Periodistas extraviados (parte 1)

El acceso de Milei a la presidencia provocó una perplejidad política que no solo descolocó a los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, sino que también alcanzó al periodismo, cuya presencia en la sociedad no solo es permanente, sino fundamental en su rol informativo y formativo, pues en términos escolares obran como libros de texto populares, que, a diferencia de los usados en la educación básica, no tienen contenidos uniformes oficialmente diseñados, sino diversos en sus planteos y calidades. Previo a teorizar sobre la actualidad periodística, es necesario explicitar el contexto en el que se desempeña, para establecer una estructura reflexiva coherente.

Vale comenzar por identificar dos factores que convirtieron a Milei en un actor inédito y disruptivo: su condición de “outsider” en la política, y su personalidad volcánica. “Outsider” es alguien que se presenta sin carrera y estructura política previa, usualmente antisistema, y con escasas posibilidades de triunfar en elecciones presidenciales. Su antecedente público, previo a ser legislador, se remite a la participación en condición de economista en programas de debate de temas variados, que suelen concluir con bataholas asimilables al mundo de la farándula, ámbito propicio para gritos y enojos entre participantes y conductores. Su soledad política en un país en decadencia, hizo creíble su eslogan de “terminar con la casta”. Pero los que hoy se denominan potenciales “outsiders”, son en realidad mascarones de proa de reconfiguraciones políticas que buscan subsistir en la elección presidencial del 2027. En cuanto a sus criticadas “formas”, las expresiones agraviantes siempre son inexcusables y desagradables, y también abundan en los espectáculos políticos, periodísticos y faranduleros. Lo preocupante es que se producen en un marco político con mafias activas, según confiesan los propios políticos, con legisladores que se enorgullecen de actuar como espías (Tailhade, Pagano), y empresarios prebendarios prolijos en sus formas, pero pagan campañas políticas de desprestigio. La historia muestra que los efectos más preocupantes para las dirigencias no son los alaridos e insultos, sino la comicidad crítica irónica que hace reír a multitudes en base a realidades, (caso de los monólogos de Tato Bores), o la gráfica que critica hechos políticos solo con imagen (Hermenegildo Sabat), por lo que no en vano, sus autores suelen ser perseguidos por dictaduras y autocracias. Por ello cabe dudar si las agresiones generalizadas no responden a una sofisticada técnica publicitaria en la que los escándalos aturden pero no clarifican, o en algunos casos, son producto de una brecha generacional de tradicionales y prolijos columnistas, que ignoran que del “Papá” de hace décadas para dirigirse al padre, se pasó al “Che, pelado”.  

Tras la breve semblanza de Milei, cabe ingresar en el tema “periodistas”, comenzando por lo más relevante: la existencia de libertad de prensa y opinión desde 1983, lo que indica que esta problemática debe analizarse no desde la abstracción “periodismo”, con resonancias corporativas, sino desde los periodistas y medios de comunicación, a través de argumentaciones didácticas y comprensibles, simpleza que no subestima al ciudadano, sino intenta ejercitarlo para que no caiga en la híbrida brevedad del eslogan, habitualmente falaz. Por ello, la abstracción globalizadora “periodismo” sirve para establecer el campo de análisis, pero para ejemplificar, se citarán nombres de periodistas y medios. El diccionario será un valioso apoyo para clarificar conceptos. Por ejemplo, es más correcto hablar de periodismo profesional que Independiente, dado que este último es un adjetivo que califica a quienes tienen autonomía, se valen por sí mismo y adoptan decisiones sin intervención ajena, lo que no sucede en el campo de la comunicación, dependiente de criterios empresariales, marketing, ingresos por publicidad y niveles de audiencia. Como fuente informativa se priorizará la prensa gráfica, pues identifica al medio, al autor de notas, y eventualmente permite armar pequeños archivos de temas relevantes.

Los crecientes desarrollos tecnológicos de Internet, redes sociales e inteligencia artificial, al romper con el tradicional circuito entre emisor de mensajes (periodismo), y receptores masivos (espectador, lector, oyente), explica parte del extravío o confusión de medios y periodistas. Sin embargo, a fin de convencer a las masas se usan las tradicionales técnicas de la propaganda política: 1) simplificación y enemigo único (Milei, Kirchner, Macri); 2) exageración y desfiguración (el mejor o peor gobierno de la historia); 3) Orquestación (repetir incesantemente una misma frase o idea); 4) Transfusión (en un contexto difícil, decir “todos están mal”); 5) Unanimidad y contagio (hacer creer que se piensa como la mayoría, para lo cual las encuestas juegan un rol); 6) Desinformación (planificada o producto de la ignorancia). A partir de esta base, es momento de comenzar con los ejemplos.

Buenos Aires, 06 de mayo 2026