Tercer triunvirato

A más de 200 años de que el poder ejecutivo lo ejercieran dos triunviratos, el primero en 1811 y el segundo en 1812, imprevistamente surgió en nuestro país el tercero, integrado por Alberto Fernández, Cristina Kirchner y José Manzur. En esta curiosidad histórica, se destacan las similitudes entre los contextos políticos de entonces y el actual: conflictos en el seno del poder, caudillismos provinciales, visiones de futuro distintas, pujas económicas, y triunviros que tenían divergencias entre ellos, con escasa operatividad y corta duración en sus cargos, por lo que este tipo de conducción se abandonó. Retomada recientemente, sus expectativas de sobrevivencia llegan hasta el 14 de noviembre, pues el lunes 15, sea cual fuere el resultado, la historia será otra.

Tamaña crisis la provocó el instrumento más idóneo para que los ciudadanos se expresen, aún en un país con un historial de “fraudes patrióticos” y un sistema electoral amañado: el voto simultáneo, secreto y obligatorio. Si bien los votos ni siquiera consagraron legisladores, despertaron el temor a perder mayorías legislativas que aseguren a las castas mantener poder e impunidad. El resultado sorprendió no solo por su extensión territorial, sino por incluir a franjas sociales empobrecidas humillantemente identificadas como “votos cautivos”, como si tal condición no incluyera a políticos enriquecidos y empresarios con prebendas. Frente a esta confluencia popular activa, se produjo una confluencia política reactiva para recuperar votos fugados “del redil”, según léxico de caudillos. El primer paso consistió en la resurrección histórica del triunvirato, cuyo accionar se concentrará hasta el 14 de noviembre. En este breve plazo se podrá visualizar con claridad y en modo simultáneo las tres patas del trípode que caracterizan a nuestras rancias castas políticas: conservadoras en el ejercicio del poder, líquidas en lo ideológico y cínicas en lo discursivo.

La pata de prácticas conservadoras se desplegó con la designación del gobernador tucumano Juan Manzur como cabeza del triunvirato, con apoyo testimonial de reconocidos caudillejos provinciales, para apelar a estrategias igualmente añejas: comprar voluntades con platita en el bolsillo, garrafas, zapatillas, en lugar de asegurar educación, salud y seguridad. Al trasladarse este esquema al centro de poder “porteño”, se desplegó la siguiente pata: la liquidez ideológica. Se designaron ministros identificados con tradicionales derechas, sin que ello provocara las renuncias o quejas de quienes dicen pertenecer a autoproclamadas izquierdas, sean de funcionarios como Gómez Alcorta y Donda, entre otros, o representantes de entidades financiadas con recursos públicos, que seguirán lucrando bajo un barniz progresista basado en declamar derechos humanos, igualdad de género, lucha contra la discriminación y lenguaje inclusivo, beneficios que jamás llegarán a las franjas sociales más desprotegidas, y no interesan a los tradicionales caudillismos. Tales oportunismos demuestran a quienes desde hace décadas claman por consensos políticos, que canjeando cargos públicos y otros privilegios es posible alcanzarlos, y más aún, lograr que derechas e izquierdas compartan gobierno sin “grietas”.

La tercera pata del trípode sostiene a los cinismos discursivos, y es la más habitualmente desplegada, especialmente en procesos electorales. Se destacan dos frases emblemáticas: “no supimos escuchar a la gente”, y libretita en mano, “queremos conocer sus necesidades y opiniones”. Son pronunciadas por quienes ocupan cargos políticos de relevancia desde hace décadas, por lo que cuentan con todos los instrumentos institucionales, legales, operativos y estadísticos que les permite tener un preciso cuadro de situación del país que gobiernan. Una inédita pandemia le sumó cinismo operativo, consistente en eliminar de forma súbita todas las prolongadas restricciones que provocaran serios daños económicos y sociales, convirtiendo en una abstracción al término “aforo”, que en el apuro no se especificó quién y cómo se controla. Como novedad, los legisladores aceptaron trabajar en forma presencial, en este caso con aforo fácilmente verificable.

Parafraseando una conocida frase de Borges, se diría que nuestras viejas castas políticas son incorregibles.

Buenos Aires, 06 de octubre 2021

Maquiavelo, cartas y decretos

“El príncipe”, texto del florentino Maquiavelo, considerado creador de la ciencia política, no es un manual de la maldad sino una precisa descripción del accionar político necesario para conseguir el poder y mantenerlo según observara en su breve carrera diplomática, desarrollada en un contexto de permanentes conflictos entre ciudades-estado de Italia (el Vaticano una de ellas); amenazas externas (Francia), predominio del individualismo, batallas, acuerdos volátiles, intereses financieros, y un desarrollo cultural y artístico excepcional. Las órdenes y normas emitidas en ese entonces por la autoridad política real, que debían ser cumplidas y no interpretadas, se transmitían a la población a través de pregoneros o carteles llamados bandos. En cuanto a contextos históricos, si se sustituye el concepto de monarquías por las variantes autocracia, feudalismo, conservadurismo y castas hereditarias, nos encontramos en nuestra actualidad política.

Por ello, la implosión que provocó en la coalición gobernante la crudeza del bando/carta emitido por la vicepresidenta Cristina Kirchner, a cuatro días de elecciones internas negativas para su gobierno que ni siquiera consagraron candidatos, podría analizarse a la luz del pensamiento de Maquiavelo. Su repercusión se potenció ante la mediocridad de los entornos políticos, cuyas credibilidades se diluyen en declaraciones superfluas, engaños, falacias y frivolidades, más cercanas al mundo del espectáculo que al de la política. Una referencia sexual en la campaña, por ejemplo, logró tal cobertura gratuita en medios de comunicación, que no sorprendería que surja algún candidato/a que diga que le gusta hacer tríos. El análisis debe comenzar por definir el perfil del personaje emisor del bando/carta, evitando subjetividades (no es fácil), especulaciones basadas en rumores, y fútiles evaluaciones psicológicas. Cristina Kirchner no es una brillante estadista u oradora; sus contradicciones en cuanto a opiniones o acciones a lo largo del tiempo no difieren de las de Fernández, Massa, y muchos otros políticos. Con independencia de sus resultados, conoce el poder, le gusta ejercerlo y concentra decisiones. Algunos de los que integran la escudería “Frente de Todos”, murmuran que tiene un núcleo duro de solo 25/30% de votantes; que su poder se concentra en el conurbano, y que su vigencia está agotada. Ante la disonancia entre sus supuestas debilidades, el poder que ejerce entre los propios y el impacto de su bando/carta, Maquiavelo formularía una observación al respecto: “El príncipe que descansa en soldados mercenarios, no estará nunca seguro y tranquilo, porque están desunidos, porque son ambiciosos, desleales, valientes entre amigos, pero cobardes cuando se encuentran frente a los enemigos”.  (Capítulo XII)

Transitados los primeros días de la crisis, que incluyeron frases altisonantes, como la diputada Vallejos actuando como acompañamiento coral del bando/carta para degradar al presidente, renuncias masivas presentadas a través de medios de comunicación y reuniones varias, al momento de toma de decisiones se aplicó el consejo de Maquiavelo: ”Los hombres se ganan mucho mejor con las cosas presentes que con las pasadas, y cuando en las presentes hallan provecho, las gozan sin inquirir nada”(Capítulo XXIV).

Sobre la base de acordar “cosas presentes”, se produjo un reacomodamiento, en el que los funcionarios no perdieron privilegios o cargos, revivieron viejos personajes, otrora enemigos recompusieran vínculos, comparten gobierno rancias derechas con rentadas izquierdas, y el ícono de funcionario que no funciona terminó como canciller. El presidente por su parte, permanece alerta por si debe firmar algún decreto. Se ratifica así que en las castas políticas la desocupación es nula, pues los cargos no se pierden; solo se transforman o intercambian. Es injusto entonces relacionar la “compra de votos” vía “platita en el bolsillo” solo con los más pobres, cuando esta práctica es aplicable a castas políticas mediocres, oportunistas y mercenarias.  

En cuanto al intento de revertir en dos meses la situación electoral, Maquiavelo es escéptico, al señalar que “en las cosas del Estado, los males que nacen en él, cuando se los descubre a tiempo se los cura pronto; pero ya no tienen remedio cuando, por no haberlos advertido, se los deja crecer hasta el punto de que todo el mundo los ve”. (Capítulo III). Más preocupante es lo que avizora Maquiavelo tras la elección, respecto a los entornos del poder: “Los príncipes irresolutos, para evitar los peligros presentes, siguen la mayoría de las veces el camino de la neutralidad, y la mayoría de las veces fracasan”. (Capítulo XXI).

Retomando nuestra condición de ciudadanos comunes, es conveniente verificar una vez más el estado de los salvavidas a usar a partir del 15 de noviembre.

Buenos Aires, 29 de septiembre de 2021

Ajedrez o truco político?

En su programa televisivo, el periodista Feinman utilizó el ajedrez, juego milenario de estrategia militar en el que el éxito reside en prever varios movimientos futuros, para asimilar el conflicto entre el presidente y su vice, como una apertura de Cristina Kirchner con fichas blancas para intentar un gambito de dama. Manteniendo la metáfora del juego, sería más entendible apelar al popular truco, juego de naipes en el que el triunfo se obtiene en tiempos más cortos, a través de picardías, señas y mentiras. Previo a jugarlo, es oportuno presentar un registro sintético de antecedentes e hipotéticas jugadas, que merecerán análisis más exhaustivos a futuro.

1.- El presente truco político tiene una variante criolla inédita presentada a la sociedad sin disimulo, por la cual una vicepresidenta impone unilateralmente al presidente, bajo el eslogan “con Cristina no basta, sin ella no se puede”. Por lo cual no cabe invocar engaño, y las responsabilidades las comparten Alberto Fernández, Cristina Kirchner y Sergio Massa.

2.- En el acuerdo privado entre desiguales en cuanto a peso político, Cristina definía la impronta de gobierno, mientras Fernández y Massa recolectaban votos en sectores medios y empresarios, y operaban sobre la justicia para desactivar causas judiciales que involucran a la ex presidenta y varios de sus funcionarios. En cuanto a los compromisos públicos electorales, no se apartaron de lo habitual desde hace décadas: el bien (promesas incumplidas), contra el mal (la herencia recibida). 

3.- El objetivo judicial en busca de impunidad ocupó gran parte de la acción de gobierno desde su inicio, en desmedro de otras prioridades y urgencias de la sociedad. Ello explicaría que la insólita implosión de la coalición provocada por una elección legislativa, ni siquiera cerrada sino en la etapa de definir candidaturas, concentre la preocupación en la pérdida de senadores que avalen acciones que diluyan las causas de corrupción, antes que en el resultado global. Tarea que cuenta con apoyo de muchos magistrados.

4.- Asumido que las castas políticas legislan buscando autoprotección judicial y mantenimiento del poder, es necesario que para la elección del 2023 se establezca que ningún procesado por causas penales por corrupción podrá ser candidato a cargos públicos políticos, y se implemente la lista única de candidatos. De igual modo, evaluar una reforma constitucional electoral, pues con estos niveles políticos el país no resiste elecciones cada dos años. En las PASO de agosto del 2019 en la que también perdió el oficialismo de entonces, el dólar estaba a $ 46,00 el viernes previo a la elección, y a $ 57,30 a dos días de conocido el resultado.

5.- El discurso político debe terminar con el cinismo de que existen “dos proyectos en pugna” o “debemos debatir que país queremos”. Hace treinta años que rotan por distintas esferas del poder las mismas castas, sin ningún plan integral y coherente sustentable en el tiempo. En contraposición, quienes representan “la voz del pueblo” son cada vez más ricos, y el pueblo más pobre.

6.- En rol de entrevistador, el periodismo debería ser más punzante respecto a preguntar cuáles son los dos proyectos en pugna. Si se obtienen respuestas con más de mil palabras que contengan datos en lugar de diagnósticos y promesas, sería un éxito. Sorprende la ausencia en los debates y cuestionarios periodísticos la ausencia de temas judiciales relacionados con la corrupción, eludidos tanto por el oficialismo como por la oposición.

7.- En lo estrictamente económico, hace décadas que al “querido pueblo” se le sigue poniendo el chupete preelectoral “deuda impagable” y “FMI go home”. La sociedad no tiene dudas que sus recursos públicos han sido saqueados, y que existe un sistema de impunidad judicial. En lo inmediato, el debate electoral debería plantear a los políticos “que nos cuidan” como hipótesis, cuál sería el plan de gobierno suponiendo que refinanciada a 4 o 6 años, no se pague ninguna deuda en moneda extranjera. Y que dicho plan de gobierno aprobado legislativamente, sea el verdadero acuerdo político institucionalizado.

Resumiendo. Políticos…. reemplazar “sarasa” por trabajo virtuoso.

Buenos Aires, 22 de septiembre 2021

Halcones, palomas e híbridos

La definición tras las PASO de candidaturas para la elección legislativa del 14 de noviembre, merece algunas reflexiones con vistas al futuro político inmediato. Existe consenso respecto a la pobreza comunicacional de la campaña, que salvo excepciones semejaron a espectáculos tipo “stand up”, con candidatos gesticulando, gritando, formando coreografías, acusando, promoviendo sexo, astrología y hablando con las mamás. Esta mediocridad publicitaria y discursiva transparenta peligrosamente la mediocridad intelectual de las dirigencias responsables de conducir, legislar e impartir justicia. No en vano los publicistas sostienen que es imposible realizar una buena campaña con un mal producto, o que el engaño se mantenga en el tiempo. Asimismo, dado que las propagandas políticas se diseñan para llegar a todos los públicos, los resultados indicarían que no impactaron en los sectores sociales angustiados por la pobreza y falta de trabajo, sirviendo solo para el entretenimiento y/o crítica de sectores sociales sin necesidades básicas insatisfechas. Clarificarlo sería un buen aporte de encuestadores y sociólogos.

Tal mediocridad deja en claro que los cambios estructurales deberán consensuarlos y promoverlos una ciudadanía movilizada y propositiva, dentro de marcos democráticos. Ello implica clarificar y reformular el concepto “grieta”, inoculado en la sociedad por las castas políticas para mantener poder. La versión moderna de dividir binariamente a una sociedad surge con la doctrina del filósofo jurídico alemán nacionalsocialista Carl Schmitt. Crítico de la democracia liberal y parlamentaria, propugnó una autocracia con partido único, para lo cual estableció la distinción entre amigo-enemigo, porque “el enemigo es simplemente el otro que está en contra de mi posición”. No en vano este planteo hoy vigente, se desarrolló en el período en el que predominaron Mussolini, Hitler y Stalin. Este principio se trasladó a la propaganda política a través de la técnica llamada “del enemigo único”, el que preferentemente no debía ser un partido sino en el jefe de ese partido, pues es más fácil para las sociedades individualizar a un adversario que a una institución. Por ello se busca fanatizar a través de personalismos (Cristina Kirchner/Mauricio Macri), o generalizaciones supuestamente ideológicas (liberalismo/populismo; derecha/izquierda), en lugar de formular opciones que definan perfiles políticos, como capaz/incapaz; honesto/deshonesto; principista/oportunista.

Sin embargo esta estrategia discursiva y manipuladora ofrece en nuestro país una paradoja peculiar. Las fluctuantes configuraciones electorales producidas desde la crisis 2001/02 a la fecha, muestran que la “grieta” no rige para las castas que la promueven, dado que en cada turno electoral se presentan realineamientos oportunistas basados en el intercambio de cargos y privilegios. Vale citar como ejemplos paradigmáticos los casos de Cristina Kirchner-Cobos y Lavagna-Gerardo Morales (2007); Ricardo Alfonsín-González Fraga-Francisco De Narváez (2011); Massa-Stolbizer (2017); Kirchner-Fernández-Massa y Macri-Pichetto (2019); Manes-Stolbizer (2021). Si extendemos los ejemplos a segundas líneas, cabe recordar que la tercera vía electoral de Lavagna en el 2019, terminó incorporando a varios de sus integrantes al actual gobierno, o que Ricardo Alfonsín fuera premiado con la embajada en España por criticar al gobierno de Cambiemos.

Abandonada la simplicidad binaria de la “grieta”, los análisis y evaluaciones del ciudadano común serán más profundos y exigentes para interpelar a las castas dirigentes, en lugar de someterse a reacciones emocionales o desgastarse en acaloradas discusiones improductivas. Por ejemplo, el simplista planteo binario basado en la caracterización zoológica de “halcones o palomas”, usado en los análisis periodísticos  para señalar actitudes políticas, hace suponer que los primeros son malos, y las segundas buenas. Pero en los hechos puede llamarse “halcón” a quien se niegue suscribir acuerdos nocivos al interés general, y “paloma” a quienes los apoyen negociando favores personales. Además, esta división binaria zoológica omite la existencia de los híbridos, como se denominan en el mundo animal o vegetal a quienes tienen progenitores de distintas especies. En política serían quienes se presentan ante la sociedad con una identidad para ser elegidos, y una vez asumidos como legisladores adoptan otra para votar, afectando seriamente a la democracia, porque burlan la voluntad popular y facilitan la sobrevivencia de las castas políticas al intercambiar prebendas.

Esta amplitud mental deberá ejercitarse para lo que viene, en momentos en que todos invocan sin más detalles la necesidad de un gran acuerdo político, sin explicitar ante la sociedad las acciones concretas que lo integrarán, quiénes lo suscribirán, y qué cláusulas penalizarán eventuales incumplimientos

Buenos Aires, 15 de septiembre 2021

Sexo explícito en campaña

Cuatro opiniones de personas con responsabilidades sociales que tuvieron repercusión mediática durante la campaña, merecen un análisis que exceda lo descriptivo o a calificaciones tales como vulgaridad, histeria y frivolidad, por presentar patrones que caracterizan al mensaje político.

La candidata a diputada Tolosa Paz expresó en un programa televisivo dirigido a un público joven, que en el peronismo “se garcha”. La Secretaria de Seguridad Frederik, en un reportaje en el que se comparó la inseguridad en nuestro país con la seguridad en Suiza, afirmó que este país es seguro pero aburrido. En una escuela técnica de La Matanza, una profesora es filmada en clase despotricando a los gritos contra Macri y contra un alumno que mencionó al kirchnerismo. El presidente Fernández valoró a la docente, por haber promovido “un formidable debate que invita a pensar, y abre la cabeza a los alumnos”.

Estos casos aislados se interconectan no solo por sus trasfondos políticos, sino por aspectos comunes: las opiniones no se avalaron con datos que permitan debatir, argumentar, convencer; por el contrario, se sustentan en comparaciones arbitrarias, prejuiciosas o falaces. Para Tolosa Paz la actividad sexual generalizada la asegura solo el peronismo (pese a los avances farmacológicos al respecto). Para Frederik, la ausencia de inseguridad provoca aburrimiento. Para la docente, “Macri robó”, pero cuando un alumno la interroga acerca de Cristina Kirchner, a los gritos afirma que “sus causas están armadas”. Para el presidente y profesor Fernández, opinar, prejuzgar o aleccionar sin presentar información de apoyo, “abre la cabeza”. Unidas las piezas de este rompecabezas (cabezas abiertas), se tiene una síntesis práctica de la insustancialidad del discurso político, que apela recurrentemente (en muchos casos de modo inconsciente), a dos principios básicos de la propaganda política, llamados de simplificación y vulgarización.

El de simplificación (mal llamado grieta), consiste en concentrar en una persona o sector culpas, odios y esperanzas (ejemplo: Cristina Kirchner y Mauricio Macri). El de vulgarización se basa en que toda propaganda debe ser popular, por lo que su nivel tiene que adaptarse al menos inteligente de los individuos. Este principio se observa en la subestimación que políticos maduros tienen del electorado joven, pretendiendo captarlo a través de actitudes grotescas y ajenas a sus necesidades y modos de pensar. O peor aún, a la ministra Teresa García recomendando a los jóvenes “que no miren televisión”. Aplicados a nuestra realidad vernácula, estos clásicos principios presentan disociaciones comunicacionales, debido a que las castas políticas (muchas de ellas groseramente enriquecidas), parecieran moverse dentro burbujas sanitarias que entrecruzan mensajes ajenos a las urgencias e intereses de los ciudadanos comunes. A los que se intenta convencer mediante opiniones sesgadas, en lugar de hacerlo con información y argumentación, y con promesas generalizadas que se agotan en diagnósticos, en lugar de formular compromisos explícitos que se plasmen en realidades.   

Durante 60 días, plazo que se extiende desde el 13 de septiembre, ya conocidos los candidatos definitivos tras las PASO, hasta el 12 de noviembre previo a la veda electoral, las castas políticas tendrán una oportunidad para corregir parcialmente estos engaños, ante la incontrastable realidad de que con o sin acuerdo con el FMI, tras la elección se adoptarán medidas que ya están predefinidas y serán de mayor dureza que las vigentes. Por lo que ingenuamente cabe preguntarse porque no se someten dichas medidas a consideración y debate durante la campaña, para que sean legitimadas por el voto mayoritario. Se las aceptará y afrontará si los sacrificios propuestos son equitativos, o se las rechazará si mantienen privilegios que son causales de los llamados “ajustes”, reflejados hoy en más de un 42% de pobreza.

De no seguirse este camino, se repetirán los acuerdos llamados “históricos y patrióticos”, suscritos y validados solo por las castas políticas y corporativas responsables del atraso, con los nefastos resultados ya conocidos.

Buenos Aires, 08 de septiembre 2021

Incubadora de castas políticas

Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Nicaragua, son oficialmente Repúblicas, y el cargo de jefe de Estado lo ejerce un presidente temporal elegido por votación directa (sufragio universal), o indirecta (asamblea de dirigentes). Sin embargo dichos países tienen líderes y partidos excluyentes, ausencia o limitaciones de las libertades de prensa y opinión, opositores presos y trabas electorales, por lo que votar no es suficiente para considerase una democracia. En nuestro caso, entender la permanencia por décadas de las mismas castas políticas responsables del atraso del país, implica detenerse en el diseño de la incubadora que posibilita tal fenómeno: el sistema electoral.

Dado que las castas políticas se referencian en personas antes que en partidos, los tradicionales de identidad reconocible y alcance nacional terminan mimetizados con agrupaciones menores de escasa actividad, útiles solo para que quienes las encabezan negocien vía prebendas sus apoyos a coaliciones o frentes igualmente fluctuantes, pero con posibilidades electorales. Esta forma de negociar adhesiones mediante cargos, explica la onerosa y sobredimensionada infraestructura administrativa estatal. Posibilita esta distorsión el ineficiente control ejercido por la Cámara Nacional Electoral, que a julio de este año tiene reconocidos a  45 partidos nacionales (que no abarcan a todas las provincias), y 702 distritales. En paralelo, el sistema electoral es diseñado para que el voto popular no afecte la continuidad de las históricas castas, conteniendo artilugios, anacronismos, distorsiones y adaptaciones legales, como la ley de lemas, las candidaturas testimoniales y las listas espejo entre otras, que no existen en países desarrollados, incluidos limítrofes,

Ya en el 2003, la justicia permitió que el peronismo concurriera a elecciones presidenciales con tres listas bajo distintas denominaciones, encabezadas por Menem, Kirchner y Rodríguez Saá. En el 2009, los candidatos justicialistas testimoniales a diputados por la provincia de Buenos Aires, Kirchner, Scioli y Massa, fueron derrotados por el debutante Francisco De Narváez. Por tal razón, meses más tarde Kirchner pergeñó las PASO, para evitar lo que según él, fue la traición de sus compañeros peronistas. Su mérito reside en que establece un piso mínimo para participar en las elecciones generales, evitando una sobreoferta de candidaturas. Estos mojones, jalonados con históricas denuncias de fraudes en distritos numerosos, indican que uno de los reclamos sociales para las próximas elecciones presidenciales en el 2023, debiera plantear la implementación de la boleta única que contenga a toda la oferta de partidos y candidatos. Usada en gran parte de América latina, permitirá ir desarmando la vigencia de castas y nepotismos, al eliminar la lista “sábana” o cerrada. La Justicia Electoral emitirá una boleta por elector, a ser entregadas en bolsa cerrada solo al presidente de mesa. De este modo no faltarán boletas (la autoridad de mesa las entrega a cada elector); se producirá un fenomenal ahorro en gastos de impresión, y se dificultarán prácticas fraudulentas como el “voto cadena”. El día de los comicios, cada elector marca con cruz o tilde los candidatos de su preferencia, dobla la boleta y la deposita en la urna. Solo con la boleta única de papel el ciudadano es el soberano y puede armar su propio menú de legisladores, en especial en los distritos con mayor número de candidatos, como la ciudad de Buenos Aires, y provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.

La vulneración del derecho ciudadano a elegir a sus representantes que representa la lista “sábana”, se expone cuando legisladores que asumen a través de una lista completa de su partido, una vez en funciones plantean que la banca es propia y no del partido, permitiendo que oportunistas lo abandonen para conformar mini bloques que nadie votó disfrazados de independientes, pero que les permiten negociar apoyos al oficialismo de turno canjeando prebendas. Los artilugios y/o absurdos patriarcales continúan en la actual campaña: diputados se presenten como candidatos a senadores, pero manteniendo el cargo de diputados si pierden; gobernadores instalados como diputados suplentes para figurar en la lista, pero que no dejarán de ser gobernadores (en Santiago del Estero la foto del gobernador Zamora ocupa más del 50% de la boleta); gobernadores que compiten con sus vicegobernadores (Santa Fe y Tucumán), pero que deberán convivir dos años más en sus cargos; hijos, hijas, esposos, esposas y amigos de la vida de conocidos patriarcas, ocupando lugares en las listas; y una candidata de provincia de Buenos Aires, proclamando que pertenecer a su partido asegura buen sexo. Visto lo cual, a los ciudadanos que no puedan participar de estos entretenimientos, se les recomienda verificar el estado de uso de sus salvavidas para lo que se aproxima.  

Buenos Aires, 01 de septiembre 2021

Supervivencia poselectoral

En una democracia el pueblo no decide ni gobierna sino por medio de sus representantes, con alternancias en las que las continuidades deben ser de políticas virtuosas y no de castas perennes. Como la acción mecánica de votar por sí no asegura legitimidades y calidades institucionales, identificar las causas de la perdurabilidad de las dirigencias responsables será imprescindible para superar nuestra decadencia. Más aún cuando a partir del resultado electoral del 14 de noviembre y la renovación legislativa en diciembre, se adoptarán medidas traumáticas para la sociedad, que desde el rodrigazo en 1975 a la fecha presentan un patrón común: inequidad.

Por tal razón en paralelo con la campaña electoral, los ciudadanos deberán iniciar un entrenamiento de supervivencia poselectoral en busca de una situación inédita: que los aún mayores sacrificios sociales que se implementarán sean acompañados con la desactivación de todos los privilegios políticos y sus derivados. El entrenamiento tiene dos fases: 1) desarmar añejas falacias discursivas clarificando conceptos; 2) lograr consensos ciudadanos para acordar acciones democráticas y pacíficas concretas y comprensibles por todos los sectores sociales, que obliguen a cumplir con el mencionado objetivo de equidad social y esfuerzos compartidos, que por sí solas las privilegiadas castas no encararán. Para no incurrir en direccionamientos de opinión, la técnica discursiva política basada en la relación entre superiores (político pregonando) e inferiores (ciudadano aceptando), deberá reemplazarse por ámbitos de debate coordinados y sin escalones jerárquicos.

En cuanto a falacias discursivas, vale comenzar por dos frases repetidas por políticos y comunicadores para explicar resultados electorales adversos: “la sociedad tiene mala memoria”, y “fue engañada por los medios”. La excusa no es criolla, sino responde a principios propagandísticos de manejo de masas, que sintetizó Hitler en una proclama: “La inteligencia de las masas es pequeña, y grande su capacidad de olvido”. Quienes recrean estos dogmas, encuestadores incluidos, no se preocupan por establecer cómo votan empresarios e intelectuales de buena memoria, rentados y/o beneficiarios del Estado. El famoso psicólogo británico Frederik Bartlett, realizó en la década del 40 un estudio magistral, analizando desde una visión psicológica las técnicas propagandísticas de entonces, vigentes en la actualidad. Destacó que la capacidad de olvido alcanza a todos los niveles sociales, porque los pueblos priorizan avanzar hacia adelante, hacia su posible futuro. Por el contrario, son los dictadores, autócratas y conservadores del poder quienes se referencian en el pasado, y pretenden mimetizarse con símbolos y próceres. Sus discursos monocordes, repetitivos e insustanciales, hablan del pasado, no definen el futuro. Las verdades no las exponen en público, las negocian en trastiendas. Se comprende entonces la pretensión mesiánica de diversas castas, ya no de recordar u homenajear, sino interactuar y mimetizarse con San Martín, Belgrano, Bolívar, Sarmiento, y más cercano, Perón.

Ejemplos discursivos. Sin temor al ridículo, recientemente el presidente Fernández dijo en un acto: “San Martín miraba al país igual que nosotros”. La vicepresidenta Kirchner agregó la obviedad de que “la vida que queremos requiere no de uno sino de muchos períodos de gobierno”. Omitiendo explicitar el objetivo típico de las castas: “gobernando nosotros”. Por su parte Tolosa Paz, candidata del Frente de Todos en provincia de Buenos Aires, invitó a Diego Santilli, su opositor por la lista Juntos, a debatir sobre los miles de puestos de trabajo perdidos durante el macrismo; no es difícil suponer que Santilli requerirá de igual modo que Tolosa Paz explique los miles de puestos de trabajo perdidos durante la gestión del actual gobierno. Ninguno de los dos debatirá respecto a las medidas que se adoptarán a partir del próximo 10 de diciembre. Es más cómodo referirse a las “pesadas herencias recibidas” en el 2015, en el 2019, y luchar para hacerse cargo de la del 2023.

Queda claro entonces que los ciudadanos comunes sin cargos políticos, sean kirchneristas, macristas, peronistas, radicales o independientes, deberán iniciar cuanto antes los ejercicios de supervivencia poselectoral, para que al menos no les vendan una vez más salvavidas en desuso.

Buenos Aires, 25 de agosto 2021

Mensajes enlatados

Los mensajes de las castas dirigentes, en especial durante las campañas electorales, recuerdan a productos enlatados de marcas reconocidas y consumo masivo, publicitados con personajes sonrientes o sufridos que destacan sus beneficios, pero propensos a ser falsificados. Esta metáfora que nos acerca al contenido del discurso político, se transparentó con el conocimiento público de una foto que mostraba a once personas en la quinta de Olivos el 14 de julio del 2020, festejando el cumpleaños de la primera dama junto al presidente, a cuatro meses de que se decretara una cuarentena estricta por la pandemia, que se encontraba vigente.

Los mensajes deben desmenuzarse sin partir de grandilocuencias verbales que intenten convencer desde lo emocional, que es el principio de la propaganda política, sino acudiendo a lo racional. Términos como indignación y escándalo se reservarán solo para quienes perdieron familiares, amigos o trabajos durante la pandemia, no para el análisis político con vista a futuro. A tal fin, el hecho debe evaluarse solo como un detonante dentro de una secuencia. El 19 de marzo de 2019 con motivo de una imprevista pandemia, se estableció por decreto una cuarentena nacional estricta. Días más tarde y ante incumplimientos detectados, en un reportaje televisivo el presidente manifestó: “A los idiotas les digo, la Argentina de los vivos que pasan por sobre los bobos se terminó, si lo entienden bien, sino…”.  El mensaje presenta en origen aspectos semánticos concurrentes: 1) un paternalismo vulgar; 2) el agravio (idiotas); 3) la autocomplacencia (se acabó la época de los vivos); 4) la amenaza (si lo entienden bien, sino…). Este enlatado se mantuvo en el mercado durante quince meses, hasta que se constató la falsificación del mensaje/producto a través de la potencia de una imagen, como en los casos de  López con millones de dólares en un bolso, Báez con millones de dólares en una oficina, y en este caso con el cumpleaños de la primera dama en Olivos. Su difusión sumó otro factor concurrente: el concepto de igualdad entre ciudadanos no rige para las castas, y sus responsabilidades políticas y judiciales en lugar de sancionarse, se debaten entre esgrimas verbales grotescas. Tan acendrado tienen el convencimiento de impunidad, que cuando algunos de sus integrantes son condenados por corruptos, se los nominan perseguidos políticos.

Tampoco cabe el término sorpresa para juzgar el hecho, que como muchos otros, está en concordancia con políticas que crean y mantienen jubilaciones de privilegio; crean ministerios y entes inútiles para negociar adhesiones políticas; cubren cargos públicos con parientes y amigos en lugar de hacerlo por concursos que brinden igualdad de oportunidades; trabajan a tiempo completo para crear y reformular pesadas cargas impositivas disfrazadas de solidarias, patrióticas y excepcionales, y usan todos los resortes del Estado para lograr impunidad en las causas de corrupción que las enriquecieron.

Una vez más se repite la escasa calidad argumentativa del presidente, preocupante no solo por su investidura, sino porque le encanta hablar. Mediante la argumentación se intenta convencer, demostrar, justificar ante otros, sin que ninguna afirmación se imponga por sí misma, ni que asegure verdad, pues pueden ser falacias, como se denominan a las psicológicamente persuasivas pero incorrectas. El requisito es que sea coherentemente presentada, y no presente contradicciones en un plazo de horas o días. Cuando Cristina Kirchner reclamó hace dos meses que los 4.300 millones de dólares que enviará el FMI para paliar efectos de la pandemia no se destinarán a pagar deuda, y afirmar lo contrario recientemente, no representa a la máxima autoridad institucional.

También cabe un mensaje a la oposición, referido a las denuncias. No está en duda que el hecho presidencial amerita sanciones judiciales y políticas, como sucediera con políticos de otros países. Pero es evidente que en nuestro contexto ni unas ni otras serán aplicadas, y mucho menos en el corto plazo. Por lo tanto, para sostener el vulnerado principio de justicia, equidad y saneamiento institucional, es más eficaz que la oposición vuelque todos sus esfuerzos para reclamar a la Corte Suprema y al Consejo de la Magistratura el inicio de los juicios en las causas por corrupción estatal-privada que desde hace dos años tienen designados a los Tribunales Orales y jueces integrantes. Respecto a festejos en Olivos, con la información obrante, discursos del presidente y oportunismos dialécticos, el ciudadano común tiene elementos suficientes para formar su propia opinión.

Buenos Aires, 18 de agosto 2021

Chupetes retóricos

El chupete, usado en los primeros meses de lactancia cumple un rol benéfico, pero prolongado en el tiempo, causa malformaciones físicas y/o psicológicas. Los superficiales y falaces mensajes políticos que abundan en épocas electorales, ya sea en la etapa de internas entre candidatos que compiten dentro de una misma coalición, en la que predomina la individualidad, o en las generales, que se ajustan a estrategias comunicacionales masivas planificadas, actúan como chupetes verbales con consecuencias igualmente dañinas: pobreza, desempleo, desaliento, corrupción.

Para evitar estos perjuicios originados en los mensajes y discursos de las castas políticas, los mismos deberán procesarse con razonamientos críticos y simples, evitando el chupeteo irracional. Por ejemplo, comprender que la engañosa frase/chupete “pesada herencia recibida”, empleada en cambios de gobiernos de distinto signo, debería sustituirse por “obligaciones transferidas”, dado que en una democracia existen continuidades institucionales y administrativas, en las que oficialismos y oposiciones de turno participan con distintos grados de responsabilidad, por lo que unos y otros están en posesión de los datos de base necesarios para comprometer un programa nacional para conducir al país. No en vano en la presente campaña electoral y en plena crisis económica y social, varios dirigentes adelantaron sus deseos de candidatearse como presidente para recibir “la pesada herencia” en el 2023, cosa que no debiera sorprender, porque las herencias públicas gravosas no las afrontan los privilegios políticos, sino los ciudadanos comunes. Si bien la aparente solidez de nuestras castas (léase solidez de castas, no de coaliciones), no hace suponer la aparición de figuras por fuera de estructuras partidarias tradicionales, como sucediera en Chile y Perú, se debería tener presente que las caídas violentas de castas monárquicas y autocráticas ancestrales, como en las revoluciones francesa y bolchevique, entonces sin redes sociales ni trolls, se produjeron por un factor presente en nuestro país: el hambre del pueblo.

Ingresados en la campaña, cabe comenzar con frases de candidatos opositores, que tienen internas atractivas, mientras el oficialismo a mitad de su mandato, intenta reformular el eslogan “Macri, Macri, Macri”. El candidato radical Facundo Manes, en sus primeras declaraciones en la interna bonaerense de Juntos, también mencionó a Macri: “Yo no pertenecí al gobierno de Macri y Vidal”. Lo cual es sabido, como lo es también que se incorporó a la coalición a la que pertenecen los mencionados, en lugar de hacerlo en la coalición gobernante, que integran veteranos políticos de origen radical, como Zamora, Moreau y Ricardo Alfonsín, entre otros. La hibridez discursiva se incrementó cuando Manes expresó que “Cambiemos debería hacer una autocrítica”. Las autocríticas políticas, tanto de Cambiemos o Frente de Todos, se deben reflejar en programas públicos de gobierno virtuosos, coherentes y sostenibles en el mediano y largo plazo, impulsados legislativamente. Caso contrario, parecieran actos mecánicos similares a usar el chupete para que los bebés (los ciudadanos en este caso) dejen de llorar. La propaganda política en una democracia, tenga o no líderes excluyentes, debe priorizar la coherencia de la estructura grupal de apoyo a quienes conducen (racionalidad), por sobre la imagen individual o la frase mágica (emocionalidad, insustancialidad), como si los candidatos y las Coaliciones fueran productos comerciales.

Aporta a este análisis Margarita Stolbizer, que cuando se la consultó respecto a compartir lista con el ex intendente Jesús Cariglino en la interna bonaerense de Juntos, respondió: “No sabía que Cariglino iba a estar en la lista”. Esta confesión merece una aclaración más didáctica. Hasta minutos antes del cierre de presentación, las listas de candidatos sufren modificaciones producto de negociaciones entre diversas mini castas. Por lo que la preocupación de cada candidato no es ver quienes los acompañan o formular consideraciones éticas, sino pelear por una ubicación expectable para ingresar como legislador, trámite que incluye en muchos casos, negociar simultáneamente con otros espacios políticos.   

Los mensajes/chupetes analizados (herencia recibida, autocríticas, yo no tuve que ver, yo no sabía), por ser excusas atemporales usadas por las oportunistas castas políticas, no difieren según las formulen oficialistas u opositores.  Próximamente, se plantearán matices entre unos y otros.  

Buenos Aires, 11 de agosto 2021

Riñas entre castas

Los debates y mensajes cruzados entre las castas políticas se asemejan a riñas familiares, producto de la liquidez institucional y programática causada por expresiones partidarias carentes de identidad sostenible en el tiempo y de líderes excluyentes, que son reemplazadas por coaliciones híbridas con rasgos nepotistas y candidaturas oportunistas, cuyos objetivos son los de obtener y conservar poder. Las adhesiones políticas circunstanciales se obtienen negociando cargos y privilegios, provocando un crecimiento desmesurado de estructuras estatales ineficientes y gravosas.  

Los debates, que a diferencia de la propaganda masiva unidireccional (del emisor a las masas receptoras), son multidireccionales con réplicas y contraréplicas, en lugar de basarse en argumentar en favor de proyectos nacionales superadores, nos sumergen en un patético espectáculo público de frivolidades, acusaciones y escasas verdades. De allí la necesidad de que los ciudadanos desarrollen sus propios análisis críticos, porque en el futuro inmediato los cambios surgirán de las presiones sociales (corrupción, educación, salud), y no de viejos actores políticos. Para ello el objetivo será detectar engaños u omisiones de campaña con efectos nocivos a futuro, obviando los antecedentes de contradicciones y falacias de muchos políticos, ampliamente conocidos por la didáctica tarea cumplida por los medios de comunicación. Asumiendo que lo peculiar de las castas políticas no reside en sus “grietas”, sino en sus similares estrategias discursivas, muchas veces sustentadas en el cinismo (mentir para defender acciones condenables u ocultar intereses sin sentir culpabilidad). En este juego dialéctico, el que gobierna deberá ser juzgado por su gestión, y la oposición por su responsabilidad de presentar alternativas superadoras unívocas, factibles y veraces.

Cabe comenzar con los mensajes del presidente Alberto Fernández, por ser la máxima autoridad institucional y comunicacional. Sus publicitadas y replicadas declaraciones y conductas contradictorias pasadas y presentes, si bien no difieren de las de Cristina Kirchner, Massa o Solá, entre muchos otros tradicionales políticos, sorprenden por su escasa capacidad argumentativa, considerando su actuación como docente en derecho y tradicional declarante en medios públicos. En cuanto a mencionarlo peyorativamente respecto al manejo del poder, se está obviando una novedad institucional inédita: por primera vez la gestión de gobierno no se asociará a una individualidad (Menem, Kirchner o Macri), sino al binomio Alberto Fernández-Cristina Kirchner, dado el innegable rol de la vicepresidenta en la toma de decisiones. Hecho que además desactiva el mito de la poderosa y mágica lapicera presidencial.

Respecto a la oposición, se destaca el neurólogo Facundo Manes, primer candidato a diputado en la interna de “Juntos” en la provincia de Buenos Aires. La intención marketinera de asociarlo con renovación por no provenir de la política, presenta una contradicción que se replica en el “Frente de Todos”: ocupar el primer lugar en una lista legislativa, es por decisión de viejos patriarcas políticos. Decisión que presenta dos riesgos: que la nueva figura actúe según objetivos no renovadores de dichos patriarcas (engaño al votante), o que en base a su fama lo haga según su criterio (riesgo de incoherencia grupal). En sus primeras declaraciones, paradójicamente Manes impactó en el cerebro de veteranos jefes de su coalición, generando un descontrol emocional en cadena. Tras confesar que quiere ser presidente en el 2023, reclamó “que no se usen los impuestos porteños en la campaña electoral” (mensaje dirigido a Rodríguez Larreta, que también quiere ser presidente), y comentó que Elisa Carrió años atrás le había ofrecido acompañarla como vicepresidente, lo que fuera desmentido por Carrió, tildándolo de mentiroso. Si algo faltaba, desde Jujuy el gobernador radical, lavagnista, massista y albertista Gerardo Morales, que también quiere ser presidente bajo el eslogan usado por Alberto Fernández contra Cambiemos “no haría un gobierno de Ceos”, acusó a Larreta de atacar a Manes.

Estas frases y hechos permiten que ciudadanos ajenos a castas políticas inicien el ejercicio reflexivo, en este caso para detectar si Manes se lanzó al debate solo, o está cumpliendo con un libreto que le entregaron viejos patriarcas.     

Buenos Aires, 04 de agosto 2021