Reactivos químicos políticos
Se llaman reactivos químicos a los compuestos que se combinan con otras sustancias para crear nuevos productos, mediante reacciones químicas controladas en laboratorios. Sería de gran utilidad didáctica la metáfora de otorgar a Adorni el carácter de reactivo, en función de dos condiciones: 1) los casos de corrupción estatal no deben evaluarse en forma encapsulada, sino interrelacionados con otros semejantes en cuanto a actores y prácticas delictivas coincidentes en el tiempo, actuando como reactivo el menos trascendente en cuanto a participantes políticos y envergadura económica. 2) el rol de laboratorio lo cumple el gobierno, en este caso de Milei, facilitado por su triunfo por sobre estructuras partidarias y acuerdistas tradicionales, provocando una inestabilidad en las distintas sustancias que configuran los espacios ideológicos, periodísticos, políticos, judiciales, electorales e institucionales. Bajo esta óptica, el primer ensayo consiste en combinar al reactivo simple y visible Adorni, que combinado con los productos de mayor impacto político y económico llamados “Corrupción en la AFA” y “Mansión en Villa Rosa en Pilar”, facilitará desentrañar sus matrices de corrupción, evitando que se pretenda presentar como “nuevos productos” a los existentes, a través de denuncias mafiosas, acusaciones ocultistas e hipocresías, para que nada cambie. Y fundamentalmente, corregir las fallas legales y administrativas por las que robar recursos públicos sea extremadamente fácil, y recuperarlos casi imposible.
Dado que los instrumentos de alcance popular para proveer a los ciudadanos de información provienen de los campos del periodismo y medios de comunicación, cabe reiterar una breve reflexión sobre los mismos. Es evidente que producto de la evolución tecnológica tener que competir con redes sociales, “streamings” e “influencers” de bajo costo operativo y nula responsabilidad de opinión, ha sumido a muchos de los periodistas y medios tradicionales en un desconcierto que los ha llevado a utilizar el escándalo para incrementar audiencia o lectores, competir en agravios, y emitir opiniones basadas solo en rumores. Es en este contexto que desde hace tres meses medios tradicionales instalaron el nombre Adorni con una persistencia y continuidad temporal, mensurable para quienes contabilizan y publican la emisión de insultos, en una práctica que en propaganda política se llama “orquestación”, consistente en que “la persistencia del tema, junto con la variedad de su presentación, es la cualidad rectora de toda campaña de propaganda” (La Propaganda Política, Jean-Marie Domenach, París,1950). En tanto que las millonarias causas de la AFA tienen mucha menor cobertura, facilitando que en sintonía con la actividad del fútbol, fiscales, jueces y camaristas se pasen la pelota sin hacer un gol, o bien sin disimulo, hagan tiempo. En cuanto a Adorni, por haber hecho uso de la hipocresía en su rol de comunicador de un gobierno que combate lo “viejo”, su destino será el de los reactivos, que una vez usados pierden utilidad. Sin embargo, su caso servirá para reflexionar próximamente sobre la transparencia administrativa, las denuncias mafiosas y los requisitos a cumplir por los candidatos en la elección del 2027.
Para cerrar el ya desgastante debate acerca del periodismo, vale mencionar dos ilustrativos hechos recientes. El anuncio de la supuesta muerte del padre de Messi por parte de la actriz Florencia Peña en un canal de streaming provocó críticas con sobreactuadas indignaciones, cuando Peña es de los tantos personajes que, bajo el rótulo de periodistas, influencers u opinadores de café, compiten en la estrategia del escándalo y superficialidad argumentativa, por lo que ensañarse con ella parecería desmesurado. Pero en relación con la prensa considerada profesional, cabe un interrogante: si Peña hubiera dicho “¿será cierto el rumor de la muerte del padre de Messi?”, o bien “¿murió el padre de Messi, o son habladurías?”, así manifestada, ¿la información sería aceptable? El uso del condicional y signos de interrogación abundan en la prensa considerada seria.
El segundo hecho lo produjo una polémica entablada, paradójicamente, entre dos liberales de buena formación intelectual, referida a las prácticas periodísticas. En una columna de La Nación, el integrante del directorio de este medio, José Escribano, criticaba un tweet del director de la Fundación Libertad y Progreso, Agustín Etchebarne, que señalaba un estado de gran decadencia en el periodismo, que incluía al humorismo político, publicando posteriormente el mismo medio un derecho a réplica de Etchebarne. Vale leerlos porque partiendo de ópticas distintas se pueden clarificar conceptos. El más importante, atendiendo a la historia de nuestro país, es que existe plena libertad de prensa y opinión, a lo que se agrega un aporte subjetivo: malintencionados y necios existen en todos los ámbitos.
Buenos Aires, 23 de junio 2026