La lapicera mágica

El nexo de la política con la sociedad se produce a través de dos elementos: el discursivo y la realidad. Esta última, aún ante crisis extremas, tiene diversas consecuencias según los contextos en los que se mueve cada individuo; en cambio lo discursivo busca impactar masivamente en todos los sectores sociales por igual, sin segmentaciones culturales. El eslogan “la gente”, por ejemplo, es integrador. Su simplicidad conceptual, que abunda en obviedades, frivolidades y promesas, no varía si el discurso o mensaje se emite ante una multitud en una plaza, o ante un selecto grupo de empresarios en un auditórium; solo cambia el léxico. La grieta en este caso, se genera entre quienes poseen fuentes alternativas y fidedignas de información, y los que sometidos a las urgencias de su subsistencia están resignados a la manipulación. Es para este sector vulnerable que quienes pretendan encarnar un verdadero cambio político-institucional deberán diseñar una política comunicacional que utilice el principio del eslogan político en cuanto a simpleza y propagación masiva, pero transmita conceptos entendibles, formativos y veraces que expliquen falacias y planteen un proyecto de gobierno factible, que tenga medidas explícitas de corto, mediano y largo plazo, pues dada .la escasa credibilidad de las dirigencias políticas, las promesas no generarán confianza.  

Oportunamente se mencionó el uso didáctico que proveen las metáforas y las fábulas, que contienen ejemplos o enseñanzas perdurables para nuestra vida de adultos. Sin embargo la presente mediocridad política utiliza un recurso discursivo que se suponía acotado al mundo infantil: la cautivante fantasía de la magia, donde lo ordinario se convierte en asombroso. La vicepresidenta, integrantes de gabinete, gremialistas y analistas políticos, incorporaron a los objetos emblemáticos para lograr sortilegios, tales como alfombras y lámparas, un nuevo ícono: la lapicera. Sea en actos públicos o intercambios epistolares, se le pide al presidente que use la lapicera, supuestamente por sus propiedades para sacarnos de la grave situación socio-económica, a falta de plan de gobierno. Pero como la magia confronta con maleficios, cada vez que Fernández intenta usarla, desaparecen integrantes de su equipo de confianza.

Esta descripción que supone irónica, refleja en realidad una incapacidad madurativa para conducir al país, y explica la mediocridad discursiva y comunicacional que inevitablemente se traslada a los actos de gobierno y contagia a opositores. Un ejemplo cercano a lo delirante, se dio en el festejo de los 100 años de YPF realizado en Tecnópolis. La vicepresidenta, en su rol de hada, luego de reclamarle nuevamente el uso de la lapicera mágica a su designado presidente, hizo mención a la obra del gasoducto que parte de Vaca Muerta, citandoa la empresa proveedora de caños Techint, y formulando consideraciones técnicas adicionales. Tras cartón se manifestó el ministro Kulfas (un debate apasionante fue el de establecer si lo hizo “en off” o “en on”), y cerraron el circuito legisladores opositores presentando una denuncia por presunta corrupción, que cayó en manos del juez Rafecas. Lo absurdo del caso es que todas las opiniones de los altos funcionarios y legisladores involucrados, con decenas de asesores a su disposición, interpretaron incorrectamente los datos técnicos. El presidente en tanto, tras tachar con su lapicera a Kulfas, se fue a Estados Unidos. La confusión alcanzó tal envergadura, que a ningún oficialista se le ocurrió mencionar a Macri como culpable. Esta omisión no cayó bien en Juntos por el Cambio, que celosos por la amplia cobertura mediática de la trama gasoducto en la etapa de construcción de caños (imaginemos cuando se licite la obra civil), montó un atrapante debate con carta abierta incluida entre Macri y Gerardo Morales, para definir si Hipólito Yrigoyen, fallecido hace 89 años, fue o no populista.

A los políticos se los puede acusar de mediocres, oportunistas, deshonestos, pero jamás de ingenuos, pues en tal condición nunca podrían mantenerse por décadas. Cabe preguntarse entonces si la acumulación de espectáculos absurdos, enfrentamientos y mala praxis es una estrategia de distracción popular en medio de una crisis sin soluciones a la vista. Para intentar formular próximamente una respuesta, se apelará nuevamente a técnicas de la propaganda política, direccionada en este caso a crear confusión para ocultar graves realidades..  

Buenos Aires, 15 de junio 2022

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