Bingo electoral legislativo
En el marco del desenvolvimiento político marcado por las elecciones legislativas nacionales y provinciales, se reflexionará respecto al armado de listas partidarias de modo entendible para todos los niveles socio-culturales, sobre la base de que “2+2=4” es una verdad irrefutable, pese a que pícaros políticos para introducirnos en el campo de la confusión, falacias y propaganda, afirman que no siempre lo es. Vale detectar entonces algunos de los recursos utilizados en la presente campaña, que partiendo de lo estrictamente numérico, a nivel nacional se elegirán 127 diputados y 24 senadores. Por su fuerte incidencia numérica y política, y transparentar los vicios y consecuencias de las inamovibles listas sábana, el análisis se remitirá a las elecciones legislativas nacionales en la Ciudad y provincia de Buenos Aires, y las provinciales en este último distrito.
El 7 de septiembre se elegirán 46 diputados y 23 senadores locales en provincia de Buenos Aires, con oficialización de listas el 19 de julio. Y a nivel nacional, 35 diputados por la Provincia y 13 por la Ciudad, con oficialización de listas el 17 de agosto. Lo que ardorosamente se discute en estos días no son leyes de interés nacional o anulación de privilegios, sino integración y posiciones en las listas, priorizando las que aseguran obtener la diputación. Como compensación a los que no logran integrar las listas de los tres navíos partidarios preponderantes, que hoy podrían llamarse Fuerzas del Cielo, Desunidos por la Patria y Separados por el Cambio, los eventuales acuerdos llamados patrióticos suelen como consuelo incrementar organismos y cargos públicos innecesarios. Los políticos de espacios menores o repitentes que no lograron subirse a alguno los tres navíos, para subsistir intentarán armar de apuro una oferta tipo balsa, que se comercializa como “centro”. Cerradas las listas sábana, el día de las elecciones se supone que el voto popular determinará quienes accederán a una banca, y autodenominarse integrantes “de la forma representativa republicana federal”, según el Artículo 1° de la Constitución Nacional. ¿Pero los elegidos son realmente representativos?
Para dilucidar el interrogante ejemplifiquemos con el Bingo, que todos en algún momento jugaron. Consiste en que el participante disponga de cartones con números inamovibles que se van marcando según surjan de un bolillero, y el primero que lo completa triunfa. Si bien es el azar el que determina el triunfo, algo similar sucede con las sábanas legislativas en boletas electrónicas o de papel, cuyos nombres y posiciones son igualmente inamovibles. El azar en este caso, reside en la calidad del legislador ingresante. Las dirigencias políticas intentan disimular esta distorsión en el concepto de representatividad encabezando las listas con figuras conocidas, llegando incluso a jugar con apellidos, como suponer que Máximo puede ser un sagaz político porque lleva el apellido Kirchner. O apelando a engaños explícitos como las candidaturas testimoniales, en donde compiten quienes no asumirán las bancas. Lo peor, sin embargo, surge una vez concluido el proceso electoral, y los legisladores pronuncian sus juramentos, algunos de ellos ridículos, para asumir sus bancas. Es entonces cuando surge un fenómeno físico, en el que la rigidez de las listas presentadas a la sociedad, se plastifican al momento de negociar, pues hay legisladores que en lugar de responder a sus votantes, lo hacen en interés de quienes los ubicó en las listas. A ello se suma otra estafa electoral, consistente en que los legisladores pueden abandonar la formación política por la que accedieron a la banca sin renunciar a la misma, para conformar jactanciosos bloques individuales o grupales que nadie votó. En el Bingo, el triunfo y entrega del premio al participante es inmediato; en las listas legislativas sábanas no.
Estos vicios electorales que nadie propone modificar, explica la preocupante mediocridad que exponen muchos legisladores en sus intervenciones, o su predisposición para mantener o crear nuevos privilegios. Recientemente, por ejemplo, la senadora Cristina López, representante de Tierra del Fuego, para tildar de mentiroso al Jefe de Gabinete Francos tuvo que leer su discurso. Y en la aprobación de la reelección indefinida de legisladores en la provincia de Buenos Aires, que había sido dejada sin efecto tan solo siete años atrás, colaboraron en obtener quórum senadores massistas, del PRO, GEN y otros, y al momento de elegir quienes aportarían los dos o tres votos necesarios para lograr el objetivo acordado, tal como sucediere en la no aprobación de la ficha limpia en el Senado, se “sacrificaron” Kikuchi, otrora armador de La Libertad Avanza en la provincia y autoreferenciado en Churchill, ignorando que nunca triunfó en lista sábana, y el menos conocido Marcelo Daletto, que “responde” a Emilio Monzó, hoy analizando de que lista se cuelga.
Las distorsiones señaladas no podrán ser evitadas en los atolondrados calendarios electorales de este año, pero un paliativo inmediato sería que los medios de comunicación y organizaciones como Poder Ciudadano, detallen los antecedentes de todos los candidatos ofrecidos por los principales partidos. En los espacios menores no habrá sorpresas: los encabezarán siempre sus dueños.
Buenos Aires, 02 de julio 2025