Lavado de un sistema corrupto

Las mafias, que el polítólogo Gaetano Mosca definiera como “estructuras de poder paralelas que surgen por incapacidad o complicidad del Estado”, cuando usufructúan recursos públicos como botín permanente ya no basta con políticos y jueces sobornables; es necesario que muchos de ellos cumplan roles activos en las estructuras burocráticas. Dos hechos en pleno desarrollo son de gran utilidad para que la sociedad comprenda esta realidad. El caso Agencia de Discapacidad-Spagnuolo combina clásicas operaciones electorales, coimas y sobreprecios, mientras que el caso Vallejos-AFA inserto en el popular mundo del fútbol, que a nivel institucional agrupa a políticos, empresarios, financistas, sindicalistas, jueces y barras, incursiona en el lavado de dinero a gran escala. Si bien, por responder a una matriz delictiva vigente desde hace décadas los hechos no son novedosos, lo es el contexto político-social, que podría resumirse en tres factores: 1) un total desprestigio de las representaciones político-institucionales; 2) un hartazgo social respecto de la combinación de hipocresías discursivas con sostenimiento de negociados y privilegios; 3) una impunidad legislativa y judicial para corrupciones en detrimento de la sociedad, cuya multiplicación alcanzó un punto de saturación.

En este contexto, el concepto de lavado de dinero podría reformularse como “lavado que expone un sistema corrupto”, que afronta un gran desafío para lograr justicia y reparación social, pues el sistema político-institucional promotor de impunidad, deberá investigarse a sí mismo. Lograr que la sociedad entienda el desarrollo de este proceso, implica explicitar pautas analíticas simples, tales como: 1) En todos los casos se trabajará en base a nombres propios. A nivel nacional, con los que a través del voto se les otorgó poder de decisión para revertir la decadencia del país, que son solo 355: presidente, gobernadores y legisladores. En el caso Vallejos-AFA, que interrelaciona corrupciones privadas y controles estatales, la cantidad de nombres involucrados serán más variados, pero con ineludibles terminales políticas. 2) Los análisis deberán evitar la trampa propagandística de centrarse en el “enemigo único”, llámense Tapia, Toviggino, Kirchner, Milei, Kicillof, u otros, porque lo relevante será desenmascarar las tramas completas de corrupción, en la que intervienen testaferros, escribanos, sindicalistas, empresarios, financistas, jueces, fiscales, y hasta una universidad AFA, no habilitada. 3) Es válido considerar a los “indicios” para abrir líneas analíticas, pero sin prejuzgar, pues orientan pero no definen. Los agravios, escándalos, sobreactuaciones emocionales, fotos y tweets, se reservarán para el mundo del espectáculo, en el que coexistirán datos veraces con falsos. 4) El tema de lavado no es sofisticado en lo conceptual, pero sí en lo instrumental, porque necesita una extendida complicidad de diversos actores, sea activa (hacer), o pasiva (dejar hacer). El lavado se remonta a la Edad Media, cuando la usura fue declarada delito y había que enmascararla, pero el término nace en la década del 20 en Estados Unidos, cuando para legalizar sus ganancias ilícitas, las mafias utilizaron una red de lavanderías, cuyos servicios se pagaban al contado, por lo que los ingresos no tenían una clara trazabilidad. En los Casinos por su parte, un jugador compraba fichas con dinero lícito, jugaba un tiempo, y al retirarse, recibía un cheque por sus supuestas ganancias. Con el desarrollo de tecnologías digitales se facilitó el movimiento de grandes sumas de dinero, pero también su trazabilidad y control, por lo que surgió la necesidad de ramificar por diversos canales los volúmenes de dinero o productos (ejemplo, droga), para disimular, evitar y/o dificultar dichos controles. Como dato de actualidad, se debería profundizar acerca de los sponsor en el fútbol.

Tras lo señalado se pueden formular interrogantes futboleros en calidad de meros indicios. ¿Esta necesidad de ramificar flujos de dinero explica la explosiva multiplicación de clubes de fútbol profesional, con estadios que en muchos casos no cumplen requisitos mínimos para la actividad? Y por oposición, ¿el lujoso estadio en Santiago del Estero, una de las provincias más pobres del país, se construyó sabiendo que iba a ser privilegiado con importantes finales, de las que no gozan otras provincias? En cuanto a lo contable, ¿la opacidad de los balances de las mal llamadas “entidades sin fines de lucro”, no es ideal para lavar dinero? Finalmente, ¿a qué responde el estruendoso silencio de los presidentes de clubes grandes, medianos y chicos con excepción de Juan Verón, ante las investigaciones en desarrollo que por acción u omisión los involucran? ¿O nos hallamos en presencia del añorado gran acuerdo nacional?

Buenos Aires, 17 de diciembre 2025