Políticos, periodistas y golpistas
Continuando con la reflexión de la última newsletter, centrada en las polémicas originadas por el ataque de funcionarios a periodistas, cabe recordar que para que las argumentaciones sean masivamente comprensibles por la sociedad, las abstracciones globalizadoras que no clarifican deben ejemplificarse con personajes y hechos reconocibles. Por ello no se hablará de polémicas y agravios entre la política, gobierno y periodismo, sino entre determinados políticos y periodistas, actuando los medios de comunicación como vehículos democráticos imprescindibles para interconectar las dialécticas de dichos actores. Pero cabe una prevención; en el marco de estas polémicas centradas en modos y formas, han resurgido los golpistas, que suelen combinar reclamos de institucionalidad con amenazas explícitas y acciones directas cuidadosamente planificadas. Un primer indicio es la repetición del traumático recuerdo del 2001, con muchos de sus actores hoy vigentes en funciones políticas y con cercanías al poder.
Hecha esta salvedad, cabe retomar las polémicas entre funcionarios y periodistas, pero en un contexto democrático y de libertad de opinión. El primer interrogante lo provoca la duda de si los agravios intercambiados por muchos de los partícipes responden a mediocridades y necedades, o a un sutil recurso consistente en mezclar lo trascendente con el espectáculo farandulero, y modos de competencia en el mercado de la comunicación. Para desarrollar esta hipótesis se eligieron a tres representantesrelevantes e intelectualmente formados: el presidente Milei por el sector público, y Jorge Fernández Díaz y Jorge Fontevecchia por el privado. De Milei, sin por ello justificarlo, se planteó que su forma de ser era conocida antes de ser votado, y que eventualmente sus diatribas actuarían como escudo ante su debilidad legislativa, carencia de gobernaciones y de municipios. Algunas de sus palabras emblemáticas, como “ensobrados, mandriles, econochantas, ratas, kukas, ignorantes”, promueven verborragias pero no racionalidad, y presentan el riesgo de que lanzadas a nivel masivo, sobreexcitan a los obsecuentes y fanáticos, que son carne de cañón de las mafias golpistas. En la práctica, el poder sufre más con el humor irónico y las silenciosas caricaturas si responden a la realidad, como lo demostraron entre otros Tato Bores y Hermenegildo Sabat, porque los festejan oficialistas y opositores.
En la guerra de palabras cabe incursionar en ejemplos privados. Jorge Fontevecchia, en portadas de su revista Noticias, publicó los siguientes encabezados: “Milei, poder inmoral”; “Apriete con la pauta”; “Presidente mesiánico”; “La obsesión gay de Milei”. Jorge Fernández Díaz por su parte, en su opinión del pasado 1° de junio en La Nación, comparó a Milei con el “populista de extrema derecha húngaro Orban”, lo caracterizó de “emperador temperamental”, expresó que “será muy tarde cuando la sociedad se dé cuenta que se enamoró de la persona equivocada”, para concluir con el siguiente giro poético: “la motosierra no se detiene en el follaje de la burocracia y el curro; tiene vida propia y avanza sobre los brazos y piernas del cuerpo humano”, ante lo cual el perro Mendieta, fiel acompañante del gaucho Inodoro Pereyra, lanzaría su famosa reflexión: ¡qué lo parió! En esta coctelera de palabras y frases, no resulta fácil establecer cuáles son las más agraviantes.
Dejando sentado que todas las variantes periodísticas son válidas, deberevalorizarse al periodismo de investigación, que sin utilizar grandilocuencias discursivas descorre los velos de la corrupción y de los secretismos estatales. Por ejemplo, recientemente la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), expresó su preocupación por la exclusión de la editorial de Fontevecchia en la distribución de publicidad de empresas con participación estatal mayoritaria. Ello amerita una investigación que determine cuál es la política estatal vigente respecto a pautas, listado de empresas y montos entregados en este año, criterios de elegibilidad, y si ello incluye a empresas estatales, cumpliendo de este modo con el principio de que la información completa debe preceder a los reclamos, opiniones y críticas.
Mientras se desarrollan estos peligrosos juegos verbales, se debe recordar que reingresaron al escenario público los golpistas, mucho más hábiles en las estrategias comunicacionales, pues las amenazas, insultos, aprietes y agresiones, en paralelo las complementan con las palabras democracia, libertad, pueblo, injusticia y persecución política, entre otras.
Buenos Aires, 18 de junio 2025