Políticos lenguaraces

Las acciones y dichos de dirigencias que permanecen inmutables desde hace décadas, facilitan comprender didácticamente las causas del empobrecimiento mayoritario de los argentinos. Un ejemplo lo brindó el histriónico Sergio Berni, fiel representante del antiguo lenguaraz, que hasta avanzado el siglo XIX tenía el rol de la comunicación entre indios y criollos, siendo caracterizado por el militar y escritor Lucio Mansilla por su memoria para traducir hablando de corrido, una garganta privilegiada, y de ser necesario, ser irrespetuoso, desvergonzado y atrevido.  

Bajo la óptica de que los hechos resonantes con repercusión mediática no deben analizarse aisladamente, sino también por lo que aportan para conocer vicios y virtudes del contexto político general, cabe comentar lo que se inicia en una madrugada de La Matanza con el asesinato del colectivero llamado Daniel Barrientos, tras lo cual sus compañeros de trabajo realizaron un paro y corte en la avenida General Paz reclamando seguridad. De improviso y a cientos de metros del punto de conflicto, sobre la avenida desierta aterrizó un helicóptero del que descendió sin custodia el ministro de Seguridad provincial Berni, quien a paso firme y monopolizando imágenes televisivas, se dirigió hacia el núcleo de protesta ubicado en una especie de “checkpoint Charlie” criollo, que divide provincia y ciudad, por lo cual la tensión cinematográfica era insoportable. Se generaron discusiones, la injustificable agresión al ministro, y su rescate por la policía de la ciudad para trasladarlo al hospital policial Churruca, a fin de evaluar su condición física tras los golpes recibidos. Al salir de la revisión médica, Berni expresó ante los periodistas que lo rodeaban que tuvo un fuerte golpe en el cráneo y una desviación del malar, con la expectativa de una eventual cirugía, lo que suponía que debía guardar reposo. Sin embargo, esa misma noche asistió a un reportaje televisivo, y a primera hora del día siguiente a uno radial, ejercitando su rol de lenguaraz ya no entre indios y criollos, sino entre políticos y ciudadanos. A partir de ese momento la víctima dejó de ser Barrientos, sino funcionarios que afirmaron afrontar oscuras operaciones políticas.

En sus reportajes, hablando de corrido y siendo difícil interrumpirlo, distribuyó variadas culpas y sospechas al expresar: la policía de la ciudad (tuvo ocho heridos), me retiró de la escena a la fuerza; si el ministro Burzaco me llama lo puteo; Patricia Bullrich fogoneó el crimen; el modus operandi del asesinato me parece raro; hubo infiltrados del PRO en la protesta; Aníbal Fernández no manda los gendarmes que le pedí, y miente; la General Paz es jurisdicción de la Capital Federal; yo doy la cara; el gobernador Kicillof entregó hace más de dos años 2.500 millones de pesos a las empresas para poner cámaras en los vehículos (los rostros de los presentes secretario de la UTA Fernández y el ministro de Trabajo D`onofrio se mantuvieron inmutables); nos tiraron un muerto.

Cabe reflexionar acerca de las tres últimas expresiones. 1) “Dar la cara” no se agota en una presencia, pues lo relevante es asumir responsabilidades profesionales e informar fidedigna y coherentemente, en lugar de distribuir histéricamente culpas; 2) En su velocidad verbal los lenguaraces suelen tener deslices, como mencionar los 2.500 millones de pesos entregados hace más de dos años por Kicillof a los empresarios de transporte para instalación de cámaras en los vehículos, sin que nadie conozca su destino. Lo que demuestra que inutilidad y corrupción suelen ir asociados, o bien cabe pensar el pago de coimas para simular inutilidad. 3) la frase “tirar un muerto” no solo es típicamente mafiosa, sino exhibe el escaso valor que los juegos políticos le dan a los dramas de los ciudadanos comunes. Tras las declaraciones de Berni, las víctimas pasaron a ser funcionarios inútiles tratando de eludir responsabilidades, y no Barrientos y su familia.  

Las malas praxis deberían servir para que en la presente campaña electoral la ciudadanía evalúe si se continuarán incorporando en las listas sábanas a quienes carecen de los conocimientos más elementales para legislar y solo votan por acumulación de manos o negocian beneficios personales, y si se continuarán designando en altos cargos políticos de conducción a quienes carecen de la formación específica para desempeñarlos.

Buenos Aires, 12 de marzo 2023