Núcleos duros flexibles
En la última newsletter reflexionamos sobre el incorrecto uso del concepto “núcleo duro” aplicado a porcentajes globales de adhesión a un partido o candidato, tanto en encuestas como en análisis. Dado que la condición de “duro” pertenece a los materiales, usaremos esta analogía para incursionar en el voluble mundo de la política, y transparentar viejas falacias discursivas. La menor partícula de un material es el átomo, formado por un núcleo que combina protones y neutrones, rol que correspondería a personajes políticos y corporativos identificables, con electrones, que giran permanentemente alrededor del núcleo, rol que cumplen los millones de votantes anónimos.
En los átomos políticos partidarios, la incidencia de los núcleos respecto a la totalidad de adhesión a un partido o candidato, es de aproximadamente del 2%, que sube al 5% en caso de acceder al gobierno, debido a que el concepto “ejercicio del poder” en democracia, abarca no solo a oficialismos, sino a oposiciones e instituciones corporativas. El porcentaje remanente corresponde a votantes anónimos. La cuantificación del 5% parecería escasa en términos porcentuales, pero no lo es en relación al total de votos obtenidos por el partido que triunfa en una elección nacional, que contaría un universo aproximado de 6.000 cargos públicos con personas identificables, entre poderes ejecutivo, legislativo y judicial.
Este enfoque, lejos de ser un juego de palabras o de números, permite asumir la importancia de poner el foco de atención en los actores visibles que conforman las cadenas de responsabilidades públicas, impidiendo que intenten mimetizarse cual voceros místicos, tras supuestas opiniones o adhesiones multitudinarias. Esta antigua estrategia responde a una de las reglas de la propaganda política nacida en las primeras décadas del siglo XX para el manejo de la opinión pública, llamada “de la unanimidad y contagio”. Se basa en la comprobación de la presión psicológica que ejerce un conjunto de opiniones por sobre la opinión individual. Jean Marie Domenach lo ejemplificó en su libro “La propaganda política”, relatando que en el siglo XIX tres sastres de Londres elevaron una petición sectorial al Rey, firmándola “Nosotros, el pueblo inglés”. Nada cambió. Reconocidos políticos, analistas y periodistas intentan sostener sus mensajes expresando que “la gente está muy mal” o “la gente estará mejor”, sin explicitar sus propias opiniones, y en caso de ejercer funciones políticas, formular propuestas.
Eludir la trampa de los mensajes enlatados supuestamente verosímiles, como “tal candidato tiene un núcleo duro del 30%”, que combinan lo conceptual (duro), con lo numérico (30%), permitirá formular nuevos interrogantes para detectar falacias discursivas y pobres estrategias de marketing político. El período que concluirá el próximo 22 de junio con el cierre de listas de candidatos a cargos nacionales, y con calendarios más diversificados en las provincias, es óptimo para este ejercicio, porque destruye el concepto de “núcleo duro” entendido como fidelidad partidaria y coherencia programática por parte de los políticos. Por el contrario, se observa en su mayoría una enorme flexibilidad personal para, girando como votantes anónimos, intentar acomodarse en las listas de candidatos, sin limitaciones partidarias. En política, más que hablar de núcleos duros, habría que hablar de núcleos plásticos.
Para cerrar estas analogías entre el mundo físico-químico y el político, resta mencionar a las fuerzas que en los laboratorios unen a los átomos entre sí, permitiendo realizar las diversas combinaciones necesarias para fabricar materiales, llamadas enlaces químicos. Cabe preguntarse, que se entendería por enlaces químicos en política, ya no para fabricar materiales, sino para conseguir objetivos personales? Ejemplifiquemos con dos objetivos: 1) Promover la perpetuación política; 2) Promover el saqueo de los recursos económicos del Estado.
Para el primer objetivo el rol de enlaces químicos los cumplen los sistemas electorales, sean nacional o provinciales. Son intencionadamente restrictivos con el derecho del ciudadano a elegir, a través de innumerables artilugios legalizados, que no existen en otros países. Muchos de ellos inconstitucionales, avalados por la propia Corte Suprema de Justicia. Lograr este objetivo necesita solo de enlaces políticos legislativos y judiciales. En cuanto al segundo objetivo, el de promover y facilitar la corrupción en el Estado, dada la cantidad y variedad de enlaces políticos necesarios, merecerá un análisis más detallado en la próxima reflexión.
Buenos Aires, 20 de febrero 2019
Qué es núcleo duro?
En los procesos preelectorales, que en la política argentina ocupan prácticamente la mitad de un mandato presidencial, pululan las encuestas de opinión destinadas a reflejar las adhesiones que reciben las principales agrupaciones en pugna, traducidas en porcentajes. En un intento de sutileza analítica, se identifica a parte de esos guarismos como “núcleos duros”, integrados por quienes, pase lo que pase, votarán a determinado partido o candidato. En principio es un concepto asimilable a bipartidismos y fidelidades hoy inexistentes. A tal punto que los remanentes que dejan dichos núcleos duros se los llama “ancha avenida del medio”. Aumenta la confusión cuando se pretende asociar dicha globalidad porcentual con definiciones como neoliberalismo, populismo y progresismo, igualmente genéricas.
Pero dada la fuerte instalación que tiene la etiqueta “núcleo duro” en el campo analítico y propagandístico, podría utilizársela para reflexionar sobre la realidad política sobre bases más científicas. “Duro” es una condición inherente a la resistencia de los materiales, que están constituidos por átomos, que es la menor partícula material indivisible. El átomo está formado por una parte central indivisible que otorga la condición de masa y dureza llamada núcleo, integrada por protones y neutrones, y electrones externos que giran alrededor del núcleo. Diversas combinaciones físico-químicas dan lugar a distintos materiales, como los metales, maderas, plásticos. Es posible trasladar este circuito científico al campo político, aplicado a definir partidos y candidatos en lugar de materiales? En este supuesto el rol de núcleo lo cumplirían los componentes políticos identificables (partidos y/o candidatos), y el de electrones en permanente movimiento los votantes, que en su casi totalidad son anónimos. Lo señalado permite comprender que llamar “núcleos duros” a porcentajes globales de adhesión a determinado partido o candidato (ejemplo 25 o 30%) es incorrecto, pues previamente se debiera discriminar entre los que corresponden al núcleo (partidos/candidatos) y a los electrones (votantes). Así como sería imposible identificar a un material y sus propiedades con millones de electrones girando alrededor de un núcleo que no tiene sus protones y neutrones definidos, de igual modo sería irrazonable estimar porcentajes de adhesión de millones de votantes (electrones), girando alrededor de un núcleo que tenga sus protones y neutrones (partido y candidatos), fluctuantes y no consolidados.
Aceptada esta analogía, comienzan los interrogantes: qué debiera significar “núcleo duro” en términos políticos? Yendo a los números, en la última elección presidencial Cambiemos y el Frente para la Victoria promediaron cada uno 12 millones de votos. El núcleo duro lo integran políticos identificables, cargos electivos, y diversos círculos cercanos al poder, que se puede estimar en un 5% del total de votos, o sea, unos 6.000 protones y neutrones. Ello incluye funcionarios en cargos en instituciones claves y organismos de control, que actúan como enlaces químicos entre átomos y electrones, que en política se llaman lubricantes. El resto son (somos) millones de electrones que no pararemos de girar.
En la guerra marketinera de productos, los oficialismos intentan defender su marca, para continuar liderando el mercado. Por el momento, el núcleo Cambiemos mantiene unidos a los neutrones y protones Pro, UCR y Coalición Cívica. Siempre atentos a que el super protón Lilita no produzca una explosión con reacción en cadena. Los verdaderos problemas atómicos se generan en las oposiciones, que intentan desplazar al producto más vendido proponiéndose como algo nuevo. Lo cual presenta un problema inicial: los laboratoristas deberán trabajar con los mismos protones y neutrones (núcleo), vigentes desde hace décadas. Para generar el “nuevo producto”, se intentarán un sinnúmero de combinaciones y se formularán interrogantes. Cómo lanzarse al mercado: cómo PJ, Frente Renovador o Frente Progresista? Frente Para la Victoria y Unidad Ciudadana son segundas marcas del PJ? Manzur en Tucumán, será protón o neutrón? Cómo lo integraríamos con Alperovich? Con qué protones se asociará el neutrón Massa? Solá, Alberto Fernández, Pino Solanas y Victoria Donda, si bien no paran de girar, al tener nombres propios no pueden considerarse anónimos electrones. Qué hacer para combinarlos?
Este intento de interrelacionar como vía analítica a la rigurosa físico-química con la voluble política, concluye con una similitud entre ambas ramas que es irrebatible: los núcleos son concentrados e identificables (políticos), mientras que el destino de los millones de electrones (votantes), será el de girar permanentemente alrededor del núcleo.
Buenos Aires, 13 de febrero 2019
Extinción de hipocresía
El tardío debate generado por el DNU presidencial que implementa la extinción de dominio ante casos de corrupción contra el Estado, exhibe crudamente la hipocresía de gran parte de la clase política. El caso debiera ser evaluado más allá de posicionamientos partidarios o ideológicos, y evitando la trampa oscurantista de la “grieta”. El oficialismo carece de mayorías legislativas para convertirla en ley, y el justicialismo kirchnerista y/o racional carece de los números necesarios para impedir su sanción en caso de existir consensos mayoritarios. Para comprender la dificultad en lograr una ley coherente y eficaz que permita recuperar parte de los recursos sustraídos al Estado, es necesario asumir que se debe extinguir previamente la hipocresía política discursiva.
La hipocresía implica un uso de la falsedad y el engaño, para encubrir inconsistencias entre lo que se dice y lo que se piensa o se hace. Puede adoptar la forma de simulación (decir o mostrar algo distinto de lo que es), o de disimulo (ocultar lo que no se quiere mostrar). Esta segunda alternativa se utilizó para “cajonear” desde hace más de dos años una ley fundamental contra la corrupción. Aprobada en Diputados en junio de 2016, tras el escándalo de los bolsos de José López, permaneció en el Senado desde entonces para ser devuelta a Diputados recién en agosto de 2018, presionado por los escándalos de los cuadernos. Pero con modificaciones que pretenden licuar su eficacia, al someter la acción civil de decomiso a una sentencia penal. En este contexto, en un país en que los presidentes de turno asumen casi en exclusividad alabanzas o críticas, Macri emitió el DNU.
Ello obligó a que legisladores y políticos se vieran forzados a variar el matiz de la hipocresía, pasando del disimulo (cajoneo), a la simulación, intentando encubrir su inacción bajo un alud de objeciones al DNU: es inconstitucional, es oportunista, afecta la propiedad privada, etc. Sin embargo el poder legislativo posee un holgado presupuesto, extenso plantel de asesores, y posibilidad de contar con opiniones externas de constitucionalistas prestigiosos, como Monner Sans, Sabsay, Badeni, Gil Lavedra, Lonigro, Félix Loñ, para cumplir con la obligación de elaborar leyes impecables desde lo jurídico, y en este caso, eficaces en lo punitivo y resarcitorio. La ley existe en países desarrollados, y es recomendada por importantes organismos internacionales. Pero queda claro que nuestros impedimentos no son jurídicos, sino de complicidad y/o complacencia con la corrupción.
En condición de ciudadanos comunes no debemos temer opinar sobre lo jurídico, evitando eso sí, necedades. Desde el Código de Hammurabi en el imperio babilónico, escrito 1.750 años antes de Cristo, son las comunidades las que con sus gobiernos, usos y costumbres, dan el marco necesario para que los especialistas elaboren leyes acordes y comprensibles. Más aún en la modernidad, en la que cualquier ciudadano puede comprender que es una mala ley, que es complicidad, que es cajoneo. La extinción de dominio permite al Estado decomisar activos provenientes de la corrupción, narcotráfico y crimen organizado, mediante una acción civil. En el caso de los recursos públicos, es aplicable a funcionarios responsables y sus partícipes, que habitualmente exhiben un enriquecimiento patrimonial no justificado, delito que como sabemos, invierte la carga de prueba, siendo el acusado quien debe mostrar el origen de tal riqueza. Queda claro entonces que el derecho de propiedad no es afectado, y las responsabilidades se extienden a familiares y testaferros. Por ejemplo, el Estado podría recuperar en forma inmediata los 9 millones de dólares que José López declaró “provenían de la política”.
Dentro del recurrente ejercicio de la hipocresía, el diputado justicialista Rodolfo Tailhade solicitó al Procurador General de la Nación aplicar el DNU contra Gianfranco Macri, hermano del presidente, por la concesión supuestamente ilegal de parques eólicos por la que recibió 5 millones de dólares. Paradójicamente la denuncia de Tailhade avala la extinción de dominio, sea por DNU o una futura ley eficaz, porque demuestra que de corresponder, es aplicable a presidentes pasados, actuales y futuros, y a sus familiares directos.
Convencerá este aporte de Tailhade a legisladores y políticos?
Buenos Aires, 06 de febrero 2019
Confirmado: Cristina candidata
Analizados los contextos discursivos-ideológicos, partidarios y sistema electoral, es momento de indagar en el aspecto más áspero y terrenal de la presente fase preelectoral que se desarrollará hasta el cierre de listas: las candidaturas. Durante el armado a dedo de las listas sábana, el discurso declamatorio vacío de contenido coexistirá con ambiciones personales y fidelidades circunstanciales, en busca de poder y las mieles de los cargos electivos. Encabezarán estas pujas políticos que han hecho de la permanencia en el usufructo de los privilegios estatales una forma de vida, habitualmente extendida a sus ámbitos familiares. Sus perfiles fueron descriptos con precisión por Maquiavelo hace más de 500 años: “Son ingratos, volubles, simuladores y ávidos de lucro. Mientras les haces bien, son completamente tuyos; pero cuando la necesidad se presenta, se rebelan”.
Para arribar a una conclusión consistente respecto a la incógnita “si Cristina será candidata”, se apelará a antecedentes verificables y nombres propios con base en la provincia de Buenos Aires, que cuenta con el 37% del padrón electoral del país, y es plaza fuerte de Cristina. En este ámbito Cristina deberá negociar cargos ejecutivos solo con intendentes, mientras que en el resto de las provincias deberá acordar según conveniencias de los gobernadores. Como todo vehículo de transporte, el avión político cuenta con un número determinado de plazas: Presidencia (pilotea y decide); gobernación (copiloto), intendencias (tripulación de cabina), y candidatos a legisladores que intentarán ocupar una de las 14 a 16 plazas “business” obtenibles, del total de 35 a renovar. Las plazas sin posibilidad de acceso a una banca son clase turista “low cost”. Para el listado “bussines” se excluyen a los candidatos a intendencias, que en campaña se mueven solo por transporte terrestre; pero no así sus familiares, que pasan a ser prenda de negociación para ubicarlos en una butaca “bussines”. Primer conflicto: exceso de demanda para la categoría “business”, léase cargo legislativo asegurado.
Quienes pujarán por categoría “bussines” presentan cuatro situaciones: 1) quienes vencen su mandato en 2019 y desean renovarlo (los otrora opositores Solanas y Donda, que vencidos sus mandatos en la ciudad le realizan “guiños” a Cristina en la esperanza de obtener butaca con su bendición; Pablo Moyano, De Pedro, Graciela Caamaño en provincia, entre otros. Se incluyen integrantes del Frente Renovador, porque hasta el cierre de listas todo es posible (caso Solá); 2) quienes tienen más años de mandato, pero con dieta legislativa asegurada juegan a ser candidatos a gobernador y/o presidente (Solá y Scioli); 3) quienes perdieron su butaca en el Jumbo político y desean recuperarla (Massa, Alfonsín, Stolbizer, Alberto Fernández, entre otros); 4) Quienes pretenden su primer vuelo bautismal (dirigentes de organizaciones sociales y piqueteras, autoproclamados amigos del Papa y algún gremialista pobre).
En el avión kirchnerista se discute quién será el piloto? No; a lo sumo se especula cínicamente con su no presentación, y soñar con ser designado delfín, lo que da lugar al segundo interrogante: puede un piloto avezado que pretenda seguir comandando designar un delfín? La experiencia justicialista a nivel nacional y provincial indica que no, salvo experiencias matrimoniales que en el caso Perón-Perón y Kirchner-Kirchner quedaron truncas, y recientemente forzado por impedimento constitucional del líder, Zamora-Zamora. Esta alternancia acordada en la cúpula del poder, reconoce un único caso exitoso de fidelidad: De la Sota-Schiaretti. Lo expuesto no deja margen para especulaciones: Cristina Fernández de Kirchner será candidata en 2019.
Instalada como piloto indiscutible de su espacio político, se le presenta a Cristina un nuevo desafío. Necesita forzosamente sumar (todos unidos triunfaremos), pero a su vez tener personal de cabina de confianza. Las plazas “business” del avión kirchnerista son escasas para ser distribuidas no solo entre sus fieles, sino también entre recientes oportunistas arrepentidos y reconvertidos. Maquiavelo da respuesta a este dilema: “el príncipe cuyo gobierno descanse en soldados mercenarios nunca estará tranquilo, porque son ambiciosos, desleales…”
Finalmente emerge un interrogante final. A tres años del gobierno Cambiemos, puede adjudicarse exclusiva influencia a Macri, Durán Barba o quien fuere, para mantener a Cristina Kirchner en el centro de la oposición? Rosana Bertone, gobernadora de Tierra del Fuego, dio una pista en un reportaje publicado en Clarín del pasado 25 de noviembre, al declarar: “Que Cristina vuelva a ser presidenta depende más de Macri que de ella”. Explicitó una triste resignación por no haber sabido el justicialismo generar en estos años una oposición coherente, renovada, moderna, no manchada de corrupción y sin añejos caudillajes políticos, gremiales y empresarios. Triste para la democracia.
Buenos Aires, 26 de diciembre 2018
Próxima newsletter el miércoles 23 de enero 2019.
Cristina será candidata
El título es una noticia falsa (“fake news”), pues al no existir confirmación oficial, no puede ser afirmativo. Le falta el signo de interrogación final. La realidad indica un contexto especulativo, en el que políticos, analistas, periodistas y opinólogos varios, entrecruzarán en los medios de comunicación reflexión, racionalidad, falacias, deseos, intereses y estéticas disfrazadas de ética.
En nuestra condición de ciudadanos receptores pasivos de dichos mensajes, carentes de contactos políticos y fuentes informativas privilegiadas, deberíamos intentar formular nuestras propias hipótesis en base a lo que nos provee la diversidad informativa democrática, para luego seleccionar e interrelacionar a voluntad dicha multiplicidad de opiniones, datos y antecedentes, sean reales o ficticios. Es aconsejable que el interesado en encarar este entretenido desafío, realice previamente una autoevaluación basada en una consideración que formulara Nicolás Maquiavelo hace más de 500 años: “Hay tres clases de cerebros: el primero discierne por sí mismo; el segundo entiende lo que otros disciernen, y el tercero no discierne ni entiende lo que otros disciernen. El primero es excelente, el segundo bueno y el tercero inútil”. Por no ser profesionales de la política o de la comunicación, deberíamos esforzarnos en integrar al menos el grupo de cerebros buenos. Si ello no fuera posible y se cae en el grupo de inútiles, no es un drama. Alberga a cientos de dirigentes, que además son millonarios.
Pasado este filtro, iniciaremos este entretenido desafío con la especulación que paraliza toda organización opositora: será Cristina candidata?. Recolectada la información preliminar, que ineludiblemente incluirá mensajes “enlatados” y grandilocuencias discursivas, comienza la tarea de responsabilidad personal, con la elaboración de una hoja de ruta que parta de lo general (contexto), a lo particular (Cristina). El contexto podría subdividirse en cuatro áreas de análisis: 1) ideológica y retórica; 2) Partidaria; 3) Sistema electoral; 4) Actores intervinientes.
1) Ideológica y retórica.- El discurso político continuará apoyándose en categorizaciones abstractas y simplistas: derecha / izquierda; neoliberalismo / populismo; peronista / radical. Para no incrementar la confusión argumentativa aún no se incluyó la distinción honesto / deshonesto. Esta superficialidad discursiva puede ser constatada por cualquier entrevistador periodístico, con solo preguntar a los entrevistados que señalen cinco acciones de gobierno que identifiquen a cada una de las opciones. No sabrán responder, o bien se limitarán a una retórica elemental y engañosa, como por ejemplo “defender a los ricos” o “defender a los pobres”.
2) Partidaria.- En contraposición a la desaparición de los partidos tradicionales como contenedores de diversidades que acuerdan políticas básicas de gobierno, pululan cada dos años supuestos nuevos partidos, o “envases” disfrazados de partidos no reconocidos por la Cámara Nacional Electoral como tales. Identificarse como peronista, radical o socialista para traspolarlo a la arena partidaria carece de significado. Todos los partidos exhiben en sus vitrinas peronistas, radicales, socialistas y variados polirubros ideológicos. Sirva como ejemplo que ningún peronista quiere ir a elecciones como Partido Justicialista.
3) Sistema electoral.- Es un factor clave para entender la licuación partidaria y los oportunistas juegos de reposicionamientos. Está diseñado para limitar el derecho más valioso del ciudadano en una democracia: elegir y ser representado. Se legalizan reelecciones indefinidas, candidaturas testimoniales, y recientemente, la Corte Suprema avaló la aplicación de la ley de lemas, que permite que sea elegido gobernador quien no haya sacado la mayor cantidad de votos. Pero la clave para interpretar el devenir preelectoral reside en las inmutables listas sábana, que obligan al ciudadano elegir a “sus representantes” a través de listas cerradas, como si fueran ventas de candidatos al por mayor. Brasil, con un padrón electoral de 147 millones de electores (Argentina tiene 33 millones), permite a los ciudadanos elegir individualmente a sus legisladores. Más de veinte candidatos de distintos partidos relacionados con el Lava Jato no fueron elegidos. El caso icónico fue el de la ex presidente Dilma Roussef.
4) Actores intervinientes.- Partiendo de lo expuesto, en la próxima newsletter se detallarán elementos de análisis matemàticos: cargos electivos disponibles en relación a la postulación de candidatos, con toques de cinismo, para formular luego una hipótesis consistente sobre si Cristina será o no candidata.
Buenos Aires, 19 de diciembre 2018