El pueblo votará, ¿los legisladores representarán?

Para cumplir con el mandato que señala que “El pueblo no delibera ni gobierna, sino por medio de sus representantes y autoridades creadas por esta Constitución”, en la presente elección legislativa se renovarán la mitad de los diputados y un tercio de senadores nacionales, quienes junto a los que permanecen en sus bancas, y quienes presiden los ejecutivos provinciales y el nacional, son los 355 políticos responsables de establecer el diseño y políticas del Estado. Este principio es vulnerado cuando los partidos políticos, intermediarios inexcusables para el acceso del pueblo al gobierno, y el sistema electoral, son permanentemente manipulados para minimizar el poder del voto ciudadano, y propender a extensas continuidades políticas.

La creación de un partido político implica  cumplir con una serie de requisitos ante el Juzgado Federal con competencia electoral en el distrito en el que se pretenda actuar, entre ellos verificar la legitimidad del padrón y certificar su actividad y existencia en el tiempo. La irrupción de un sinnúmero de partidos con creativas etiquetas, hace suponer que este control democrático es limitado. Al punto que las confusiones alcanzan a los medios de comunicación, describiendo, por ejemplo, a la novel creación Provincias Unidas, como armado, espacio, partido o frente simultáneamente.  En cuanto al sistema electoral, durante este año se modificaron calendario, requisitos de participación, y hasta candidatos. Asimismo, urge definir si las bancas deben pertenecer al partido o al legislador, dada la profusión de fugas y armados de bloques legislativos que nadie votó, burlando el principio de representatividad ciudadana. Un caso patético lo protagonizaron la legisladora operadora Marcela Pagana y su acompañante Lourdes Arrieta, que ingresadas por el oficialismo armaron un bloque opositor, y se abrazaban exultantes cuando con sus votos perjudicaban al gobierno. La saludable implementación de la boleta única electoral para cargos nacionales, presenta a 17 partidos en Caba, y 15 en provincia de Bs. As., que no elige senadores. Cantidades que no expresan diversidades programáticas, sino apetencias personalistas que generan confusión al elector. Estas distorsiones se reflejaron en una campaña electoral carente de ideas y calidad comunicacional, que priorizó el “ombliguismo” político, bajo el cual los candidatos se cruzaban mensajes acusatorios y superficiales, pasando los ciudadanos a ser meros espectadores. Por ello, para evaluar al resultado electoral y posterior desenvolvimiento político, se apelará al recurso didáctico de presentar metafóricamente a las tres principales ofertas electorales como menús: pasta (oficialismo); pollo (oposición cerrada), y sopa (ni uno ni otro).

La versión “pasta” (oficialista), novel en cuanto a “expertise” político y armado de listas, sumó a su debilidad numérica, legisladores que abandonaron el oficialismo para constituirse en creativos bloques independientes. Respecto al triste caso Espert, urgen normas electorales que exijan que los candidatos expliciten sus antecedentes educativos, laborales y judiciales, previamente a su oficialización.   

La opción” pollo” (oposición cerrada), es la que presenta mayor consistencia en su sabor, producto de haber gobernado durante 16 de los últimos 22 años, y mantener las mismas ideas, vicios y candidatos, con algunos aderezos nuevos, como el empresario Urtubey en Salta, y el gerenciador de necesitados Grabois en la provincia de Bs. As. Por tal razón, el que pida pollo, recibirá el pollo tradicional.

La opción “sopa” basa su marketing en no ser pasta o pollo. Dado que el nombre de esta opción se conocerá el 26 de octubre, se la ejemplificará con la reciente marca lanzada al mercado bajo el título Provincias Unidas,  pero con históricos ingredientes. Schiaretti encabeza la lista de diputados nacionales en Córdoba,  Randazzo, Stolbizer y Monzó en provincia de Bs. As., e incorporaron a Lousteau en CABA. Todos ellos con no menos de tres décadas de actuación política, lo que ofrece algunas curiosidades. Desde el retorno de la democracia, la diputada Stolbizer participó cronológicamente en la UCR (Alfonsín); Coalición Cívica (Carrió); Frente Amplio (Binner), Un País (Massa), Consenso Federal (Lavagna), Juntos por el Cambio (Macri), y ahora Provincias Unidas (Schiaretti). El caso Lousteau es inédito; presidente de la UCR, no se presenta como candidato por el partido que preside. Para esta pretendidamente innovadora experiencia líquida, cabe recordar a la otrora pasta Juntos por el Cambio, conformada por la coalición entre el PRO, UCR y Coalición Cívica, que se mantuvo incluso en su derrota ante el kirchnerismo en el 2019, y era firme candidata a retomar el poder en cabeza de Rodríguez Larreta. Se transformó en sopa con su interna. En la presente elección nacional parte de sus ingredientes se comercializan, entre Capital y Provincia, como sopas en sachets diferenciadas en ocho sabores: 1) Bullrich; 2) Lousteau y Ocaña; 3) Campagnoli, Reyes y López; 4) Lopez Murphy; 5) Stolbizer; 6) Manes; 7) Guelar; 8) Rodríguez Larreta y Taglaferri, que en diciembre ingresarán como legisladores en el gobierno de la Ciudad. Si consideramos que los citados, hasta que no se demuestre lo contrario son penalmente honestos y experimentados, es de suponer que lograr acuerdos trascendentales, transformadores y sostenibles en beneficio de la sociedad, no será nada fácil. Ya lo expresaba Maquiavelo: “Los males que nacen del Estado, cuando se los descubre a tiempo, lo que solo es dado al hombre sagaz, se los cura pronto; pero ya no tienen remedio cuando, por no haberlos advertido, se los deja crecer hasta el punto de que todo el mundo los ve”

Los políticos deberán asumir que sus desatinos y egoísmos de las últimas décadas, todo el mundo los ve.

Buenos Aires, 22 de octubre 2025