Tablero del juego político
Terminada la elección legislativa, prematuramente políticos, analistas y periodistas juegan a suponer candidaturas presidenciales para el 2027, lo que obliga a que desde ahora los ciudadanos comunes se formen en estrategias analíticas basadas en datos y conceptos relevantes y verificables, que le permitan transitar el bombardeo de eslogans simplistas, opiniones vacías de contenido, o extremadamente sofisticadas. Para retomar las raíces de la enseñanza básica, tan esencial como popular, se apelará a un metafórico juego de mesa compuesto por fichas que se desplazan en un tablero, con reglas comprensibles. De este modo podrá ejercer uno de los instrumentos temidos por los políticos, que es el de una opinión pública formada. Para emplear el del voto, se deberá esperar dos años.
Las 329 fichas contendrá el nombre de cada uno de los legisladores responsables de aprobar leyes transformadoras y desactivadoras de privilegios. En cuanto al tablero, motivo de la presente reflexión, su diseño implica una organización estructural de circuitos interrelacionados para alcanzar el objetivo final del juego, que en este caso, es argumentar y arribar a conclusiones personales sustentables. El nombre del juego presenta dos opciones: Estado o Gobierno. Estado es una abstracción que indica una organización permanente con territorio, población y gobierno definidos, con responsabilidades genéricas, como leyes, orden, seguridad, bien común. Gobierno es una organización compuesta por personas e instituciones concretas, que ejercen el poder político y administrativo del Estado, y que en un sistema republicano se distribuye entre los poderes legislativo, ejecutivo y judicial. Por lo que el juego se centrará en actores del Gobierno, y transparenta la falacia conceptual de los eslogan estilo “odio al Estado”; “el Estado te cuida”, o “¿usted prefiere un Estado grande o chico?”, que intentan eludir centrar la atención en responsables políticos concretos, que además de los 329 legisladores, incluyen al presidente, vice y 24 gobernadores. Estas fichas se moverán en un tablero diseñado en función de la estructura burocrática-institucional existente, conformada por la Administración central, Agencias, Organismos, Institutos, Entes descentralizados y Sociedades del Estado, entre otras variantes. El primer desafío sería establecer una depuración de dicha estructura burocrática-institucional, detectando organismos y cargos superfluos, muchos de ellos falsamente denominados autosuficientes, creados solo para responder a compromisos políticos y gremiales. Vale como ejemplos, el Ministerio de las Mujeres creado en diciembre de 2019, o de rango constitucional como la Defensoría de la Tercera Edad, cuyas acciones son meramente declamatorias, sin poder de decisión para resolver las problemáticas de las mujeres o de los jubilados.
Definidas la utilidad social, ordenamientos internos, y coordinación transversal de la estructura orgánica del gobierno a través de mecanismos claros y públicamente reconocibles, recién se podrá hablar de “espacios de poder”, sin asimilarlos a triángulos, cuadrados, polígonos u otras formas geométricas, sino a conducciones preestablecidas, racionales, y prioritariamente horizontales. Como en toda estructura de poder político, “gran jefe” hay uno, jefes hay muchos; y recordando a Maquiavelo, cabría pensar que también hay muchos mercenarios y aduladores.
La primera práctica debería centrarse en el recambio legislativo nacional el próximo 10 de diciembre, en donde habitualmente, tras enriquecedores diálogos multipartidarios sin grietas, las plantas de personal no se mantienen o disminuyen, sino se incrementan, producto de intercambios de favores. Por ello es importante que el Poder Legislativo detalle los equipos de trabajo de cada legislador, con sus nombres, formación e ingresos salariales, previa y posteriormente a dicho recambio, extendiendo la información a toda la planta de personal, cumpliendo con lo que los discursos políticos grandilocuentes llaman transparencia. Esta información no es menor, dado que las reglas del juego, plasmada en leyes, normativas internas, aprobación o rechazo de decretos, entre otras atribuciones, las elaboran y aprueban los propios jugadores, o sea, los 329 legisladores.
Buenos Aires, 12 de noviembre 2025