Tres menús políticos en la mesa

El 26 de octubre se definieron los ingredientes de los tres menús políticos metafóricamente llamados “pasta” (oficialismo); “pollo” (oposición cerrada), y sopa (ni pasta ni pollo), en base a los cuales se reflexionará acerca del devenir institucional hasta las elecciones presidenciales del año 2027. La metáfora, lejos de ser una humorada, plantea opciones popularmente reconocibles, imposibles de lograr con etiquetas partidarias carentes de identidad que varían en cada turno electoral, al punto de que ni siquiera les es aplicable la elemental diferenciación entre izquierda-centro-derecha, y menos aún, asociarlos a nombres políticos acostumbrados a ser intercambiables en cada turno electoral. Sin embargo el resultado del domingo 26, no generó una opción “sopa” representativa para lanzarla al mercado, producto del fracaso de Provincias Unidas.

Según los porcentajes finales, la opción pasta (oficialismo LLA) obtuvo a nivel nacional el 40,74% de los votos; la opción pollo (oposición cerrada FP) el 31,66%, y la opción sopa (ni pasta ni pollo) de Provincias Unidas, el 6,99 % de los votos, pero integrada por seis gobernadores de diversos orígenes partidarios, que salvo el de Corrientes que triunfó por solo el 1,23% por sobre la opción pasta, perdieron en sus provincias, saliendo inclusive sus candidatos terceros en Chubut y Santa Cruz. Ni hablar en Córdoba, en donde un poco conocido candidato pasta de apellido Roca, triunfó por 14 puntos sobre Schiaretti. Y como efecto colateral, facilitaron el ingreso como diputado del ingrediente en sachet Lousteau con un exiguo 6,01% de los votos, representando a otro espacio pese a ser presidente de la diluida UCR. Debido a estas fallas de origen, se considerará a la opción sopa como resultante de la suma del resto de los partidos minoritarios, que incluye a los no confiables ingredientes que accedieron a la banca por un partido y armaron bloques propios, que en total alcanzan el 27,60% de los votos.

Una vez más, las encuestas no reflejaron realidades cuantitativas con razonables márgenes de error, pese a que rutinariamente se publican encuestas de validez incomprobable, con milimétricos indicadores relacionados a imágenes de políticos, prioridades ciudadanas y sus estados emocionales, entre otros temas. Por ello sería recomendable no utilizarlos para sustentar opiniones personales, tales como “el 52% de la gente dice que…”, porque sería un recurso que responde al principio propagandístico de unanimidad, destinado a convencer que se piensa “como toda la gente”. Un buen analista, debiera convencer mediante argumentaciones consistentes. En cuanto a la clara, ordenada y comprensible presentación gráfica que algunos medios hicieron de los números reales de la votación en todo el país, distribuidas por categorías, provincias y coaliciones, es ejemplo de que puede informarse cumpliendo con un fin cívico masivamente formativo, a partir del cual pueden elaborarse análisis e hipótesis. Un caso opuesto fueron las opiniones del gobernador Kicillof y el intendente Secco, entre otros, quienes plantearon que la lista única de papel provocó confusión en muchos votantes, desnudando el menosprecio que sienten por la gente común a la que dicen defender, y en realidad, añoran manejar.

Finalizada la campaña, se debe recordar la paupérrima propaganda política presentada, no por falta de “ideas” en plural, sino de identidad política en particular. Sus reglas básicas plenamente vigentes, aún dentro del mundo digital, nacen con los sistemas totalitarios de las primeras décadas del siglo XX, en la secuencia Lenin, Trosky, Mussolini, Hitler y Goebbels, basados en que el fin de la propaganda no es enseñar, sino convencer a las masas, por lo que los mensajes se diseñan para impactar en las mentes más sencillas, pero deben apoyarse en realidades tangibles y tener emisores creíbles, requisitos que, vistos los debates y polémicas faranduleras, y las habituales operaciones mafiosas, no se cumplieron, quizás porque las mentes sencillas se encuentran en las cúpulas políticas. El estado de situación no da para triunfalismos, sino para asumir que todo el sistema político se encuentra bajo escrutinio social. El pueblo también se equivoca, pero con las equivocaciones también aprende.

Bajo esta óptica, se continuará por la vía de la sencillez analítica, comenzando por plantear si en lugar de hablar de grietas y buscar terceras opciones tipo sopas en sachets, no es más importante explicitar que proponen en concreto el menú pasta (LLA) y pollo (FP), que suman el 72,40% de la oferta alimentaria, y ver que aportan los variados ingredientes de la sopa criolla.

Buenos Aires, 29 de octubre 2025