Inclemencias políticas
Las 355 fichas que comprenden a los poderes ejecutivos y legislativos nacionales que asumirán la responsabilidad de establecer políticas virtuosas y consistentes para revertir la sostenida decadencia del país, atraviesan una concurrencia de hechos políticos, que, como sucede con los eclipses solares, se producen de tiempo en tiempo. Ellos son: 1) consecuencias de denuncias preelectorales; 2) la política mimetizada con el fútbol; 3) reacomodamientos de políticos temerosos de quedarse a la intemperie. Esta simultaneidad facilita un aprendizaje de política básica similar a la enseñanza primaria, en la que la palabra “perro” debía coincidir con la imagen de un perro y el accionar de un perro.
En la campaña electoral se repitió la estrategia de denuncias de corrupción, no con objetivos moralizadores, sino mafiosos para dañar a contrincantes. Es el caso de Grabois denunciando la relación de Espert con un narcotraficante con prisión domiciliaria en Río Negro, y periodistas propagando por el canal de streaming Carnaval audios realizados desde hacía meses, en la que el entonces presidente de la Agencia de Discapacidad, Spagnuolo, hablaba de coimas que llegaban a “KM”; en paralelo, la periodista y legisladora Marcela Pagano, otrora oficialista, usaba el caso para despotricar en el recinto contra altos funcionarios del gobierno, para “defender a Milei”. No se reparó en que, ante estas repetidas prácticas, la sociedad en lugar de optar entre falso o verdadero, evaluó que las denuncias eran mafiosas en lugar de morales, y que la corrupción denunciada era altamenteposible.La causa recayó en el juzgado del juez Casanello y fiscal Piccardi, a quienes se evaluará según la celeridad y profesionalidad con la que lleven la investigación. Resumiendo, el pretendido costo electoral no se produjo, pero expuso cadenas corruptas que involucran a viejos personajes asociados a negociados públicos, sin exclusiones partidarias o ideológicas.
Todo curso político no puede obviar al fútbol profesional, que congrega a políticos, gobernadores, intendentes, empresarios, gremialistas, financistas, jueces (tribunales de disciplina), y barras bravas. Al mandamás de la AFA Claudio Tapía, alias Chiqui o Comandante, se le ocurrió otorgar un título no previsto en el calendario a Rosario Central, en una muestra de autoridad que compartió con su paje Toviggino. Ante la crítica del presidente del club Estudiantes de La Plata, Sebastián Verón, club que debía afrontar un partido eliminatorio ante el club rosarino, se obligó a que los jugadores de Estudiantes le hicieran un pasillo de honor al “campeón”. Focalizar la crítica en Tapia es caer en la trampa del “Enemigo único”. Lo más revelador fue el silencio de la totalidad de los dirigentes, salvo Verón, en especial de los llamados clubes grandes, lo que recuerda al de los mafiosos de la década del 30, tras acordar la división de los negocios territoriales. Pero como sucediera en el caso Spagnuolo, el hecho desnudó una trama de corrupción latente que se encuentra en pleno desarrollo.
Los legisladores mientras tanto, tras las elecciones están en plena reconfiguración de bloques legislativos, ocupación de oficinas, integración de comisiones y privilegios emergentes, por lo que no es oportuno aún mover fichas, pero sí detectar incongruencias. Respecto a los que quedaron “sin techo”, como Randazzo, Stolbizer o Monzó, entre otros, honestos si no se prueba lo contrario, pero más inclinados a la dialéctica que a promover consensos estables para superar la decadencia del país, es habitual que para socorrerlos se creen organismos y cargos innecesarios, que es una de las causas de las estructuras burocráticas sobredimensionadas. En cuanto a autocríticas personales, vale citar una frase del artículo publicado por Monzó en La Nación el pasado 28 de noviembre, titulado “El crédito del miedo”, en el que señala que “el miedo alimentado por los errores políticos y económicos del gobierno nacional causaron un miedo emocional, y en lugar de castigarlo, terminó siendo el motor de su triunfo contundente del 26 de octubre”. Dado que Monzó actúa en política desde 1997, cuando fue concejal de Carlos Tejedor, ¿no se considera parcialmente responsable de ese miedo social, que, dados los antecedentes, no tiene nada de infantil?
Prestar atención al léxico político será importante para futuros análisis. Los políticos invocan representar al pueblo, mientras se autoadjudican privilegios. En el fútbol se proclama que los clubes son de los socios, que no participan de los negociados de dirigentes y afines. También se puede ser candidato con una condena penal, pero rechazar el acceso a una banca por “impedimentos morales”, y en el fútbol, los jueces del tribunal sancionar invocando “falta de ética”, que es opinable. En cuanto a quienes deciden, en ambos campos se pueden cambiar leyes, reglamentos, estructuras, cronogramas y decisiones según convenga, para lo cual se suelen lograr enriquecedores consensos.
Buenos Aires, 04 de diciembre 2025