado por La Nación. Como punto de partida se tomará al senador radical Lousteau, quien tras la presentación de la Ley Ómnibus y apelando a la estrategia discursiva habitual consistente en plantear con tono sapiente generalidades sin definir aspectos concretos, afirmó que “estamos de acuerdo con el fondo pero no con la forma”. Sin embargo, los extensos y saludables debates legislativos, votaciones y desenlace, mostraron que las diferencias eran de fondo y no de forma. Solo exhibieron uniformidad los legisladores de Unión por la Patria, pero lamentablemente con el objetivo de los gobiernos conservadores: pretender que nada cambie. Las expresiones políticas restantes mostraron una diversidad de criterio llamativa, en la que coexistieron el rechazo a algunos de los trece puntos tratados, con rechazos de casi todos los puntos por parte de otros legisladores. A los efectos de formular preguntas estúpidas, vale concentrarse solo en el punto “h” del artículo 4° (punto 5 en el cuadro), referido a un término nada popular pero que cobró vigencia: “Fideicomisos”.

La complejidad del término no es objeto de esta reflexión, salvo con una observación a futuro: no son una “caja negra de la política” (frase que nada aclara), sino otra burda ingeniería del “Estado que nos cuida”, para sustraer recursos públicos impúdicamente. Lo que lleva a la Pregunta estúpida 1: ¿qué control realizan los legisladores respecto a su administración y destino, o bien, sobre quiénes deben controlarlos?

El punto “Fideicomisos” tuvo 33 rechazos, pero 22 aprobaciones. Entre los 15 integrantes del bloque Hacemos Coalición Federal, hubo 6 aprobaciones (entre ellas la de los experimentados Monzó y Massot), y 10 rechazos. Pregunta estúpida 2: ¿en un Bloque de 16 integrantes, pueden haber tamañas divergencias? En todo caso, ¿con qué argumentaciones?

Integra este bloque la Coalición Cívica, con el elenco estable que dirige la doctora Carrió: Oliveto, Juan López y Ferraro. Los tres votaron igual: 11 rechazos (incluye fideicomisos), una aprobación y una abstención. Pregunta estúpida 3: ¿integran Hacemos Coalición Federal, o es un bloque místico?

En el bloque de la UCR, el punto “Fideicomisos” obtuvo 13 votos a favor y 10 en contra, entre los que se encontraban los tres representantes de Ciudad de Buenos Aires. Pero en el bloque surge una curiosidad: Marcela Coli (La Pampa) y Fernando Carbajal (Formosa), votaron de igual modo, con  12 rechazos y una aprobación. Pregunta estúpida 4: ¿No serán “topos” de Unión por la Patria? 

Hay indicios, no traidores. Y bienvenida la publicidad de los actos públicos para que cada ciudadano formule sus dudas y saque conclusiones. Pero la pregunta más inquietante, que ya no es estúpida, es la frivolidad de repetir como un mantra las palabras “diálogo, acuerdo, consenso”, sin preguntarse sobre qué medidas y para qué: ¿para mantener privilegios y corrupciones público-privadas como hasta ahora, o transformar estructuras empobrecedoras? A nivel nacional tienen la palabra 355 políticos, de los cuales se mencionó a 55.

Buenos Aires, 21 de febrero 2024

Juego infantil con 30 políticos

Para analizar el actual desenvolvimiento político centrado en el tratamiento legislativo de la llamada Ley Ómnibus, es oportuno mantener el principio de la propaganda política, cuyos mensajes breves y de dudosa veracidad buscan ser masivamente entendibles, pero apelando a lo emocional en busca de subyugar. Principio que puede ser útil de ser aplicarlo a lo racional y formativo como sucede cuando se aprende a leer y escribir, para lo cual la palabra O-S-O debe coincidir con la imagen del oso, y P-A-T-O con la del pato. Para tal objetivo se puede plantear un juego compuesto de fichas divididas en tres cajas:

La caja “Políticos”, incluye 30 fichas con el nombre de legisladores en ejercicio que tienen actuación política desde hace décadas, muchos de ellos ex gobernadores: Corpacci, Juez, Alicia Kirchner, Ledesma de Zamora, Loustau, Manzur, Mayans, Parrilli, Recalde, Sapag, Suárez y Unac en el Senado. Barletta, Bordet, Casas, Cobos, Máximo Kirchner, López Murphy, Monzó, Moreau, Palazzo, Pichetto, Ritondo, Santilli, Snopek, Stolbizer, Soria, Valdés, Vidal y Yasky en Diputados.

La caja “Ideologías” posee 10 fichas con las supuestas variantes ideológicas que pululan en los análisis y discursos: radicalismo, peronismo, kirchnerismo, radicalismo K, peronismo federal, socialismo, desarrollismo, marxismo, populismo y neoliberalismo. Quien tenga dificultades para definir diferencias, puede usar como comodines la izquierda, el centro y la derecha.

La caja “Partidos, Coaliciones y Bloques legislativos”, se integra con 10 fichas con los Bloques actuales más representativos: Unión por la Patria, Juntos por el Cambio, La Libertad Avanza, Frente de Todos, PRO, UCR, Coalición Cívica, Hacemos Coalición Federal, Hacemos por Nuestro País e Innovación Federal. (nótese que a estos tres últimos bloques nadie los votó).

Puestas todas las fichas sobre una mesa y acorde a los antecedentes de los últimos veinticinco años, se verificará que es casi imposible encontrar una asociación coherente entre político, ideología y partido/bloque, situación que se transparenta cada dos años en el armado de las listas electorales. En el ejercicio de detectar las causales, un punto de partida razonable es el resultado electoral nacional del 22 de octubre pasado, que incluía una renovación legislativa parcial. La campaña, como mostraron los debates y como ya es habitual, careció de programas de gobierno con propuestas concretas, omisión que como ahora, se intentó disimular a través de intercambio de agresiones, amenazas y grandilocuencias farandulescas, incluido místicas. Massa exhibió un fuerte apoyo de las corporaciones relacionadas a prebendas y recursos públicos; Bullrich una hibridez interna que nunca terminó de explicitar los cambios (Larreta como precandidato, en un reportaje en Clarín el 26/02/23 expresó “Necesitamos en 100 horas, tomar 1.000 medidas”), y Milei formuló transformaciones con complejas resonancias académicas en lo programático, como la dolarización, pero potenció su identidad con un eslogan que interpretó el hartazgo social, al plantear terminar con las viejas castas de dirigentes. El resultado electoral ubicó primero a Unión por la Patria con el 36,58% de los votos, alcanzando el total de 138 legisladores; Libertad Avanza con el 30,04% y 46 legisladores, y fuera del balotaje, Juntos por el Cambio con el 23,85% y 116 legisladores. Datos duros que permiten tres deducciones: 1) ya desde octubre se conocía la debilidad legislativa de Milei; 2) el sistema electoral vigente impide al votante que tradicionales “castas” se mantengan en el poder legislativo; 3) el trípode conformado por las tres coaliciones que sumadas alcanzaron el 90,47% de los votos, hoy no existe. La segunda vuelta electoral el 19 de noviembre careció de sofisticaciones analíticas: el 55,69% de Milei respondió a un deseo de cambio y hartazgo social, y el 44,30% de Massa albergó continuidades corporativas para los negocios y subsidios como contención social. Cabe suponer que nadie pensaba que se votaba a coaliciones coherentes o a estadistas.

Paradójicamente esta liquidez abre un sendero difícil pero esperanzador si la información basada en datos estructurales veraces predomina por sobre los cruces de opiniones volcadas más al escándalo recreativo. La publicación en el diario La Nación del jueves 08 de febrero,que mostró en sus páginas 12 y 13 como votaron 55 legisladores los primeros 13 puntos de la Ley Ómnibus, por su claridad didáctica y visual, se asimila a la metáfora del juego infantil para analizar hechos políticos de modo comprensible, constatar que no todos los diputados están en un pie de igualdad en cuanto a sus votaciones, y saber que el término “traición” se aplica en acuerdos claves incumplidos entre líderes, pero en política legislativa lo correcto es hablar de “juego de intereses no explicitados públicamente”, incluidos los personales. Lo relevante, es que el actual debate y polémicas entre ejecutivo, gobernadores y legislativo, confirma que la atención ciudadana debe concentrarse en los 355 políticos que a nivel nacional tienen las responsabilidades institucionales y capacidad de decidir las imprescindibles transformaciones, siendo Milei la cabeza.

Buenos Aires, 14 de febrero 2024

Imágenes falsas y verdaderas

De los 355 elegidos por el voto popular (algunos en forma directa y otros a través de listas sábanas), que para evitar polémicas inútiles metafóricamente recibieran un perdón general por sus responsabilidades pasadas excepto las penales, 283 de ellos (pues se excluye a los 72 senadores), continúan debatiendo la llamada ley ómnibus, y por vías judiciales el decreto de necesidad y urgencia. Con el objetivo de que las aprobaciones y rechazos estructurales finales se transmitan a la sociedad de modo que sean masivamente comprendidas y sin intermediarios políticos interesados, vale continuar marcando aspectos de la comunicación política y sus técnicas propagandísticas, que suelen conspirar contra este deseo. Jean-Marie Domenach, en su reconocido libro “La propaganda política” del año 1950 (posguerra), señalaba que “sin actos que la apoyen, una propaganda no pasa de ser un mero verbalismo que crea ilusiones peligrosas”.  

Mencionados los principios del “eslogan”, cabe hacer referencia a un aspecto que preocupa a quienes  ejercen los vértices del poder o pretenden ejercerlo: la “imagen”. Concepto que aparece banalizado por las recurrentes mediciones fluctuantes de imagen, utilizadas cual elixir medieval para opinar que oposiciones destituyentes están a la espera de la baja de imagen de un gobierno y/o su presidente para endurecer sus acciones. Esta insustancialidad queda reflejada en la precisa definición de Maquiavelo, cuando refiriéndose al príncipe dijo que “los hombres en general juzgan más por los ojos que con las manos, porque todos pueden ver, pero pocos tocar. Todos ven lo que pareces ser, más pocos saben lo que eres”. Con el desarrollo de los medios de comunicación visual (es usual la referencia al primer debate presidencial  televisado entre Kennedy y Nixon en 1960), se potenció la preocupación por la imagen en los equipos de consultoría política, con un rol que bien describiera el especialista Hugo Haime en su libro “La imagen del poder”, del año 1997: “La habilidad del consultor no está en pensar cómo convierto a mi cliente o candidato en algo que la gente está dispuesta a comprar, sino en potenciar aquellos puntos fuertes que le permitan ser positivamente percibido por el electorado, tratando de neutralizar los aspectos negativos”. Aplicada esta definición a nuestro contexto político, la predominancia de aspectos negativos explica la dificultad de los consultores para armar una imagen consistente de quienes desde hace tres décadas son responsables de los fracasos económicos-sociales y fluctúan entre diversos espacios de poder.  Posiblemente este haya sido el desbalance que en cuanto a imagen, se produjo entre Larreta, Bullrich, Massa, muchos de sus asociados, y Milei.

Pero minimizada su influencia en cuanto a instrumento de valoración individual de dirigencias vastamente conocidas, la imagen adquiere un fuerte impacto ante la opinión pública cuando exhibe hechos políticos que tampoco se pueden “tocar”, como diría Maquiavelo, pero salvo que sean trucadas, otorgan un grado de veracidad que no poseen los discursos y los eslogans. Cabe citar dos ejemplos. En el campo de la corrupción, la icónica imagen del ex subsecretario de Obras Públicas José López intentando ocultar a medianoche y acompañado de una ametralladora, un bolso con nueve millones de dólares en un supuesto convento, transparentó en pequeña escala el volumen económico de la corrupción estatal-privada. En cuanto a lo gremial, fotografías y filmaciones mostrando a añejos dirigentes participando y aplaudiendo de pie el 29 de octubre pasado al candidato Massa en un acto de campaña, para tan solo 88 días más tarde, un 24 de enero, los mismos dirigentes denostar desde un palco al gobierno asumido el 10 de diciembre, confirmó la enorme resistencia que ejercerán los sectores corporativos privilegiados ante cualquier cambio que los afecte, con un detalle desde lo .discursivo: dichos sectores privilegiados no atacan solo los artículos que los afectan, lo que los expondría a un debate específico y público, sino plantean rechazar la ley y el decreto en su totalidad.

Para encubrir esta estrategia, los intereses corporativos con acciones callejeras de apoyo, mutaron en sagaces constitucionalistas y simulan haber leído todos los artículos de la ley y del decreto, para concluir que atentan contra los intereses del pueblo. 

Buenos Aires, 07 de febrero 2024

Letras y números dispersos

En la etapa infantil en la que se aprende a leer y escribir, que iguala a todos los sectores sociales, se enseña que el lenguaje se conforma con letras que deben ordenarse adecuadamente para formar palabras, oraciones y conceptos, y que para realizar operaciones matemáticas los números se relacionan a través de signos tales como suma, resta y otros; en ambos casos los procesos responden a reglas predeterminadas. Para diseñar mensajes, las propagandas políticas intentan mantener esta uniformidad de origen, pero no recurriendo a lo racional (pensar/aprender), sino a lo emocional (adherir/creer), como sucede con el eslogan. Pero cuando el mensaje en lugar de responder a un planificado diseño político se transforma en expresión de un hartazgo social generado por crisis económicas sistémicas bajo las mismas clases políticas y con una alta corrupción, las consecuencias son inmanejables. Ello explica que Milei no fuera elegido por el 56% de los votantes por ser anarco-capitalista o adherir a la llamada escuela austríaca cuyo mayor exponente es el economista, jurista, filósofo y premio nobel Friedrich Hayek, sino por haber caracterizado en su prédica a las viejas dirigencias como castas enriquecidas y ladronas.

Pero terminada la etapa electoral, y para continuar con el espíritu de que las opiniones y mensajes sean masivamente comprensibles, a las actuales palabras y números les falta sustentarse en una clara explicitación de la organización institucional que los interrelaciona y ordena en base a datos “duros” fehacientes, sea en lo estructural-burocrático (ministerios, organismos, agencias, institutos, empresas públicas, sociedades de derecho privado), y en lo operativo-numérico (funciones, personal, erogaciones, relación costos-beneficios sociales, resultados), imprescindibles para formular y explicar políticas consistentes y adoptar decisiones. Esta información la posibilita el desarrollo digital y la “Big Data”, que permite acceder a un gran volumen de datos con rapidez, por lo que esta falencia que se transparenta en los cambios de gobierno de distinto signo y abarca a todo el arco político, es producto de un secretismo que necesariamente deriva en corrupción, porque se practica para ocultar datos o asuntos que debieran ser de acceso público. La magnitud del problema la marca que a nivel nacional y considerando los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, se estima, pues no hay información oficial, que existen unos 8.000 cargos políticos.

Esta desinformación, que se replica en los gobiernos provinciales y municipales, permite que ante intentos de desactivar privilegios, los saqueadores de recursos públicos griten el eslogan “la Patria está en peligro”, o simulando indignación, declaren “con los viejitos jubilados no”, mientras mantienen vigentes los regímenes jubilatorios especiales. Mucho más relevante y formativo para la sociedad sería que por vía internet cada organismo oficial publique su estructura jerárquica, personal con sus funciones e ingresos, y como corolario, acciones de interés público concretadas y en gestión, para que cualquier ciudadano pueda juzgar por si mismo cuando “la Patria está en peligro”, y cuando lo están las corruptelas y privilegios.  Esta crucial tarea informativa solo la realizan parcialmente y con dificultades organizaciones privadas y periodísticas.

En cuanto  a la “debilidad” de Milei pese a haber obtenido el 56% de los votos, cabe considerar que existieron señales de cambio precedentes como las derrotas electorales provinciales de expresiones caudillescas, como en San Luis, Chaco y Santa Cruz entre las más representativas, que dejaron crisis económico- sociales extremas como las recibidas por Milei a nivel nacional. Otro aspecto no menor, es que las dos expresiones electorales predominantes desde hace dos décadas, como Unión por la Patria y Juntos por el Cambio según sus últimas etiquetas aún vigentes, terminaron licuándose para mutar en variopintos y fluctuantes bloques legislativos con creativos nombres pero conocidos personajes. Esta situación cabe considerársela como una oportunidad, siempre y cuando se asuma que la responsabilidad para definir un futuro de país recaerá en los 355 elegidos a nivel nacional para ejercer un poder institucional, por lo que lo relevante será evaluar las decisiones concretas que adopten, por sobre sus escarceos verbales que poco esclarecen y nada solucionan.

Buenos Aires, 31 de enero 2024

Fuerzas del cielo y del infierno

Para acompañar como simples ciudadanos los cambios estructurales imprescindibles, en la última reflexión del 2023 se planteó la necesidad de que los análisis y argumentaciones políticas, con independencia de la complejidad de los temas a tratar, sean comprensibles por todos los sectores socio-culturales por igual. Este objetivo se aplica en los eslogans, que son instrumentos de la propaganda y discurso político que se diseñan con frases breves y contundentes que buscan convencer masivamente, sin que sus veracidades sean verificables. Pero dicha masividad permite explicar más sencillamente sus contradicciones, falacias y plantear interrogantes. En la tarea también pueden servir las metáforas adecuadas, como el recuerdo del famoso libro UPA de la década del 40, con el cual aprendieron a leer y escribir varias generaciones asociando palabras con imágenes (la palabra O-S-O se acompañaba con la imagen de un oso), que sirve para entender que en el discurso político la correlación entre palabra y realidad, al igual que en los eslogans es poco habitual.  

Ya instalados en el 2024, cabe comenzar por la recurrente invocación del presidente Milei a la ayuda de “las Fuerzas del Cielo” para el desempeño de su gestión, lo que como contrapartida supone la existencia de “las Fuerzas del Infierno”, posibilidad planteada por el propio Papa Francisco, al reconocer la presencia del diablo en la tierra, que en vista de la pobreza y degradación de vastos sectores sociales en contraposición con el enriquecimiento de funcionarios, sindicalistas, empresarios e intermediarios defendiendo “al pueblo y a los pobres”, cabe pensar que en nuestro país los diablos abundan. Las reflexiones al respecto evitarán las abstracciones, identificando con nombres a quienes integran las fuerzas en pugna. Dado que la Biblia habla de varias bestias del Apocalipsis que bajo el número 666 se asocian al diablo, para nuestro contexto político se puede establecer el número 355 para identificar a quienes protagonizarán la lucha entre el bien (interés general), y el mal (corrupción y privilegios), al estar conformado por el presidente, vice, 23 gobernadores, jefe de la ciudad y 329 legisladores nacionales, quienes poseen la cuota de poder necesaria para concretar las transformaciones virtuosas, imprescindibles y sostenibles para nuestro país. Obviamente, alrededor de ellos se moverán intereses y personajes secundarios que aconsejan, influyen, presionan, amenazan o pervierten, pero no deciden.

Por ser ampliamente conocidos la mayoría de los nombres, antecedentes y entornos político-familiares de los 355 elegidos, la gravedad de la situación económico-social del país aconseja ejercer inicialmente la virtud del perdón respecto a los pecados pasados de todos ellos, excepto los penales, por dos razones: evitar caer en el oscurantismo inicial de “las grietas”, y la imposibilidad de catalogarlos ideológica y partidariamente, considerando sus permanentes fluctuaciones y realineamientos. Es más razonable juzgarlos de ahora en más. También se deberá tener presente que tanto los querubines celestiales como los demonios malignos suelen subyugar con sus discursos, y apelar a actuaciones y declaraciones públicas farandulescas para distraer y ocupar titulares marketineros que no solucionan las urgencias del país. Tal los casos del gobernador Quintela amenazando renunciar si triunfaba Milei, y del gremialista Pablo Moyano manifestando su preocupación “por el avance de la derecha”. La única defensa ante estos sortilegios dialécticos es evaluar cómo argumentan, actúan y votan (o se ausentan para no votar), según corresponda, los 355 elegidos. En principio atravesamos un halo místico inédito: jamás desde 1983 se registró en enero tan arduo trabajo de legisladores, y de tantos jueces habilitando sus juzgados para recibir amparos. ¿Serán las fuerzas del Cielo o picardías del Infierno?

Para concluir, cabe referirse al recurrente eslogan “luna de miel del presidente que asume”, repetido por conocidos analistas de distintas ideologías en relación a Milei, resaltando en simultáneo su debilidad política pese a haber triunfado en 20 provincias sin estructura partidaria, y por más de 11 puntos sobre la opción Massa, quien aglutinara a derechas, izquierdas, empresarios, intelectuales, gremialistas y dirigencia de la AFA. Ante lo cual convendría incursionar en la hipótesis de que en realidad la sociedad terminó su extensa luna de miel con vetustas dirigencias aferradas a privilegios empobrecedores, siendo el fenómeno Milei una mera resultante. Los 355 elegidos tienen la palabra.

Buenos Aires, 24 de enero 2024

Adornos navideños políticos

En un cierre de año coexisten balances de lo transitado y expectativas sobre el futuro. Para las reflexiones políticas, la brevedad y simplicidad de los eslogans y frases hechas grandilocuentes servirán como punto de partida para formular análisis más profundos, pero igualmente entendibles por todos los niveles socio-culturales en simultáneo. Para lograrlo se deberá individualizar a los responsables políticos de diseñarlos y propagarlos, en lugar de detenerse en segundas líneas que solo los repiten. El valor de esta personificación se basa en la regla propagandística llamada “del enemigo único”, basada en que los humanos prefieren enfrentar a personas visibles antes que a oscuras abstracciones. Lo señalado explica porque para críticas, en lugar de referirse a Juntos por el Cambio o al PRO es más contundente decir “macrismo”, o que para entender el devenir electoral del Frente para la Victoria, Frente de Todos y Unión por la Patria entre el 2003 y el 2023, sea necesario decir “kirchnerismo”. Esta anomia es producto de la pérdida de la condición de partidos estables y coherentes de la UCR y el PJ, reemplazados por etiquetas electorales de coyuntura que devienen en análisis políticos confusos, como mezclar peronismo, menemismo y kirchnerismo sin definir si son o no sinónimos, por lo que cabe pensar que no es lo mismo decir “peronismo”, que involucra a la memoria de Perón en las malas praxis actuales, que decir “peronista”, en la que la adhesión individual a Perón se justifica. De allí la necesidad de acoplar a la abstracción grandilocuente de los eslogans la personificación de quienes los elaboran y promueven.

Definir la “personificación” de quienes tienen las máximas responsabilidades políticas exige un ordenamiento jerárquico y cuantitativo, que se puede expresar con la metáfora de un árbol navideño llamado Argentina, decorado con 355 esferas divididas en dos colores: las azules identifican a 26 cargos ejecutivos (presidente, vice, 23 gobernadores y jefe de gobierno de la Ciudad), y las rojas a los 329 cargos legislativos (257 diputados y 72 senadores). Sobre estos 355 políticos recaerá el compromiso de generar los cambios estructurales virtuosos necesarios para afrontar las urgencias presentes, y trazar una institucionalidad consistente a futuro. La diferenciación por color responde a que nuestra manipulada legislación electoral personifica y cuantifica en votos a los elegidos para cargos ejecutivos (la excepción es la ley de lemas), mientras que los legisladores acceden a través de listas sábanas que quitan al ciudadano la capacidad de elegir, por lo que en la práctica muchos de ellos responden a quienes los ubicaron en las listas, o conforman mini bloques que nadie votó, o pasan de una coalición a otra, o se convierten en libres negociadores. Esta liquidez ideológico-partidaria es la que, más allá de los saludables debates públicos, exige concentrar la atención pública en las 355 esferas navideñas políticamente decisorias, poniendo en suspenso en lo inmediato debates estériles sobre los antecedentes individuales de cada legislador, para concentrarse en sus desempeños actuales.

El mega decreto desregulatorio anunciado por Milei el 20 de diciembre, con independencia de sus diversas y discutibles facetas brinda un ejemplo de la usual disociación entre eslogan y objetivo encubierto, al desnudar inicialmente un rasgo de las resistencias corporativas a los cambios que las afecten: el uso de la hipocresía.  A horas de emitido, sectores políticos, corporativos y hasta vecinos caceroleros mutaron en eminentes constitucionalistas, pese a convivir con un sistema político que promulgó desde la reforma constitucional de 1994 más de 780 DNU sin que fueran verificados por el Congreso, y que no cumple los fallos de la Corte Suprema, sometiéndola inclusive a un trámite de juicio político. Esta hipocresía presenta el desafío de recuperar la institucionalidad a futuro rompiendo con la trampa de repetir lo malo que “antes se hizo”, pero sin facilitar por ello los intereses de beneficiarios de prebendas y corrupciones a costa del erario público, que impedidos de promover el eslogan “nuestras prebendas y privilegios están en peligro”, están hoy unidos bajo el grito “¡Viva la Constitución, carajo!!”.

Aún quienes no profesen la costumbre del árbol navideño o sea muy pequeño para replicar las 355 esferas políticas colgadas en el árbol Argentina, al momento del brindis deberían tenerlas presente pues definirán nuestro futuro.

Buenos Aires, 27 de diciembre 2023

Próxima newsletter miércoles 24 de enero 2024