Halcones, palomas e híbridos

La definición tras las PASO de candidaturas para la elección legislativa del 14 de noviembre, merece algunas reflexiones con vistas al futuro político inmediato. Existe consenso respecto a la pobreza comunicacional de la campaña, que salvo excepciones semejaron a espectáculos tipo “stand up”, con candidatos gesticulando, gritando, formando coreografías, acusando, promoviendo sexo, astrología y hablando con las mamás. Esta mediocridad publicitaria y discursiva transparenta peligrosamente la mediocridad intelectual de las dirigencias responsables de conducir, legislar e impartir justicia. No en vano los publicistas sostienen que es imposible realizar una buena campaña con un mal producto, o que el engaño se mantenga en el tiempo. Asimismo, dado que las propagandas políticas se diseñan para llegar a todos los públicos, los resultados indicarían que no impactaron en los sectores sociales angustiados por la pobreza y falta de trabajo, sirviendo solo para el entretenimiento y/o crítica de sectores sociales sin necesidades básicas insatisfechas. Clarificarlo sería un buen aporte de encuestadores y sociólogos.

Tal mediocridad deja en claro que los cambios estructurales deberán consensuarlos y promoverlos una ciudadanía movilizada y propositiva, dentro de marcos democráticos. Ello implica clarificar y reformular el concepto “grieta”, inoculado en la sociedad por las castas políticas para mantener poder. La versión moderna de dividir binariamente a una sociedad surge con la doctrina del filósofo jurídico alemán nacionalsocialista Carl Schmitt. Crítico de la democracia liberal y parlamentaria, propugnó una autocracia con partido único, para lo cual estableció la distinción entre amigo-enemigo, porque “el enemigo es simplemente el otro que está en contra de mi posición”. No en vano este planteo hoy vigente, se desarrolló en el período en el que predominaron Mussolini, Hitler y Stalin. Este principio se trasladó a la propaganda política a través de la técnica llamada “del enemigo único”, el que preferentemente no debía ser un partido sino en el jefe de ese partido, pues es más fácil para las sociedades individualizar a un adversario que a una institución. Por ello se busca fanatizar a través de personalismos (Cristina Kirchner/Mauricio Macri), o generalizaciones supuestamente ideológicas (liberalismo/populismo; derecha/izquierda), en lugar de formular opciones que definan perfiles políticos, como capaz/incapaz; honesto/deshonesto; principista/oportunista.

Sin embargo esta estrategia discursiva y manipuladora ofrece en nuestro país una paradoja peculiar. Las fluctuantes configuraciones electorales producidas desde la crisis 2001/02 a la fecha, muestran que la “grieta” no rige para las castas que la promueven, dado que en cada turno electoral se presentan realineamientos oportunistas basados en el intercambio de cargos y privilegios. Vale citar como ejemplos paradigmáticos los casos de Cristina Kirchner-Cobos y Lavagna-Gerardo Morales (2007); Ricardo Alfonsín-González Fraga-Francisco De Narváez (2011); Massa-Stolbizer (2017); Kirchner-Fernández-Massa y Macri-Pichetto (2019); Manes-Stolbizer (2021). Si extendemos los ejemplos a segundas líneas, cabe recordar que la tercera vía electoral de Lavagna en el 2019, terminó incorporando a varios de sus integrantes al actual gobierno, o que Ricardo Alfonsín fuera premiado con la embajada en España por criticar al gobierno de Cambiemos.

Abandonada la simplicidad binaria de la “grieta”, los análisis y evaluaciones del ciudadano común serán más profundos y exigentes para interpelar a las castas dirigentes, en lugar de someterse a reacciones emocionales o desgastarse en acaloradas discusiones improductivas. Por ejemplo, el simplista planteo binario basado en la caracterización zoológica de “halcones o palomas”, usado en los análisis periodísticos  para señalar actitudes políticas, hace suponer que los primeros son malos, y las segundas buenas. Pero en los hechos puede llamarse “halcón” a quien se niegue suscribir acuerdos nocivos al interés general, y “paloma” a quienes los apoyen negociando favores personales. Además, esta división binaria zoológica omite la existencia de los híbridos, como se denominan en el mundo animal o vegetal a quienes tienen progenitores de distintas especies. En política serían quienes se presentan ante la sociedad con una identidad para ser elegidos, y una vez asumidos como legisladores adoptan otra para votar, afectando seriamente a la democracia, porque burlan la voluntad popular y facilitan la sobrevivencia de las castas políticas al intercambiar prebendas.

Esta amplitud mental deberá ejercitarse para lo que viene, en momentos en que todos invocan sin más detalles la necesidad de un gran acuerdo político, sin explicitar ante la sociedad las acciones concretas que lo integrarán, quiénes lo suscribirán, y qué cláusulas penalizarán eventuales incumplimientos

Buenos Aires, 15 de septiembre 2021

Sexo explícito en campaña

Cuatro opiniones de personas con responsabilidades sociales que tuvieron repercusión mediática durante la campaña, merecen un análisis que exceda lo descriptivo o a calificaciones tales como vulgaridad, histeria y frivolidad, por presentar patrones que caracterizan al mensaje político.

La candidata a diputada Tolosa Paz expresó en un programa televisivo dirigido a un público joven, que en el peronismo “se garcha”. La Secretaria de Seguridad Frederik, en un reportaje en el que se comparó la inseguridad en nuestro país con la seguridad en Suiza, afirmó que este país es seguro pero aburrido. En una escuela técnica de La Matanza, una profesora es filmada en clase despotricando a los gritos contra Macri y contra un alumno que mencionó al kirchnerismo. El presidente Fernández valoró a la docente, por haber promovido “un formidable debate que invita a pensar, y abre la cabeza a los alumnos”.

Estos casos aislados se interconectan no solo por sus trasfondos políticos, sino por aspectos comunes: las opiniones no se avalaron con datos que permitan debatir, argumentar, convencer; por el contrario, se sustentan en comparaciones arbitrarias, prejuiciosas o falaces. Para Tolosa Paz la actividad sexual generalizada la asegura solo el peronismo (pese a los avances farmacológicos al respecto). Para Frederik, la ausencia de inseguridad provoca aburrimiento. Para la docente, “Macri robó”, pero cuando un alumno la interroga acerca de Cristina Kirchner, a los gritos afirma que “sus causas están armadas”. Para el presidente y profesor Fernández, opinar, prejuzgar o aleccionar sin presentar información de apoyo, “abre la cabeza”. Unidas las piezas de este rompecabezas (cabezas abiertas), se tiene una síntesis práctica de la insustancialidad del discurso político, que apela recurrentemente (en muchos casos de modo inconsciente), a dos principios básicos de la propaganda política, llamados de simplificación y vulgarización.

El de simplificación (mal llamado grieta), consiste en concentrar en una persona o sector culpas, odios y esperanzas (ejemplo: Cristina Kirchner y Mauricio Macri). El de vulgarización se basa en que toda propaganda debe ser popular, por lo que su nivel tiene que adaptarse al menos inteligente de los individuos. Este principio se observa en la subestimación que políticos maduros tienen del electorado joven, pretendiendo captarlo a través de actitudes grotescas y ajenas a sus necesidades y modos de pensar. O peor aún, a la ministra Teresa García recomendando a los jóvenes “que no miren televisión”. Aplicados a nuestra realidad vernácula, estos clásicos principios presentan disociaciones comunicacionales, debido a que las castas políticas (muchas de ellas groseramente enriquecidas), parecieran moverse dentro burbujas sanitarias que entrecruzan mensajes ajenos a las urgencias e intereses de los ciudadanos comunes. A los que se intenta convencer mediante opiniones sesgadas, en lugar de hacerlo con información y argumentación, y con promesas generalizadas que se agotan en diagnósticos, en lugar de formular compromisos explícitos que se plasmen en realidades.   

Durante 60 días, plazo que se extiende desde el 13 de septiembre, ya conocidos los candidatos definitivos tras las PASO, hasta el 12 de noviembre previo a la veda electoral, las castas políticas tendrán una oportunidad para corregir parcialmente estos engaños, ante la incontrastable realidad de que con o sin acuerdo con el FMI, tras la elección se adoptarán medidas que ya están predefinidas y serán de mayor dureza que las vigentes. Por lo que ingenuamente cabe preguntarse porque no se someten dichas medidas a consideración y debate durante la campaña, para que sean legitimadas por el voto mayoritario. Se las aceptará y afrontará si los sacrificios propuestos son equitativos, o se las rechazará si mantienen privilegios que son causales de los llamados “ajustes”, reflejados hoy en más de un 42% de pobreza.

De no seguirse este camino, se repetirán los acuerdos llamados “históricos y patrióticos”, suscritos y validados solo por las castas políticas y corporativas responsables del atraso, con los nefastos resultados ya conocidos.

Buenos Aires, 08 de septiembre 2021

Incubadora de castas políticas

Corea del Norte, Cuba, Venezuela, Nicaragua, son oficialmente Repúblicas, y el cargo de jefe de Estado lo ejerce un presidente temporal elegido por votación directa (sufragio universal), o indirecta (asamblea de dirigentes). Sin embargo dichos países tienen líderes y partidos excluyentes, ausencia o limitaciones de las libertades de prensa y opinión, opositores presos y trabas electorales, por lo que votar no es suficiente para considerase una democracia. En nuestro caso, entender la permanencia por décadas de las mismas castas políticas responsables del atraso del país, implica detenerse en el diseño de la incubadora que posibilita tal fenómeno: el sistema electoral.

Dado que las castas políticas se referencian en personas antes que en partidos, los tradicionales de identidad reconocible y alcance nacional terminan mimetizados con agrupaciones menores de escasa actividad, útiles solo para que quienes las encabezan negocien vía prebendas sus apoyos a coaliciones o frentes igualmente fluctuantes, pero con posibilidades electorales. Esta forma de negociar adhesiones mediante cargos, explica la onerosa y sobredimensionada infraestructura administrativa estatal. Posibilita esta distorsión el ineficiente control ejercido por la Cámara Nacional Electoral, que a julio de este año tiene reconocidos a  45 partidos nacionales (que no abarcan a todas las provincias), y 702 distritales. En paralelo, el sistema electoral es diseñado para que el voto popular no afecte la continuidad de las históricas castas, conteniendo artilugios, anacronismos, distorsiones y adaptaciones legales, como la ley de lemas, las candidaturas testimoniales y las listas espejo entre otras, que no existen en países desarrollados, incluidos limítrofes,

Ya en el 2003, la justicia permitió que el peronismo concurriera a elecciones presidenciales con tres listas bajo distintas denominaciones, encabezadas por Menem, Kirchner y Rodríguez Saá. En el 2009, los candidatos justicialistas testimoniales a diputados por la provincia de Buenos Aires, Kirchner, Scioli y Massa, fueron derrotados por el debutante Francisco De Narváez. Por tal razón, meses más tarde Kirchner pergeñó las PASO, para evitar lo que según él, fue la traición de sus compañeros peronistas. Su mérito reside en que establece un piso mínimo para participar en las elecciones generales, evitando una sobreoferta de candidaturas. Estos mojones, jalonados con históricas denuncias de fraudes en distritos numerosos, indican que uno de los reclamos sociales para las próximas elecciones presidenciales en el 2023, debiera plantear la implementación de la boleta única que contenga a toda la oferta de partidos y candidatos. Usada en gran parte de América latina, permitirá ir desarmando la vigencia de castas y nepotismos, al eliminar la lista “sábana” o cerrada. La Justicia Electoral emitirá una boleta por elector, a ser entregadas en bolsa cerrada solo al presidente de mesa. De este modo no faltarán boletas (la autoridad de mesa las entrega a cada elector); se producirá un fenomenal ahorro en gastos de impresión, y se dificultarán prácticas fraudulentas como el “voto cadena”. El día de los comicios, cada elector marca con cruz o tilde los candidatos de su preferencia, dobla la boleta y la deposita en la urna. Solo con la boleta única de papel el ciudadano es el soberano y puede armar su propio menú de legisladores, en especial en los distritos con mayor número de candidatos, como la ciudad de Buenos Aires, y provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe.

La vulneración del derecho ciudadano a elegir a sus representantes que representa la lista “sábana”, se expone cuando legisladores que asumen a través de una lista completa de su partido, una vez en funciones plantean que la banca es propia y no del partido, permitiendo que oportunistas lo abandonen para conformar mini bloques que nadie votó disfrazados de independientes, pero que les permiten negociar apoyos al oficialismo de turno canjeando prebendas. Los artilugios y/o absurdos patriarcales continúan en la actual campaña: diputados se presenten como candidatos a senadores, pero manteniendo el cargo de diputados si pierden; gobernadores instalados como diputados suplentes para figurar en la lista, pero que no dejarán de ser gobernadores (en Santiago del Estero la foto del gobernador Zamora ocupa más del 50% de la boleta); gobernadores que compiten con sus vicegobernadores (Santa Fe y Tucumán), pero que deberán convivir dos años más en sus cargos; hijos, hijas, esposos, esposas y amigos de la vida de conocidos patriarcas, ocupando lugares en las listas; y una candidata de provincia de Buenos Aires, proclamando que pertenecer a su partido asegura buen sexo. Visto lo cual, a los ciudadanos que no puedan participar de estos entretenimientos, se les recomienda verificar el estado de uso de sus salvavidas para lo que se aproxima.  

Buenos Aires, 01 de septiembre 2021

Supervivencia poselectoral

En una democracia el pueblo no decide ni gobierna sino por medio de sus representantes, con alternancias en las que las continuidades deben ser de políticas virtuosas y no de castas perennes. Como la acción mecánica de votar por sí no asegura legitimidades y calidades institucionales, identificar las causas de la perdurabilidad de las dirigencias responsables será imprescindible para superar nuestra decadencia. Más aún cuando a partir del resultado electoral del 14 de noviembre y la renovación legislativa en diciembre, se adoptarán medidas traumáticas para la sociedad, que desde el rodrigazo en 1975 a la fecha presentan un patrón común: inequidad.

Por tal razón en paralelo con la campaña electoral, los ciudadanos deberán iniciar un entrenamiento de supervivencia poselectoral en busca de una situación inédita: que los aún mayores sacrificios sociales que se implementarán sean acompañados con la desactivación de todos los privilegios políticos y sus derivados. El entrenamiento tiene dos fases: 1) desarmar añejas falacias discursivas clarificando conceptos; 2) lograr consensos ciudadanos para acordar acciones democráticas y pacíficas concretas y comprensibles por todos los sectores sociales, que obliguen a cumplir con el mencionado objetivo de equidad social y esfuerzos compartidos, que por sí solas las privilegiadas castas no encararán. Para no incurrir en direccionamientos de opinión, la técnica discursiva política basada en la relación entre superiores (político pregonando) e inferiores (ciudadano aceptando), deberá reemplazarse por ámbitos de debate coordinados y sin escalones jerárquicos.

En cuanto a falacias discursivas, vale comenzar por dos frases repetidas por políticos y comunicadores para explicar resultados electorales adversos: “la sociedad tiene mala memoria”, y “fue engañada por los medios”. La excusa no es criolla, sino responde a principios propagandísticos de manejo de masas, que sintetizó Hitler en una proclama: “La inteligencia de las masas es pequeña, y grande su capacidad de olvido”. Quienes recrean estos dogmas, encuestadores incluidos, no se preocupan por establecer cómo votan empresarios e intelectuales de buena memoria, rentados y/o beneficiarios del Estado. El famoso psicólogo británico Frederik Bartlett, realizó en la década del 40 un estudio magistral, analizando desde una visión psicológica las técnicas propagandísticas de entonces, vigentes en la actualidad. Destacó que la capacidad de olvido alcanza a todos los niveles sociales, porque los pueblos priorizan avanzar hacia adelante, hacia su posible futuro. Por el contrario, son los dictadores, autócratas y conservadores del poder quienes se referencian en el pasado, y pretenden mimetizarse con símbolos y próceres. Sus discursos monocordes, repetitivos e insustanciales, hablan del pasado, no definen el futuro. Las verdades no las exponen en público, las negocian en trastiendas. Se comprende entonces la pretensión mesiánica de diversas castas, ya no de recordar u homenajear, sino interactuar y mimetizarse con San Martín, Belgrano, Bolívar, Sarmiento, y más cercano, Perón.

Ejemplos discursivos. Sin temor al ridículo, recientemente el presidente Fernández dijo en un acto: “San Martín miraba al país igual que nosotros”. La vicepresidenta Kirchner agregó la obviedad de que “la vida que queremos requiere no de uno sino de muchos períodos de gobierno”. Omitiendo explicitar el objetivo típico de las castas: “gobernando nosotros”. Por su parte Tolosa Paz, candidata del Frente de Todos en provincia de Buenos Aires, invitó a Diego Santilli, su opositor por la lista Juntos, a debatir sobre los miles de puestos de trabajo perdidos durante el macrismo; no es difícil suponer que Santilli requerirá de igual modo que Tolosa Paz explique los miles de puestos de trabajo perdidos durante la gestión del actual gobierno. Ninguno de los dos debatirá respecto a las medidas que se adoptarán a partir del próximo 10 de diciembre. Es más cómodo referirse a las “pesadas herencias recibidas” en el 2015, en el 2019, y luchar para hacerse cargo de la del 2023.

Queda claro entonces que los ciudadanos comunes sin cargos políticos, sean kirchneristas, macristas, peronistas, radicales o independientes, deberán iniciar cuanto antes los ejercicios de supervivencia poselectoral, para que al menos no les vendan una vez más salvavidas en desuso.

Buenos Aires, 25 de agosto 2021

Mensajes enlatados

Los mensajes de las castas dirigentes, en especial durante las campañas electorales, recuerdan a productos enlatados de marcas reconocidas y consumo masivo, publicitados con personajes sonrientes o sufridos que destacan sus beneficios, pero propensos a ser falsificados. Esta metáfora que nos acerca al contenido del discurso político, se transparentó con el conocimiento público de una foto que mostraba a once personas en la quinta de Olivos el 14 de julio del 2020, festejando el cumpleaños de la primera dama junto al presidente, a cuatro meses de que se decretara una cuarentena estricta por la pandemia, que se encontraba vigente.

Los mensajes deben desmenuzarse sin partir de grandilocuencias verbales que intenten convencer desde lo emocional, que es el principio de la propaganda política, sino acudiendo a lo racional. Términos como indignación y escándalo se reservarán solo para quienes perdieron familiares, amigos o trabajos durante la pandemia, no para el análisis político con vista a futuro. A tal fin, el hecho debe evaluarse solo como un detonante dentro de una secuencia. El 19 de marzo de 2019 con motivo de una imprevista pandemia, se estableció por decreto una cuarentena nacional estricta. Días más tarde y ante incumplimientos detectados, en un reportaje televisivo el presidente manifestó: “A los idiotas les digo, la Argentina de los vivos que pasan por sobre los bobos se terminó, si lo entienden bien, sino…”.  El mensaje presenta en origen aspectos semánticos concurrentes: 1) un paternalismo vulgar; 2) el agravio (idiotas); 3) la autocomplacencia (se acabó la época de los vivos); 4) la amenaza (si lo entienden bien, sino…). Este enlatado se mantuvo en el mercado durante quince meses, hasta que se constató la falsificación del mensaje/producto a través de la potencia de una imagen, como en los casos de  López con millones de dólares en un bolso, Báez con millones de dólares en una oficina, y en este caso con el cumpleaños de la primera dama en Olivos. Su difusión sumó otro factor concurrente: el concepto de igualdad entre ciudadanos no rige para las castas, y sus responsabilidades políticas y judiciales en lugar de sancionarse, se debaten entre esgrimas verbales grotescas. Tan acendrado tienen el convencimiento de impunidad, que cuando algunos de sus integrantes son condenados por corruptos, se los nominan perseguidos políticos.

Tampoco cabe el término sorpresa para juzgar el hecho, que como muchos otros, está en concordancia con políticas que crean y mantienen jubilaciones de privilegio; crean ministerios y entes inútiles para negociar adhesiones políticas; cubren cargos públicos con parientes y amigos en lugar de hacerlo por concursos que brinden igualdad de oportunidades; trabajan a tiempo completo para crear y reformular pesadas cargas impositivas disfrazadas de solidarias, patrióticas y excepcionales, y usan todos los resortes del Estado para lograr impunidad en las causas de corrupción que las enriquecieron.

Una vez más se repite la escasa calidad argumentativa del presidente, preocupante no solo por su investidura, sino porque le encanta hablar. Mediante la argumentación se intenta convencer, demostrar, justificar ante otros, sin que ninguna afirmación se imponga por sí misma, ni que asegure verdad, pues pueden ser falacias, como se denominan a las psicológicamente persuasivas pero incorrectas. El requisito es que sea coherentemente presentada, y no presente contradicciones en un plazo de horas o días. Cuando Cristina Kirchner reclamó hace dos meses que los 4.300 millones de dólares que enviará el FMI para paliar efectos de la pandemia no se destinarán a pagar deuda, y afirmar lo contrario recientemente, no representa a la máxima autoridad institucional.

También cabe un mensaje a la oposición, referido a las denuncias. No está en duda que el hecho presidencial amerita sanciones judiciales y políticas, como sucediera con políticos de otros países. Pero es evidente que en nuestro contexto ni unas ni otras serán aplicadas, y mucho menos en el corto plazo. Por lo tanto, para sostener el vulnerado principio de justicia, equidad y saneamiento institucional, es más eficaz que la oposición vuelque todos sus esfuerzos para reclamar a la Corte Suprema y al Consejo de la Magistratura el inicio de los juicios en las causas por corrupción estatal-privada que desde hace dos años tienen designados a los Tribunales Orales y jueces integrantes. Respecto a festejos en Olivos, con la información obrante, discursos del presidente y oportunismos dialécticos, el ciudadano común tiene elementos suficientes para formar su propia opinión.

Buenos Aires, 18 de agosto 2021

Chupetes retóricos

El chupete, usado en los primeros meses de lactancia cumple un rol benéfico, pero prolongado en el tiempo, causa malformaciones físicas y/o psicológicas. Los superficiales y falaces mensajes políticos que abundan en épocas electorales, ya sea en la etapa de internas entre candidatos que compiten dentro de una misma coalición, en la que predomina la individualidad, o en las generales, que se ajustan a estrategias comunicacionales masivas planificadas, actúan como chupetes verbales con consecuencias igualmente dañinas: pobreza, desempleo, desaliento, corrupción.

Para evitar estos perjuicios originados en los mensajes y discursos de las castas políticas, los mismos deberán procesarse con razonamientos críticos y simples, evitando el chupeteo irracional. Por ejemplo, comprender que la engañosa frase/chupete “pesada herencia recibida”, empleada en cambios de gobiernos de distinto signo, debería sustituirse por “obligaciones transferidas”, dado que en una democracia existen continuidades institucionales y administrativas, en las que oficialismos y oposiciones de turno participan con distintos grados de responsabilidad, por lo que unos y otros están en posesión de los datos de base necesarios para comprometer un programa nacional para conducir al país. No en vano en la presente campaña electoral y en plena crisis económica y social, varios dirigentes adelantaron sus deseos de candidatearse como presidente para recibir “la pesada herencia” en el 2023, cosa que no debiera sorprender, porque las herencias públicas gravosas no las afrontan los privilegios políticos, sino los ciudadanos comunes. Si bien la aparente solidez de nuestras castas (léase solidez de castas, no de coaliciones), no hace suponer la aparición de figuras por fuera de estructuras partidarias tradicionales, como sucediera en Chile y Perú, se debería tener presente que las caídas violentas de castas monárquicas y autocráticas ancestrales, como en las revoluciones francesa y bolchevique, entonces sin redes sociales ni trolls, se produjeron por un factor presente en nuestro país: el hambre del pueblo.

Ingresados en la campaña, cabe comenzar con frases de candidatos opositores, que tienen internas atractivas, mientras el oficialismo a mitad de su mandato, intenta reformular el eslogan “Macri, Macri, Macri”. El candidato radical Facundo Manes, en sus primeras declaraciones en la interna bonaerense de Juntos, también mencionó a Macri: “Yo no pertenecí al gobierno de Macri y Vidal”. Lo cual es sabido, como lo es también que se incorporó a la coalición a la que pertenecen los mencionados, en lugar de hacerlo en la coalición gobernante, que integran veteranos políticos de origen radical, como Zamora, Moreau y Ricardo Alfonsín, entre otros. La hibridez discursiva se incrementó cuando Manes expresó que “Cambiemos debería hacer una autocrítica”. Las autocríticas políticas, tanto de Cambiemos o Frente de Todos, se deben reflejar en programas públicos de gobierno virtuosos, coherentes y sostenibles en el mediano y largo plazo, impulsados legislativamente. Caso contrario, parecieran actos mecánicos similares a usar el chupete para que los bebés (los ciudadanos en este caso) dejen de llorar. La propaganda política en una democracia, tenga o no líderes excluyentes, debe priorizar la coherencia de la estructura grupal de apoyo a quienes conducen (racionalidad), por sobre la imagen individual o la frase mágica (emocionalidad, insustancialidad), como si los candidatos y las Coaliciones fueran productos comerciales.

Aporta a este análisis Margarita Stolbizer, que cuando se la consultó respecto a compartir lista con el ex intendente Jesús Cariglino en la interna bonaerense de Juntos, respondió: “No sabía que Cariglino iba a estar en la lista”. Esta confesión merece una aclaración más didáctica. Hasta minutos antes del cierre de presentación, las listas de candidatos sufren modificaciones producto de negociaciones entre diversas mini castas. Por lo que la preocupación de cada candidato no es ver quienes los acompañan o formular consideraciones éticas, sino pelear por una ubicación expectable para ingresar como legislador, trámite que incluye en muchos casos, negociar simultáneamente con otros espacios políticos.   

Los mensajes/chupetes analizados (herencia recibida, autocríticas, yo no tuve que ver, yo no sabía), por ser excusas atemporales usadas por las oportunistas castas políticas, no difieren según las formulen oficialistas u opositores.  Próximamente, se plantearán matices entre unos y otros.  

Buenos Aires, 11 de agosto 2021

Riñas entre castas

Los debates y mensajes cruzados entre las castas políticas se asemejan a riñas familiares, producto de la liquidez institucional y programática causada por expresiones partidarias carentes de identidad sostenible en el tiempo y de líderes excluyentes, que son reemplazadas por coaliciones híbridas con rasgos nepotistas y candidaturas oportunistas, cuyos objetivos son los de obtener y conservar poder. Las adhesiones políticas circunstanciales se obtienen negociando cargos y privilegios, provocando un crecimiento desmesurado de estructuras estatales ineficientes y gravosas.  

Los debates, que a diferencia de la propaganda masiva unidireccional (del emisor a las masas receptoras), son multidireccionales con réplicas y contraréplicas, en lugar de basarse en argumentar en favor de proyectos nacionales superadores, nos sumergen en un patético espectáculo público de frivolidades, acusaciones y escasas verdades. De allí la necesidad de que los ciudadanos desarrollen sus propios análisis críticos, porque en el futuro inmediato los cambios surgirán de las presiones sociales (corrupción, educación, salud), y no de viejos actores políticos. Para ello el objetivo será detectar engaños u omisiones de campaña con efectos nocivos a futuro, obviando los antecedentes de contradicciones y falacias de muchos políticos, ampliamente conocidos por la didáctica tarea cumplida por los medios de comunicación. Asumiendo que lo peculiar de las castas políticas no reside en sus “grietas”, sino en sus similares estrategias discursivas, muchas veces sustentadas en el cinismo (mentir para defender acciones condenables u ocultar intereses sin sentir culpabilidad). En este juego dialéctico, el que gobierna deberá ser juzgado por su gestión, y la oposición por su responsabilidad de presentar alternativas superadoras unívocas, factibles y veraces.

Cabe comenzar con los mensajes del presidente Alberto Fernández, por ser la máxima autoridad institucional y comunicacional. Sus publicitadas y replicadas declaraciones y conductas contradictorias pasadas y presentes, si bien no difieren de las de Cristina Kirchner, Massa o Solá, entre muchos otros tradicionales políticos, sorprenden por su escasa capacidad argumentativa, considerando su actuación como docente en derecho y tradicional declarante en medios públicos. En cuanto a mencionarlo peyorativamente respecto al manejo del poder, se está obviando una novedad institucional inédita: por primera vez la gestión de gobierno no se asociará a una individualidad (Menem, Kirchner o Macri), sino al binomio Alberto Fernández-Cristina Kirchner, dado el innegable rol de la vicepresidenta en la toma de decisiones. Hecho que además desactiva el mito de la poderosa y mágica lapicera presidencial.

Respecto a la oposición, se destaca el neurólogo Facundo Manes, primer candidato a diputado en la interna de “Juntos” en la provincia de Buenos Aires. La intención marketinera de asociarlo con renovación por no provenir de la política, presenta una contradicción que se replica en el “Frente de Todos”: ocupar el primer lugar en una lista legislativa, es por decisión de viejos patriarcas políticos. Decisión que presenta dos riesgos: que la nueva figura actúe según objetivos no renovadores de dichos patriarcas (engaño al votante), o que en base a su fama lo haga según su criterio (riesgo de incoherencia grupal). En sus primeras declaraciones, paradójicamente Manes impactó en el cerebro de veteranos jefes de su coalición, generando un descontrol emocional en cadena. Tras confesar que quiere ser presidente en el 2023, reclamó “que no se usen los impuestos porteños en la campaña electoral” (mensaje dirigido a Rodríguez Larreta, que también quiere ser presidente), y comentó que Elisa Carrió años atrás le había ofrecido acompañarla como vicepresidente, lo que fuera desmentido por Carrió, tildándolo de mentiroso. Si algo faltaba, desde Jujuy el gobernador radical, lavagnista, massista y albertista Gerardo Morales, que también quiere ser presidente bajo el eslogan usado por Alberto Fernández contra Cambiemos “no haría un gobierno de Ceos”, acusó a Larreta de atacar a Manes.

Estas frases y hechos permiten que ciudadanos ajenos a castas políticas inicien el ejercicio reflexivo, en este caso para detectar si Manes se lanzó al debate solo, o está cumpliendo con un libreto que le entregaron viejos patriarcas.     

Buenos Aires, 04 de agosto 2021

Mitos, mentiras y verdades

El cierre de listas legislativas el pasado sábado 24, repitió la escenografía de diversos integrantes de castas políticas pujando fervorosamente por incorporarse a las listas sábanas de legisladores nacionales, provinciales y municipales, en ubicaciones que les permitan concretar sus ambiciones aún en condición de minoría. Obviando debates programáticos, los patriarcas de castas priorizaron la inclusión de familiares directos, amigos de confianza, algunas figuras taquilleras que simulen renovación, y eventualmente premiar a quienes elegidos como “tercera vía”, terminaron adhiriendo al oficialismo con sus votos.

Hasta la elección general del 14 de noviembre, se mantendrán las pujas de poder y privilegios por sobre las urgencias económico-sociales de la población. En contraposición, para el ciudadano este período debería ser óptimo para detectar falacias y contradicciones de los mensajes que se emitirán a través de la propaganda masiva planificada y el discurso político individual. No es difícil si se explicitan principios de una propaganda política masiva. Sus instrumentos (imágenes, discursos, eslogans), deben tener una simplicidad de identidad que permita sea entendida por todos los sectores sociales y educativos. Al respecto Maquiavelo distinguía entre tres cerebros: “el primero discierne por sí; el segundo entiende lo que los otros disciernen, y el tercero no entiende ni discierne lo que otros disciernen”. En la propaganda política moderna los mensajes se dirigen a los tres cerebros simultáneamente, por lo que deben ser simples, muchas veces hasta infantiles. Su complejidad reside en el diseño, que incluye elementos psicológicos y sociológicos, para que actúen sobre la parte emocional de los cerebros, no sobre la racional. Por ello el uso de terminologías basadas en símbolos o conceptos virtuosos, tales como Patria, Justicia, Unión, Juntos, Todos. Otro aspecto a considerar es la instalación de temas, siempre con simplicidad. Es habitual ver manifestantes portando carteles con “No pagar al FMI con hambre”, sin saber porque pagar deudas implica hambre. Pero no se observa tal confluencia y convicción para portar carteles que digan “Basta de corrupción”, pese a que ambos mensajes tienen directa relación. El cerebro menos privilegiado recepta emocionalmente la relación FMI-hambre por su histórica repetición, pero no comprende el término “corrupción” y sus efectos, porque a la política no le interesa instalarlo, sino mantenerla y facilitar impunidades. No en vano este mensaje lo encabezan solo los autoconvocados. A lo expresado se agrega un segundo elemento complementario invalorable, que es el de identificar a los emisores de la propaganda política, sus antecedentes y contexto social, que en este caso son tradicionales y privilegiadas castas políticas insertas en el marco de un pobre sistema institucional.

Con este conocimiento previo, los sortilegios habituales de la propaganda política, basados en mitos, mentiras y verdades, serán más fácilmente detectables. Los mitos son narraciones ancestrales con explicaciones prodigiosas, que con el tiempo adquieren carácter de verdad (algunos lo llaman relato). Las falacias son razonamientos engañosos con apariencia de verdad, que si se las formula  con el fin de engañar, se llaman mentiras. Las verdades surgen de la plena coincidencia entre afirmaciones y hechos.

Sirve como metáfora para que los ciudadanos comunes encaren por sí mismos el ejercicio de detectar mitos, falacias y verdades en los mensajes políticos, un cuento infantil del danés Andersen. A un rey frívolo y preocupado por su vestuario, dos estafadores que simularon ser sastres le vendieron lujosas prendas inexistentes, que según afirmaban tenían la capacidad de ser invisibles para los estúpidos e incapaces. Para no ser considerados como tales, todos en la Corte, incluido el rey, alababan dichos trajes. Para asistir a un desfile los estafadores simularon vestir al rey con uno de ellos, siendo vitoreado por el pueblo, que conocía el sortilegio. Hasta que un niño gritó: el rey va desnudo!

Concluyamos con dos ejercicios preliminares: 1) La supuesta precariedad salarial de los legisladores expresada por la diputada Vallejos, “los diputados argentinos tenemos el salario mucho más bajo de toda la región. Casi que da vergüenza”, se desnudó inconsistente con la desesperación para integrar listas legislativas (verdades). 2) La ministra Vizzotti, tras un año de polémicas y ocultismos, anunció esta semana un acuerdo con el laboratorio norteamericano Pfizer para la provisión en este año de 20 millones de dosis. En este caso, vistos los antecedentes y anunciarse en campaña electoral, el tiempo constatará si el anuncio pertenece a los mitos o a las verdades.

Buenos Aires, 28 de julio 2021

Magnicidios verbales

El magnicidio de personajes políticos o religiosos relevantes, sirve como metáfora para explicar las voces que dan por cerrados los liderazgos y ciclos políticos de ex presidentes, una vez derrotados electoralmente. Muchas de ellas son de justicialistas que afirman nunca haber sido menemistas, o radicales que juran no haber colaborado con la caída de De la Rúa. Por su plena vigencia, cabe reflexionar sobre los casos de Cristina Kirchner y Mauricio Macri, sometidos a planteos que repiten intentos jubilatorios anticipados.

Profundizar acerca de esta práctica puede arrojar enseñanzas. Quienes practican los magnicidios verbales suelen obviar sus responsabilidades en los gobiernos que critican, y lograr objetivos propios vía renunciamientos ajenos. No cualquiera crea agrupaciones políticas consolidadas en el tiempo, ejerce la máxima responsabilidad ejecutiva, y mantiene un importante caudal de votantes propios. En tal sentido, la actual coalición gobernante nacida bajo la frase “con Cristina sola no se gana; pero sin ella tampoco”, permite dos conclusiones: 1) las alianzas basadas en acumular agrupaciones irrelevantes solo para ganar, no sirven para gobernar; 2) quien pese a su mayor caudal de votos no puede liderar, y debe asociarse a dirigentes utilitarios y mediocres para alcanzar el poder, como señalara Natalio Botana, deja de ser líder para transformarse en un jefe potencialmente vulnerable y pendiente de traiciones. Estas anomias se manifiestan cada dos años en el armado de listas legislativas, que semejan al cierre del libro de pases en el fútbol. Muchas adhesiones dependen de cargos públicos, y no de compromisos programáticos explícitos y concretos ante los ciudadanos.  

La desaparición de líderes genuinos o estadistas en sistemas democráticos, no debiera preocupar si se poseen estructuras institucionales virtuosas y sólidas. Ni siquiera hay líderes en Cuba, Venezuela y Nicaragua, sino personajes hereditarios sostenidos por costosos aparatos militares y de seguridad represivos. Tampoco existen en China y Rusia líderes excluyentes, sino quienes encabezan sistemas milenarios de poder concentrado, (emperadores y zares hasta hace un siglo), que poseen un ancestral sustrato cultural que les permite insertarse en variantes capitalistas, con exitosos desarrollos científicos y tecnológicos.

Las coaliciones por su parte, son válidas siempre y cuando se conformen con partidos perdurables y coherentes, como en algunos parlamentarismos europeos (caso Alemania). En nuestro país, por el contrario, al diluirse las identidades del justicialismo y el radicalismo como partidos unívocos en lo programático y con extensión territorial, deben asociarse con agrupaciones minoritarias o testimoniales de actividad nula que se mantienen en estado de hibernación hasta las instancias electorales, para que sus armadores negocien con las castas principales cargos y privilegios, configurando coaliciones inestables y carentes de programas de gobierno explícitos. A lo que se suma absurdos permitidos, como que legisladores ingresados en listas presuntamente opositoras, una vez en ejercicio del cargo las abandonen, y armen bloques “independientes” para negociar nuevas prebendas con el poder. O que procesados por corrupción en y en contra el Estado puedan ejercer cargos públicos relevantes. En esta liquidez política, ni siquiera el comunismo asoma como riesgo, pues nuestros revolucionarios y defensores del pueblo operan desde Puerto Madero, Recoleta y lujosos barrios cerrados. Este es el principal problema argentino, avalado e irresuelto por las castas gobernantes.

Ante la ostensible mediocridad política existente desde hace décadas, es razonable pensar que todo acuerdo y/o consenso que excluyendo impunidades judiciales permitan cambios estructurales con trascendencia a futuro, deben encabezarlo Cristina Kirchner y Mauricio Macri. Ambos ejercieron la máxima responsabilidad institucional, mantienen el mayor caudal de votos, y simbolizan las diferencias llamadas “grietas”. Aunque pareciera irrealizable, históricamente los acuerdos trascendentes en la guerra o en la paz se legitiman suscritos por los reales jefes de los bandos enfrentados, no por los oportunistas o timoratos que quieren reemplazarlos. No es tiempo de entretener a la sociedad con híbridos y falaces debates ideológicos ante el peligro que nos acecha: el caos.

Buenos Aires, 21 de julio 2021

Lenguaje de castas

Tras definir como castas a las dirigencias políticas y corporativas responsables de nuestra decadencia, para explicar su prolongada permanencia  es necesario conocer los instrumentos que utilizan. Ya se mencionó el sistema electoral, armado para limitar el derecho ciudadano a elegir a sus representantes, e internamente condicionar todo intento de renovación política que exceda a la decisión de los jefes de castas. Cabe ahora analizar el discurso político que conecta al poder público con los ciudadanos, no desde la prediseñada masividad de la propaganda, sino desde la singularidad de las expresiones personales. Para ello se adjunta un listado cronológico de frases públicas con sus autores y fechas, para plantearse dos interrogantes: 1) muestran diferencias conceptuales a través del tiempo?; 2) priorizan esclarecer a la sociedad o a las pujas entre castas?

Históricas

“Hay que pasar el invierno” (ministro Alvaro Alsogaray; crisis 1959)

“Hay que sincerar la economía” (ministro Celestino Rodrigo; crisis 1975)

“El que apuesta al dólar pierde” (ministro Lorenzo Sigault; crisis 1981)

“El que depositó dólares recibirá dólares” (presidente Duhalde; crisis 2001/02)

“Primero tenemos que plantearnos el país que queremos” (frase universal de las castas cuando se les pide propuestas concretas)

“Hay que ponerle plata en el bolsillo a la gente” (frase universal de las castas gobernantes durante procesos electorales)

“Vengo a pedir perdón de parte del Estado argentino por la vergüenza de haber callado por veinte años de democracia tantas atrocidades” (Néstor Kirchner el 24 de marzo de 2004). Posdata: perdón Raúl Alfonsín.

Actuales

“Derrotar a la inflación es fácil” (Mauricio Macri en campaña electoral 2015)

“Hay cosas que dan vergüenza del gobierno de Cristina, pero más de Macri” (Felipe Solá; febrero 2019)

“Que Cristina vuelva, pero sin chorros” (Juan Grabois; marzo 2019)

“Si deja Cambiemos, podemos sumar a Lousteau a gran frente contra Larreta” (Mariano Recalde; abril 2019)

“El dólar está totalmente subvaluado” (Alberto Fernández; julio 2019)

“Macri provocó la devaluación” (sindicalista bancario Palazzo; agosto 2019)

“Mauricio Macri tenía un componente mafioso por sus ancestros calabreses” (Cristina Kirchner desde Cuba, marzo 2020)

“Prefiero diez por ciento más de pobres y no cien mil muertos en la Argentina” (Alberto Fernández, reportaje del periodista Fontevecchia; abril 2020)

“La actual conformación de la Corte Suprema está agotada” (Leopoldo Moreau; mayo 2020)

“Lo que nos hace evolucionar o crecer no es el mérito, como nos han hecho creer en los últimos años” (Alberto Fernández; septiembre 2020)

“Veo a Alberto Fernández “grogui” como De la Rúa o yo” (Eduardo Duhalde; septiembre 2020)

“El cepo es sintonía de desequilibrios. No venimos a aguantar, sino a tranquilizar la economía” (ministro Martín Guzmán; septiembre 2020)

“A Bullrich le conozco todas las caras, no puede especular conmigo” (Elisa Carrió; junio 2021)

Tras este breve ejercicio para entender el lenguaje de las castas políticas, vale un consejo del escritor Ray Bradbury acorde a las circunstancias: “Apaguen todo. Patrullen la casa para desconectar los enchufes de la televisión, la radio, el fax y la computadora. Vayan a sentarse al porche con un vaso de vodka con limón, una libreta, un lápiz, y piensen de verdad”

Buenos Aires, 14 de julio 2021